… Y los astros le dieron la espalda

El gobierno sigue practicando la política del avestruz. Mientras hay enfrentamientos en zonas indígenas y se denuncian incluso ataques en hogares humildes, el Presidente almuerza con 140 representantes de comunidades montubias y de la Amazonia. Para que le demuestren apoyo y cariño.

Mientras crece la necesidad de que los militares regresen a los cuarteles para dejar que la sensatez política opere, Ricardo Patiño echa leña al fuego afirmando que lo mejor es profundizar las políticas que conmocionan al país.

Mientras todo el espectro social (incluidos los indígenas) llaman a archivar las enmiendas, Soledad Buendía, asambleísta oficialista, juegaa esconder la bolita: no quieren la reelección indefinida -dice-, solo quieren extender el derecho que tiene Rafael Correa de ser reelegido…

Mientras se extienden las señales de la crisis fiscal, Xavier Lasso visita a Nicolás Maduro; protagonista estelar de la inviabilidad del modelo económico.

El correísmo rehúsa oír. Apuesta a sobrevivir en el poder extremando algunos de los factores que, hasta ahora, le han ayudado. ¿Pero hasta dónde ese juego peligroso es dable? ¿Qué tan viables son los escenarios en que se mueve el Presidente? Un análisis de tres de ellos muestra la necesidad inocultable que tiene de rectificar:

  1. Lo que ha servido, ya no funciona:el correísmo encara la crispación política y social como si fuera un evento pasajero. Correa se aferra al libreto, tradicional en su gobierno, para negar y combatir a sus contradictores: restar importancia a la protesta (son cuatro pelagatos). Vilipendiar a sus protagonistas (indios fracasados, gente aliada a la extrema derecha). Usar la represión más el aparato judicial para criminalizar derechos constitucionales (detenciones, juicios, cárcel, amedrentamientos…). Producir gestos histriónicos para probar que tiene todo bajo control (bailar y cantar mientras la policía hace el trabajo sucio). Incrementar la propaganda y movilizar a todos los asalariados que tiene en los medios gubernamentales para posicionar la verdad oficial (más cadenas, más trolls, más ataques a los medios y a las redes…).

Correa reemplazó en su gobierno la política por la propaganda y la represión selectiva. Esto le funcionó mientras no había suficiente masa crítica y en la calle ponía más seguidores que aquellos que osaban manifestar. Ahora, esa misma propaganda más la represión masiva, en vez de protegerlo, destruyen los imaginarios fantasiosos que él mismo creó. Es claro: el libreto ya no funciona y las circunstancias obligan a Correa a rectificar.

  1. Se juntan crisis política y crisis económica:según el Presidente, no hay de qué preocuparse. Su modelo económico está preparado para tener petróleo a 20 dólares el barril. Eso dijo en marzo. Negó que en su gobierno Ecuador haya vivido la segunda bonanza petrolera de su historia. Se entendió que tener petróleo a cien dólares en promedio, es igual que tener petróleo de 15 dólares o menos. El objetivo era y es evidente: negar que su modelo económico es inviable y endosar la recesión a factores exógenos; no a su irresponsabilidad fiscal.

Correa ha querido soslayar esa crisis que aceleró el distanciamiento de gran parte de la clase media. Ahora pugna por conservar la fidelidad de su base política más popular, construida principalmente con subsidios y bonos. Sin plata y decidido a eternizarse en el poder, resucitó, precisamente para este segmento, la lucha de clases. Imponer impuestos sobre la herencia y la plusvalía. No lo logró y la realidad económica es ahora, con el frenazo de la economía china y el nuevo bajón del precio del petróleo, una bomba de tiempo.

Los recortes presupuestarios que ha hecho no inciden en su contabilidad y los márgenes de maniobra que tenía (más endeudamiento, manipulación de cifras…) lucen totalmente insuficientes para ocultar el hueco fiscal y la recesión. Es evidente que el Presidente no podrá evitar que se junten crisis política y crisis económica. Técnicamente podría morigerar los efectos en la economía. No obstante, la experiencia venezolana (tan presente en este gobierno) prueba que los gobiernos deseosos de eternizarse en el poder, terminan sacrificando la economía a sus imperativos políticos. Nada indica, hasta ahora, que el Presidente esté pensando lo contrario. Pero la crisis económica ahondará, sin lugar a dudas, la crisis política. Correa debe producir correctivos y hacerlo rápidamente.

  1. Las fuerzas del orden; una ventaja de doble filo: golpear las puertas de los cuarteles, como lo hizo el Presidente, ratifica este deseo de encontrar el apoyo que ya no le da el carisma y la popularidad. Al hacerlo, sin embargo, convirtió a los militares –otra vez– en tutores de la democracia en el país.

Policías y militares son constitucionalmente obedientes al poder civil pero, al mismo tiempo, son responsables por la ejecución de las órdenes recibidas. Esa es una razón que milita a favor de la política y en contra de la violencia en el país. Por eso luce fuertemente improbable que militares y policías quieran profundizar el nivel de represión si el gobierno mantiene, como es visible, su tozudez y cerrazón.

Este es el mayor imponderable que tiene el gobierno. Esa es, como lo constató Ricardo Patiño, una de las enormes diferencias que hay entre Venezuela y Ecuador. Chávez convirtió a los militares en la columna vertebral de su partido político. Aquí ha prevalecido la doctrina militar en la cual la población es aliada de la sociedad militar; no sujeto de represión.

El correísmo no pudo asociar a su proyecto las Fuerzas Armadas, en ocho años y medio. Lo intentó. Es difícil que en estos momentos, en que Correa dilapida su capital político como nunca antes lo hizo, logre que la fuerza y no la política lo saque del atolladero.

Estos tres factores indican que el correísmo debe operar, de aquí hasta fines de año, una mutación extrema. ¿Misión imposible para una maquinaria que reemplazó la realidad-real por elucubraciones épicas, generó la mayor opacidad en la administración y convirtió la violencia en una forma de relacionamiento político y social en el país?

Cuando llegó al poder, todo le sonrió al Presidente. Al punto de que él mismo creyó que los astros se habían alineado a su favor. Hoy es claro que los astros le han dado la espalda.

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José Hernández, Ecuador.

Sentido Común, agosto 25, 2015

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