Una lástima y una pérdida de tiempo

Publicado en: Análisis, Populismos, Uruguay | 0

El presidente Mujica fue y volvió de Finlandia. Comprobó una vez más que goza de cierta fama fuera de fronteras, pero no logró lo que pretendía. Es más, fue reprendido por el estado en que se encuentran las rutas del país. No es fácil para una empresa extranjera invertir en un lugar con problemas de infraestructura vial.

El viaje del presidente desconcertó a mucha gente. ¿Para qué fue si el desenlace estaba previsto? Un traslado largo, costoso, cansador, donde casi estuvo más tiempo arriba del avión que en tierra firme.

Todo indica que Mujica hizo un último, desesperado esfuerzo por lograr que la empresa UPM construyera una segunda planta de pasta de celulosa en Uruguay. Tal vez pensó que desplegando su legendario encanto personal, alcanzaría para que los finlandeses se convencieran de que este es un buen destino para invertir. No lo logró.

El presidente es de los que creen que “hablando la gente se entiende” y que con ello es suficiente. No hay que hacer otras cosas que acompañen a su persuasiva labia. Sin embargo la respuesta de UPM fue clara. No están pensando por el momento poner una nueva procesadora en Uruguay y entre otras cosas su reticencia se debe a que el país presenta serios problemas en su infraestructura vial. Para una empresa de esas dimensiones, la inversión que implica levantar desde la nada una nueva planta debería estar compensada con la existencia de buenos caminos que permitan que la materia prima acceda con facilidad y el producto terminado salga con igual facilidad.

Mujica regresó con las manos vacías y un reproche a cuestas. Su buena imagen a nivel internacional y su encanto personal no alcanzaron para revertir la situación. Tal vez solo logró la posibilidad, en un futuro incierto, de una reconsideración.
Como en tantos asuntos referidos a la gestión del presidente, del tema de la infraestructura en rutas, caminos y ferrovías se habló mucho y se hizo poco.

Mujica varias veces hizo referencia al daño que el pesado transporte de carga le hacía a las rutas nacionales. Incluso desde el gobierno se insinuó la tesis de que quien usa las rutas (y las gasta) las paga. Cosa que llamó la atención, dado que en casi todas las rutas nacionales hay peajes, por lo cual ya hoy, de hecho, quienes las están usando pagan al menos una parte de su mantenimiento. A eso se suman otros impuestos y tasas.

Las rutas se gastan, se deterioran, envejecen. Es su proceso natural. Es absurdo pensar que una vez construidas, así quedarán para el resto de la eternidad. El decisivo impulso que tuvo la actividad maderera, con el desarrollo de la forestación y la puesta en marcha de dos planas de pasta de celulosa, puso a prueba esas rutas, más cuando no existe en Uruguay una red ferroviaria capaz de absorber la creciente demanda de transporte de cargas.

El movimiento demostró ser transversal. No todo desemboca en Montevideo, como solía pasar, y por lo tanto a las grandes rutas troncales se suma el uso de otras. La madera sale de las regiones forestadas y se la traslada o a la planta de UPM en Fray Bentos, o también a la nueva planta de Conchillas, en Colonia. Sale además de zonas forestadas alejadas de las grandes rutas y necesita primero usar caminos vecinales más primitivos (lo que obliga asimismo, a un mayor esfuerzo municipal, además de nacional).

De todo esto se conversó mucho durante este lustro. Se conversó, se discutió, se propusieron ideas, pero a estar por lo reclamado desde la sede central de UPM en Finlandia, lo avanzado fue insuficiente.

Incluso hubo propuestas de recurrir al mecanismo de los acuerdos de Participación Público Privada (PPP) para agilizar soluciones y atraer inversiones, tanto para recuperar el funcionamiento ferroviario como para mejorar rutas. El mecanismo, inspirado en un sistema muy desarrollado en el Reino Unido, fue estudiado por expertos del gobierno que estuvieron en Londres para interiorizarse en él, así como vinieron técnicos británicos a Montevideo, sin que haya prosperado mucho.

En alguna ocasión escuché a jerarcas del Ministerio de Transporte y Obras Públicas hacer una defensa autocomplaciente del estado de las rutas. Sin embargo, por bien que estén (y eso está en duda) hay problemas en su trazado. Los pobladores de pequeñas localidades en Colonia se oponen a que los camiones cargados de madera pasen por dentro de sus pueblos cuando van rumbo a la planta de Conchillas.

Y tienen razón. El pasaje de esos enormes semirremolques es una irrupción intolerable. ¿Pero entonces, cómo llegan de un destino a otro, sino hay alternativas? El nuevo movimiento de cargas obliga a apresurar algo que debió hacerse hace tiempo: la construcción de “anillos perimetrales” para que las rutas circunvalen los pueblos y las ciudades, evitando así que un tránsito pesado perturbe la vida de esos lugares y destroce lo que para unos es una ruta, pero para otros es la avenida principal de su localidad.

Esto vale para las pequeñas poblaciones en rutas nacionales no tan cruciales, como para lo que todavía ocurre en las troncales. La doble vía a Colonia, que lleva ya cerca de 25 años de obra y no se concluye, hizo en Ecilda Paullier y Colonia Valdense, el by-pass en una sola dirección, pero no en la otra. Lo cual no tiene mucha lógica. La ruta 5 a Rivera, donde hay intenso movimiento de camiones por ser el Norte una región densamente forestada, pasa por un costado interior de la ciudad de Durazno, donde además el tránsito debe detenerse ante más de un semáforo.

Entonces, por bien que estén las rutas (y no todas lo están) hay problemas que son el resultado de malos trazados y de imprevisión.

Con una actividad agroindustrial intensificada y modernizada, se necesitan buenas conexiones y el país no puede dar respuesta a esas demandas como si estuviera “corriendo de atrás”. Por el contrario, debe adelantarse a ellas y ofrecer soluciones previendo el futuro.

En otras palabras, en lugar de a recibir una reprimenda, Mujica debió ir a Finlandia con claras pruebas de cómo la infraestructura vial se anticipó a inversiones todavía no hechas, para justamente captarlas. Si las razones de UPM para no invertir fueran otras, estas serían más explícitas si no se le dieran coartadas tan fáciles.

Me temo que otra vez el país se enfrenta a una práctica habitual en este gobierno. La de creer que con solo hablar, se arreglan las cosas. Que basta ir al otro extremo del mundo a conversar con UPM, para que automáticamente vengan las inversiones. O que con solo tirar ideas de todo tipo y calibre, las rutas se construirán por sí solas, como por arte de magia.

Ya es tarde para pedirle a este gobierno que se dé un baño de realidad y actúe con eficiencia y sentido práctico. En marzo, un presidente popular y querido, con gran imagen internacional, estará terminando su período sin haber dejado demasiadas cosas hechas.

Una lástima y una pérdida de tiempo.

Por Tomás Linn

AÑO 2014 Nº 1783 – MONTEVIDEO, 25 DE SETIEMBRE AL 1 DE OCTUBRE DE 2014, SEMANARIO BÚSQUEDA

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