Tucumán y la crisis internacional

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Las calamidades que ocurrieron en Tucumán –quema de urnas, palos y gases lacrimógenos contra el público congregado en la plaza Independencia– permiten recordar, a los seguidores de la Historia, las barbaridades de la Década Infame, los años treinta. La democracia entonces estaba quebrada, desecha. Si bien la economía había sorteado en poco tiempo (1930-1932) las peripecias de la gran Depresión que se había iniciado en 1929 arrinconando a todo el sistema capitalista, la política prácticamente no existía. Los momentos electorales eran amañados, donde imperaban los punteros que bajaban línea o presionaban de cualquier manera a la población. Contradicción máxima: economía en estado respetable, frente a política dirigida por unos pocos, arbitrariamente…

Contó Félix Luna en uno de sus libros una anécdota que pinta coloridamente aquellos años. En una elección, en Avellaneda, un hombre entra en el cuarto donde estaban las boletas, va a elegir una y escucha un chistido fuerte, fastidioso y autoritario. No sabe de dónde proviene, de pronto alza la mirada y ve arriba de un ropero alto un hombre acostado, el autor del chistido, con una escopeta que le apunta conminándolo: “Esa no, votá con la que está a tu derecha”. Los conservadores, más allá de sus limitaciones, hicieron bastante obra pública. La mayoría de los caminos fueron trazados y pavimentados por ellos. Son los mismos, angostos, no preparados para los tiempos actuales donde los camiones son cuatro veces más grandes que los circulaban en los ‘30.

Federico Pinedo, que había sido Ministro de Agustín P. Justo preparó un plan para enfrentar las peripecias de la guerra en 1940 que terminó cajoneado en el Parlamento. Se opusieron principalmente sus adversarios radicales. Ese Plan consistía en la reactivación económica en el país. Conciliaba el proceso de industrialización con la economía abierta, proponía incrementar las relaciones comerciales con los Estados Unidos enfrentándose así con los ‘neutralistas’, muchísimos de los cuales simpatizaban con Alemania e Italia, los centros del nazi- fascismo. También revolucionó su Plan cuando sugirió frenar la inflación con una serie de medidas y que el Estado ayudara financieramente a las empresas privadas en tren de sustituir importaciones.

Lo que ocurrió en Tucumán ahora aparece como el producto del cinismo triunfalista del gobierno de Alperovich y su ‘pollo’, el médico millonario (según sus declaraciones de bienes) Juan Manzur. Devoto cristinista, Alperovich no puede ocultar su pasado en una provincia donde todo se sabe. El, junto con su esposa de importante investidura en el Parlamento militaron en el Partido Comunista, luego mutaron en radicales y finalmente recalaron en el peronismo. Un viraje astronómico en el universo del ejercicio de la política. Los dirigentes oficialistas reaccionaron con burla y con alegría. Scioli le pidió a Macri que admita su derrota. Carlos Zannini acusó a la oposición de haber quemado las urnas, y el Jefe de Gabinete Aníbal Fernández (candidato cuestionado para la provincia de Buenos Aires) agregó algo así como que el opositor José Cano inventó la quemazón porque no sabe perder. Hay que agregar lo que consideró Antonio Gandur, titular de la Corte Suprema tucumana: “Las elecciones se realizaron en forma normal; las 42 urnas incendiadas son una insignificancia”.

Lo sugestivo es que los responsables máximos de los principales partidos y organizaciones opositores no han marcado como correspondía el ataque a la democracia con el caso de las urnas quemadas ni cuestionaron de inmediato el proceder policial de considerable voltaje agresivo en la Plaza Independencia, donde estaba una multitud protestando por todo lo ya conocido.

Se esperan resultados muy parecidos a los de Tucumán en las provincias y regiones donde sólo existe el trabajo en el Estado y que son manejadas con estilo arbitrario y feudal. Es lo que puede pasar en Formosa, donde casi 40.000 votantes pagados que viven en Paraguay vendrán a votar con documentos argentinos que sólo usan en las elecciones. Ni pensar en otras provincias con sociedades sojuzgadas por caudillos y dependientes de la ayuda provincial o estatal o de los cargos que remunera el Estado.

A diferencia de los años ‘30 el ritmo económico de estos días es cada vez más complicado. En primer lugar los problemas argentinos, queson graves. Van quedando pocos dólares en poder del Estado. Algunos economistas calculan que pese al gobierno que habla de u$s 33.000 millones como el monto de reservas, las de libre disponibilidad rondan los u$s 16.000 millones. Sólo los importadores deben a sus proveedores del exterior cerca de u$s 8.000 millones. El dólar ‘blue’ sube por esa inestabilidad, por la falta total de confianza. Si el país se queda con poquísimos dólares habrá que devaluar aunque no lo quieran los responsables. Además, Argentina ha perdido mercados de exportación y aquí están paralizados por falta de incentivos. Que lo digan los quebrados productores de Río Negro y los de Mendoza y el Noroeste. La crisis china impacta en los mercados mundiales, las materias primas y el petróleo han presenciado una baja intensa de sus precios. El horizonte en la Argentina no está viendo el sol.

Daniel Muchnik, Socio del CPA.

El Cronista, 27-8-15.

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