Según seleccionemos el pasado, definimos el futuro 

Publicado en: Análisis, Argentina, Populismos | 0

¿Qué haría Sergio Massa si fuera presidente? Es un enigma.

Arrastra una historia importante en el peronismo, que no revisó, con Menem, los Kirchner y hasta Boudou. Su núcleo duro está formado por un grupo de intendentes justicialistas del Gran Buenos Aires, al que viene sumando gente muy variada, como los desilusionados de Carrió y los tránsfugas de Cristina. Hoy mira para adelante y trata de conquistar la opinión opositora, asumiendo todos sus temas.

La Escuela de Gobierno, con Roberto Lavagna, es un proyecto estimable, pero lo bautizaron Instituto Yrigoyen, Perón, Frondizi (YPF). Este nombre, que mira al pasado del país, ayuda a develar algo del enigma de un peronista, que puede resultar un renovador, o simplemente un gatopardista.

Proponer una línea histórica, uniendo tres personajes, se lleva bien con el sentido común de los argentinos.

Estas líneas nunca se caracterizan por el rigor histórico, pero dicen mucho sobre la manera de acomodar el pasado de cada uno, de rescatar y de olvidar.

Entre los presidentes designados por elecciones, Massa excluyó a Menem y los Kirchner, quienes resumen el peronismo en los treinta años de democracia.

¿De quienes más se olvidó? ¿Cuál es el hilo que une a los tres que eligió para su YPF? En un peronista podría suponerse que privilegió la pertenencia a la tradición nacional y popular. La presencia de Yrigoyen y Perón es canónica, pero es muy difícil colocar allí a Frondizi.

Para integrar ese club no basta con proclamar esos principios; es necesario conmover y movilizar a una masa importante, en la plaza y en el comicio.

No fue el caso de Frondizi.

Otro hilo, más evidente, es el de las políticas estatales, los proyectos ambiciosos, ejecutados sistemáticamente, uniendo ideas y gestión. Ese es el propósito de la Escuela. Aquí cuadran bien Perón y Frondizi, pero Yrigoyen está fuera de lugar, por más esfuerzos que se hagan. Don Hipólito gobernó al día, a fuerza de decretos, cuidando ante todo a sus votantes y su formidable máquina electoral. Sobre el final de su primer gobierno creó YPF, pero su desarrollo y consolidación fue obra de Alvear, asociado también con otras modernas políticas estatales. El gran ausente es el general Justo, creador del Banco Central, las Juntas Reguladoras y el Estado interventor y regulador que luego desarrolló Perón. También fue un gran impulsor de YPF, de la construcción de caminos y del reclutamien- to de cuadros de funcionarios estatales expertos, sobre todo ingenieros. Pero la tradición historiográfica nacional y popular los ha repudiado a ambos, y Massa los descartó.

Si se buscara el hilo en la legitimidad democrática originaria, ampliamente satisfecha por Yrigoyen y Perón, otra vez Frondizi queda fuera. Llegó a la presidencia por la proscripción del peronismo y terminó anulando las elecciones de 1962. Aquí los grandes ausentes son Alvear y Alfonsín, y en cierta medida Illia, beneficiario también de la proscripción peronista pero protagonista del esfuerzo más consistente para reincorporarlos a la legalidad política. De modo que la sigla YPF no va por el lado de la democracia.

Examinemos aspectos menos gratos.

A los tres actores de YPF les tocó hacerse cargo de fuertes represiones militares. Yrigoyen, quien creía en las libertades públicas, la toleró en la Semana Trágica de 1919 y en la de 1921 en la Patagonia. Perón fue lisa y llanamente autoritario y casi dictatorial, con el Estado de Guerra Interno y los torturadores de la Sección Especial.

A Frondizi le tocó cargar con el Plan Conintes. En cambio Alvear y Alfonsín están limpios de esa mácula.

Esperemos que el futuro gobierno no enfrente tal disyuntiva ni ensaye ese camino. Pero deberá hacerse cargo de otra cuestión decisiva, no tan lejana de aquella: la reconstrucción de las insti tuciones republicanas. Massa ha dicho cosas impecables al respecto, lo mismo que sus principales asesores. Pero el trío que eligió para su YPF no se caracterizó por la devoción republicana.

Yrigoyen, el más próximo a esa tradición, destrató al Congreso, desconoció a la oposición y declaró que el radicalismo era la expresión de la nación toda. Perón fue más lejos, avanzó fuertemente sobre las instituciones, integró el Movimiento, el Estado y la Nación, y convirtió las Veinte Verdades Peronistas en la Doctrina Nacional.

Frondizi perteneció a la estirpe de los presidentes iluminados y ejecutivos, que menosprecian el debate, las instituciones representativas y hasta su propio partido, la UCRI, sistemáticamente ignorado. Tuvo sus méritos, importantes, pero no fue un gran republicano.

La elección de YPF como emblema de su proyecto político revela las dudas, ambigüedades e inconsistencias de un candidato que por ahora busca apoyos en todos lados. Esto es lógico. Pero me temo que revele una verdad más profunda: en el fondo, Massa y muchos de sus seguidores pertenecen a la gran familia política de quienes asignan poco valor a la república, las instituciones y el estado de derecho.

Sin convicciones claras sobre esas cuestiones, no es fácil poner el empeño necesario para desarmar la tentadora máquina kirchnerista que recibirá el próximo presidente. Por cierto, la Argentina necesita mucho más que convicciones republicanas para poder reconstruirse. Pero sin ley ni instituciones, ninguna otra cosa podrá asentarse firmemente y significar una verdadera renovación.

Luis Alberto Romero, Socio del CPA

Clarín, 25-8-14

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