¿Protestas, revuelta o rebelión?

Joven herido de gravedad en Alhucemas el 20 de julio 2017
Imad El Attabi, joven manifestante (25), herido de gravedad el jueves 20 de julio (2017)

Por Clara Riveros

Alhucemas, ciudad al norte de Marruecos, completa nueve meses de crisis y movilización social. Con el paso del tiempo las protestas se convirtieron en revuelta y ahora amenazan con una rebelión. Los manifestantes constituyen un movimiento pacífico -Movimiento Popular [Hirak Chaabi / Hirak al Rif]- de discurso ambivalente pero, llegados a este punto, la contradicción del Hirak es difícil de ocultar. Primero afirmaron que el movimiento no tenía intereses políticos y después rechazaron que se tratase de una rebelión pese al rumbo que tomaba la revuelta. Sus líderes afirmaron, por un lado, que al movimiento no le interesa la política, que sus reivindicaciones son de tipo socioeconómico, que no están en busca de un cambio de sistema; y, por el otro, han desconocido tanto las vías institucionales como a las autoridades del gobierno central demandando directamente la presencia del Rey como único interlocutor válido.

La situación se degrada y las partes se extralimitan. Es evidente el exceso en el uso de la fuerza por parte de las autoridades pero también es manifiesta la radicalización y el deterioro de la apuesta pacífica del movimiento. La consigna de los manifestantes (20 de julio) lo resume: «Mejor la muerte que la humillación». ¿Es el anuncio de una rebelión? La jornada se saldó con decenas de heridos (policías y manifestantes). Todos marroquíes. ¿Es posible que el Hirak -con influencia y apoyos internos y externos- tenga como estrategia mantener la tensión y el enfrentamiento para lograr aspiraciones políticas que desbordan las demandas sociales y económicas? Académicos e intelectuales marroquíes sugieren que de la etapa de rebeldía pacífica se pudo pasar a una etapa de mayor exigencia revolucionaria para la consecución de objetivos. «Se sabe que unas fuerzas políticas separatistas en el extranjero trabajan para que la situación empeore y que la inestabilidad se convierta en una situación de excepción». ¿Hacia dónde van unos y otros? «El Hirak ya no es Hirak y si se confirma la muerte de un manifestante es probable que se extienda la acción de las fuerzas de seguridad, sin considerar las consecuencias, para neutralizar, frenar o debilitar los síntomas de la rebelión frente al rumbo que tomaron las manifestaciones».

El movimiento que no reivindica, al menos públicamente, intenciones secesionistas ni intereses políticos sino exclusivamente económicos y sociales debería hacer un esfuerzo y dialogar con las autoridades para alcanzar compromisos y fechas en la ejecución y entrega de obras, proyectos e inversiones. Las autoridades no hacen su mejor esfuerzo para gestionar la crisis. Se supone que, tras la reunión con el Rey, hace algunas semanas, las autoridades aceleraron el ritmo de trabajo para el cumplimiento de los proyectos acordados. ¿Por qué los ánimos siguen tan tensos? Los líderes del movimiento que fueron detenidos continúan detenidos, unos con condenas en firme, otros con procesos ante la justicia y hay quienes están en libertad pero han sido intimidados. Además, hay detenidos que se vieron expuestos a torturas y a tratos crueles y degradantes por parte de agentes del Estado. La justicia tiene que ser justa. ¿Qué instancia queda? Las autoridades están obligadas a promover el diálogo, apoyarse en la sociedad civil y buscar mediación y garantes nacionales e internacionales que permitan destrabar y gestionar la crisis de manera efectiva. La prolongación de la situación -incertidumbre e inestabilidad- no solo afecta a los marroquíes dentro de sus fronteras también fuera de ellas por la imagen negativa que se proyecta del país en el exterior, entre otras cosas, restándole atractivo para la inversión -generación de empleos directos e indirectos- que permite que muchos ciudadanos mejoren sus condiciones de vida.

El tiempo de la revolución pasó. Marruecos necesita una sociedad activa y dinámica que se movilice y presione cambios pero abandonar el carácter pacífico tiene un costo muy alto. La movilización pacífica deja de serlo cuando se consideran válidas todas las formas de lucha. No es con demagogia ni populismo de izquierda, religioso o nacionalista que se va a construir un mejor país. Hay acciones que exceden las reivindicaciones sociales y económicas. Muchedumbre desbordada y sin rumbo tampoco es sinónimo de ciudadanía deliberante. ¿Cómo pelear de manera efectiva contra la injusticia y presionar por un Estado de derecho cuando el ciudadano cree que está por encima de la ley? Si el Hirak se decanta por la rebelión no solo va a padecer la violencia del Estado, los marroquíes de otras ciudades -que expresaron solidaridad y simpatía con sus legítimas reivindicaciones- no apoyarán mayoritariamente la deriva del movimiento.

 

  •  Según destacó Morocco World News un manifestante resultó gravemente herido durante la intervención policial del jueves 20 de julio (2017) en Alhucemas. Fuerzas de seguridad trataron de impedir la marcha que había sido prohibida por el gobierno previamente. El manifestante (25) es Imad El Attabi. Fue golpeado en la cabeza y, posteriormente, llevado en helicóptero al hospital militar de Rabat. Algunos medios sugieren que resultó herido durante la “violenta intervención policial”. Autoridades locales dijeron que resultó herido por piedras lanzadas por otros participantes de la manifestación y que se inició una investigación para determinar los hechos. Según autoridades locales 11 manifestantes resultaron heridos y 72 agentes de seguridad sufrieron lesiones, dos de ellos, de gravedad.
  •  ¿Se asemejan las crisis? Algunos columnistas españoles han equiparado la crisis al norte de Marruecos con la de Venezuela y cuestionan si los principales partidos -tienen una doble vara de medir- al exigir la libertad de los presos políticos en Venezuela pero no hacerlo con los detenidos del Rif. Mientras el gobierno de España espera una pronta solución a la crisis del Rif, denuncia la crisis venezolana y demanda -como otros gobiernos del mundo- el restablecimiento de la democracia en ese país. Nótese que, en relación con las protestas del Rif, Podemos le pide a Marruecos que «cumpla con los convenios internacionales y la legislación en materia de derechos humanos que avala el derecho fundamental a la libertad de expresión y manifestación, y que propicie el diálogo», entre otras cuestiones. Pero los líderes de ese movimiento de izquierda –simpatizantes del chavismo y ampliamente conocidos por su afinidad con los populismos latinoamericanos- respaldan la actuación del gobierno venezolano, cuestionan la movilización social y el derecho a protestar de los venezolanos y, lo más llamativo, sostienen que en Venezuela hay democracia y división de poderes. ¿De quién es el doble rasero?
  •  Es evidente que las protestas de Alhucemas no son comparables con las que suceden en Venezuela, por razones de forma y contenido. Las manifestaciones en Venezuela se desarrollan a diario en todo el país -no solo en una ciudad- y los manifestantes se han declarado en rebelión -pacífica y popular- exigiendo el cambio de sistema, el fin de la dictadura y el restablecimiento democrático. El gobierno de Venezuela ha gestionado la crisis con terrorismo de Estado -así lo reconocen organizaciones de derechos humanos- que documentan el uso de la violencia letal como política de Estado para asfixiar a la disidencia. El presidente Nicolás Maduro ha desplegado tanto a fuerzas militares como a milicias armadas además de la connivencia con grupos paramilitares que reprimen, roban y asesinan a los manifestantes. El balance en los primeros 100 días de movilización: 111 personas perdieron la vida -el Ministerio Público reconoció el fallecimiento de 92-; casi cuatro mil arrestos; y, 1500 heridos. Cientos de civiles han sido llevados ante la justicia militar.
  •  Si se trata de comparar diferentes procesos de movilización social, las manifestaciones de Alhucemas tienen en el contenido de sus demandas -reconocidas como aspiraciones legítimas por autoridades, medios y sociedad civil- similitud con las acaecidas en Buenaventura (Colombia) hace algunas semanas. No obstante, en Colombia las protestas -paro cívico- no llegaron a prolongarse por más de cinco semanas aunque las partes (manifestantes y autoridades) se extralimitaron en sus acciones. Los manifestantes provocaron disturbios y saqueos y las autoridades se excedieron en el uso de la fuerza. Luego de esos críticos eventos se alcanzaron acuerdos y fechas para la ejecución y entrega de las obras, proyectos e inversiones. En el diálogo celebrado entre líderes de la comunidad y representantes del gobierno colombiano participaron y asistieron como garantes de los compromisos: organismos de control, autoridades locales, departamentales, la Iglesia Católica y Naciones Unidas.

CPLATAM -Análisis Político en América Latina- 

Julio, 2017

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