Promesas y falsas expectativas

Hay que desconfiar de las grandes promesas, pues siempre llevan encubiertas la mentira y la exageración conscientes. Los que las ofrecen saben que son incumplibles. Algunas de estas: “En 10 años tendremos un nivel de vida superior al de los Estados Unidos” (…) “…convertiremos a Cuba en el país más próspero de América” y “el pueblo de Cuba alcanzará el nivel de vida más alto que ningún país del mundo…” (Fidel Castro, 1962). “…dentro de 15 años podremos ser iguales a Suiza” (Evo Morales, 2007). Pero es cierto que “pocos son los que prefieren la gloria de la nación. Pocos, los que renuncian a ser exaltados como diosezuelos. Poquísimos los que cumplen lo ofrecido e indican, con el ejemplo, cuál es el camino” (Carolina Gómez-Ávila. Promesas desquiciadas | El Universal, Caracas, 19.09.2012).

Los populistas y autócratas, sufren de una incontenible afección por los discursos y las declaraciones altisonantes que luego se transforman en promesas no cumplidas o anuncios equivocados o mentirosos. Krauze, en su conocido “Decálogo del populismo” (El País, Madrid, 1 de noviembre de 2012), dice: “El populista no sólo usa y abusa de la palabra: se apodera de ella. La palabra es el vehículo específico de su carisma. El populista se siente el intérprete supremo de la verdad general y también la agencia de noticias del pueblo. Habla con el público de manera constante, atiza sus pasiones, ‘alumbra el camino’ y hace todo ello sin limitaciones ni intermediarios.”

Es en ese vértigo de discursos y declaraciones, generalmente muy extensos y con claques aplaudidoras, que se revela el demagogo y el autoritario. Oculta desmanes, deforma la realidad y promete cuanto puede sobre cualquier tema. Por supuesto que, como el caudillo cree que es infalible, no admite errores, ni exageraciones, ni confiesa sus embustes.

Las promesas incumplibles, se ponen en evidencia cuando se asoman las crisis. O se dice que estas provienen de designios tenebrosos (entre ellos de los capitalistas e imperialistas) o se procura disminuir su gravedad. Hay dos ejemplos claros: la difícil situación económica de Cuba se debe, según una majadera insistencia, al bloqueo estadounidense, y la dramática carestía de Venezuela a una ‘guerra económica de los empresarios’, supuestos enemigos de la ‘revolución bolivariana’.

La diferencia: algunos se rinden ante la realidad y buscan caminos distintos; otros repiten errores y siguen alentando falsas esperanzas. Corolario: las “verdades” del autoritario siempre se quiebran ante la evidencia.

Marcelo Ostria Trigo
El Deber, (Bolivia). Agosto 26, 2015

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