Nubes negras

Todos los analistas coinciden que nunca antes un proceso con las Farc había llegado tan lejos. Algunos incluso afirman que ya entró en una fase irreversible, en que los costos que tendrían que asumir las partes por pararse de la mesa serían más altos que continuar negociando. Razones hay para tanto optimismo: la cúpula de las Farc se encuentra en La Habana, la intensidad de la guerra se ha reducido a tal punto que el país pareciera ya en postconflicto y el respaldo internacional al proceso se fortalece día a día.

Sin embargo, en el corto plazo se asoman varias nubes negras que van a ser críticas para las negociaciones. Viene ahora el tema de la prisión para los máximos responsables de delitos atroces. Las Farc se han atrincherado en su posición de “cero días de cárceles”, lo que causa su respectiva reacción desde la oposición de derecha, que suma la mitad del país, y una alerta entre las agencias jurídicas internacionales. A fin de cuentas el trabajo de estas agencias es garantizar que se cumplan las normativas sobre el derecho internacional y es muy difícil una exculpación total de las Farc con toda la carga de violaciones a los derechos humanos que pesa sobre sus espaldas.

La solución al tema de la prisión se dificulta, además, porque encierra unos elementos simbólicos muy fuertes para las Farc. Cuando ‘Iván Márquez’ descarta de plano la prisión lo hace bajo el argumento que las Farc se rebelaron en una guerra justa contra el Estado y que ellos antes de ser victimarios fueron víctimas. Aceptar la prisión sería reconocer, por consiguiente, que su causa no fue justa y que el Estado no guarda ninguna culpa en lo acontecido.

El problema es que semejante posición entorpece las salidas alternativas a la prisión. Si no hay una aceptación simbólica del daño causado es imposible que las Farc puedan solucionar su situación ante la justicia internacional mediante el reconocimiento de la verdad y la reparación a las víctimas, lo que aliviaría la presión para que necesariamente tengan que pagar tiempo en prisión.

¿Qué puede hacer el gobierno? La solución más obvia es ceder un poco y reconocer la responsabilidad del Estado en casos emblemáticos de violación de derechos humanos. De hecho, ya ha sucedido. Santos pidió perdón por el asesinato de Manuel Cepeda por ejemplo. Podría continuar con un reconocimiento y una investigación más a fondo de los falsos positivos.

Pero al realizar concesiones en este campo el gobierno abre un flanco vulnerable. Para la oposición encabezada por Uribe es inaceptable que el Estado rebaje su legitimidad ante las Farc así sea solo una fórmula coyuntural para destrabar un proceso de paz muy necesario para el país. Aun así, es de esperar que a medida que el proceso avance y se muestre irreversible el uribismo, ante la presión de la opinión y los votantes, relaje sus posiciones y establezca puentes para legitimar el proceso. Es necesario que lo haga. De lo contrario la paz con las Farc sería de papel, los acuerdos durarían hasta cuando el uribismo vuelva a ganar las elecciones.

Pero una dura condena contra María del Pilar Hurtado, que la obligue a contar de dónde venían las órdenes de chuzar a los magistrados, podría llevar a Uribe a radicalizar su posición. Él no va a aceptar entrar a negociar la legitimidad del proceso sobre la base de un tratamiento como criminal. Si alguna nube negra se asoma en el horizonte es esa.

Gustavo Duncan

El País, (Cali). Marzo 6, 2015

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