No fue sorpresa, pero…

Evo_morales_2_year_bolivia_Joel_AlvarezEl presidente de Bolivia, Evo Morales, reunido con el Encargado de Negocios a. i., de Estados Unidos de América en Bolivia, Peter Brennan, dijo: “Estamos acá para retomar (?) las buenas relaciones con el gobierno de Estados Unidos. Qué mejor que las gestiones que hará nuestro consejero (Brennan, de EEUU) para, en el futuro, reponer las embajadas correspondientes”. No hay duda que ha comenzado un reacercamiento entre ambos gobiernos, hasta ahora separados por profundas discrepancias.

No fue una sorpresa. Si Estados Unidos y Cuba están superando más de medio siglo de enemistad manifiesta, es fácil aceptar que dos países, que no tienen tan larga historia de enfrentamientos, como Estados Unidos y Bolivia, emprendan el mismo camino. La cuestión radica en qué influyó para este viraje del actual gobierno de Bolivia. A todas luces se trata de la influencia de lo sucedido entre Washington y La Habana.

Está claro que ahora va a quedar una oveja negra no redimible: la Venezuela chavista, que ya no está en condiciones de regalar dinero a manos llenas para ganar influencias –innegablemente en Bolivia de este modo tuvo predicamento ostensible– y alinear gobiernos contra Estados Unidos. Hace pocos días, Cuba anunció que reponía visas de ingreso a su territorio a ciudadanos venezolanos, lo que es sugestivo y hace prever un paulatino distanciamiento de los dos países. Los negocios mandan y, para Cuba, es más atractivo estar bien con un país económicamente fuerte que con uno que sufre una crisis sin precedentes.

Debe haber mucha ansiedad y preocupación en el gobierno de Bolivia por la crisis que ya comienza a golpear al país. En efecto, muestra que está resuelto a abandonar su prédica –ciertamente no efectiva– de que los pueblos oprimidos deben unirse para acabar con el imperialismo (estadounidense) y el capitalismo. También debe haber pesado –y mucho– la perspectiva cierta de que, si se mantiene enfrentado al “imperio”, el gobierno se quedaría aislado en el centro de la región.

América Latina está cambiando. El populismo, que fue creciendo en la los pasados quince años está en franca declinación. Venezuela se debate en una crisis desesperante y el presidente ecuatoriano está siendo repudiado al grito de multitudes: “¡Fuera Correa!”

Por supuesto que hay claros intereses para que se haya llegado a este deshielo, que comenzó con la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Se llaman necesidad. Cuba necesita abrirse para salir del estancamiento económico y, la manera de hacerlo, fue pactando con el antiguo enemigo y, por supuesto con concesiones, no tanto internas, sino regionales: un paulatino alejamiento de la intratable Venezuela de Maduro y, por lo que se ve, persuadiendo a otros –como Bolivia– que dejen su estridencia antinorteamericana y vuelvan a la normalidad.

Este es un momento de cambio. Inclusive Brasil, que había crecido espectacularmente en la pasada década y que fue tan permisivo con los populistas, ya sufre una crisis que afecta al gobierno del Partido de los Trabajadores que lidera Lula da Silva. Esto ya ha hundido a la presidente Dilma Rousseff que tiene menos del 8 por ciento de respaldo de la ciudadanía, haciendo que surja la pregunta: ¿Es legítimo un gobierno repudiado por semejante cantidad de ciudadanos?

Sí, América Latina está cambiando. Pero amigarse con Estados Unidos no es suficiente, si sigue la corrupción, la inseguridad, las restricciones a las libertades democráticas, etc., como sucede en Venezuela y otros países del ALBA. La amistad con Estados Unidos es importante, pero es esencial vivir en libertad.

Marcelo Ostria Trigo
El Deber (Bolivia), agosto 12, 2015

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