Nicaragua y la adquisición de material militar proveniente de Rusia

PRESIDENTE DE NICARAGUA, DANIEL ORTEGA

Rusia es un viejo amigo de Nicaragua. Ya había entendimiento durante el primer régimen sandinista (1979-1990) y desde que Daniel Ortega retornó al poder en 2007, Nicaragua y Rusia han fortalecido sus relaciones en todos los campos. En esta nueva fase se construirá en las afueras de Managua un centro de entrenamiento de lucha antidrogas donde se espera preparar a agentes operativos para Centroamérica. Prueba del buen momento y del clima de entendimiento entre los mandatarios fue la visita no anunciada del presidente de Rusia, Vladimir Putin, quien llegó a Nicaragua procedente de La Habana el 11 de julio (2014). En esa oportunidad fue recibido en el aeropuerto internacional de Managua “Augusto C. Sandino” por su homólogo Daniel Ortega, su esposa, Rosario Murillo, y el alto mando militar y policial.

En Nicaragua es poco lo que se sabe sobre la adquisición de armamento ruso debido al secretismo con el que se maneja el  tema. Hasta el mes de julio (2014) la asistencia militar de Rusia a Nicaragua era del tipo no letal: maquinaria de construcción, vehículos de transporte, hospitales de campaña, un centro de destrucción de explosivos, entre otros. A finales de ese mes donaron un simulador de helicópteros y paracaídas, un grupo de artillería antiaéreo de ametralladoras 23 milímetros altamente modernizadas y cañones automáticos Dúplex ZU-23-2 de 23 milímetros, con cadencia de fuego de 600 disparos por minuto y un alcance de 2.5 kilómetros, según precisó el experto nicaragüense en temas de seguridad, Roberto Cajina*. La artillería y los cañones se instalaron en los predios de la Fuerza Aérea, al noreste de Managua. No parece probable el traslado hacia el sur del país, es decir, a la frontera con Costa Rica.

Desde 2013 se advierte el malestar en Costa Rica por la que se considera una amenaza de Rusia a la estabilidad y a la paz regional. En Colombia hay quienes consideran que Nicaragua poco puede hacer militarmente contra Colombia y las peleas se dan en las Cortes, es ahí donde ganan, pero no más allá. En Nicaragua no se cuestiona el poderío militar de Colombia, tampoco se prevé que Nicaragua este interesada en enfrentar a Colombia militarmente. Menos todavía, que Colombia quiera darle la posibilidad a Nicaragua de victimizarse ante la comunidad internacional.

¿Para qué artillería antiaérea y cañones de alto poder si la posibilidad de una guerra convencional interestatal en Centroamérica es prácticamente nula?  

“Puede ser una respuesta indirecta a El Salvador, Honduras y Guatemala que están pujando por establecer quién finalmente se alza con la superioridad aérea en Centroamérica”, Cajina señaló que es un despropósito, “si algo necesita Nicaragua son medios navales y aéreos para el resguardo del mar territorial ampliado en el Caribe que le otorgara la decisión de la CIJ”.

*Roberto Cajina es Consultor Civil en Seguridad, Defensa y Gobernabilidad Democrática. Miembro de la Junta Directiva de RESDAL.

 

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El 31 de julio (2013), el gobierno de Colombia envió a Managua una carta de protesta por “una supuesta oferta de exploración petrolera en aguas colombianas que había sido divulgada en una página oficial del Ejecutivo nicaragüense”. Ese país rechazó el señalamiento, indicó que “se trataba de una web desactualizada”. Para la canciller colombiana, María Ángela Holguín, esa fue una respuesta “inadmisible”.

El jefe del Ejército de Nicaragua, Julio César Avilés, reveló en el mes de agosto (2013), la intención de comprar cuatro navíos y cañones para el control de sus aguas. “Tengan la plena seguridad los nicaragüenses de que estamos vigilando nuestros mares, esos mares amplios que ahora tenemos reivindicados. No hemos parado de ir ahí, no hemos parado de sobrevolar la zona y no hemos parado de navegar con nuestros medios navales”. El ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, respondió al ser consultado sobre el tema: Colombia respeta la soberanía de otros Estados pero que a nadie se le ocurra “meterse en el territorio colombiano”.

Finalizaba octubre (2013) cuando se produjo el paso de dos bombarderos rusos -Tupolev-160 – violando el espacio aéreo colombiano, volaban entre Venezuela y Nicaragua, sin llegar a ser una amenaza para la seguridad nacional de Colombia. El ministro de Defensa precisó que la primera incursión, el 30 de octubre, “causó extrañeza” en el sistema de defensa aérea pero que “simplemente se permitió ese sobrepaso”. Luego, el 1 de noviembre, al ser detectados nuevamente los aviones rusos por los radares de la isla colombiana de San Andrés, la FAC envió dos cazabombarderos Kfir, de fabricación israelí, para interceptarlos. La reacción, en criterio del ministro, “demuestra la capacidad que tiene Colombia para proteger nuestra soberanía”.

En su momento quien expresó su pleno rechazo a lo ocurrido fue el senador colombiano, del partido oficialista, Roy Barreras: “No basta una nota de protesta de la cancillería, hay que advertirle claramente al Gobierno ruso que si vuelven a pasar aviones de guerra sin permiso sobre el espacio colombiano serán derribados”, puntualizó.

Por Clara Riveros, Análisis Político en América Latina

 

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