Negar la realidad, un recurso kirchnerista que vuelve en contra

Cada día más pronunciadamente el  Cristinismo se adentra en la negación de la realidad. No significa que pierda sus fuerzas para hacer daño, pero para sus militantes sólo los “otros”, los que no son ellos, son los responsables de las malas noticias. Típico prejuicio populista. Y los populistas tienen grandes semejanzas, utilizan moldes que aplican según las circunstancias, se copian entre sí. Maduro, a cargo del poder en Venezuela, por ejemplo, no le echa la culpa de los desastres económicos que su gestión produjo a sus funcionarios y a sus pésimas decisiones personales sino a los empresarios y a las confabulaciones externas, llámese Estados Unidos o España.

La Presidente CFK insiste en que son los fondos buitres los que han creado el “clima”  de planteos judiciales y trabas en su camino, que ella supone de rosas. Se enfrenta con las instituciones que representan a la comunidad judía, las acusa de complicidad con los acreedores “malditos” y le abre la puerta al antisemitismo, lo haya pensado de antemano o no. Los fascistas de parabienes.

Se pelea con la Corte Suprema por las advertencias de Ricardo Lorenzetti sobre el crecimiento temible del narcotráfico.  No admite crítica alguna. Para ella, para sus seguidores, estamos fenómeno y el país no se parece al del  2003, cuando el matrimonio asumió el poder. Se olvida que Roberto Lavagna ya  estaba en gestiones y que la administración de Eduardo Duhalde ya había pegado hacía un tiempo una vuelta de timón para que la nación no se estrellara.

Esa negación de la realidad se manifiesta a cada rato. La algarabía de Mariano Recalde y sus seguidores el domingo de elecciones, sin motivo alguno, acompañado el candidato por personajes del Gobierno, demuestra que claridad sobre los hechos no cabe en su mundo. Está claro que la negación es un defecto humano y a nivel individual puede producir heridas profundas, espirituales o materiales. Pero si la negación es colectiva y fomentada por un gobierno, todas las dificultades y padecimientos se agrandan porque los daños son mayores.

No hay motivos para algarabías. La crisis que nos deja este Gobierno es muy seria y complejísima de resolver. Todo candidato que cree que será todo sencillo se estrellará contra dilemas de hierro.

Daniel Muchnik, Socio del CPA

Clarín, 30-4-15

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