Nada personal

Por Daniel Coronell y Álvaro Leyva nos hemos enterado de que tanto Uribe como Santos han apostado por posiciones contradictorias con tal de sacar provecho de la paz. Cuando Uribe quiso adelantar un intercambio humanitario, Santos se le atravesó; como Ministro de Defensa no le quedaba bien. Ahora es Uribe quien se atraviesa, su popularidad se basa en gran parte en ser duro frente a las concesiones del Gobierno.

Al margen de los odios personales entre ambos personajes, las contradicciones no son pura hipocresía. La democracia exige que las partes aprovechen el respaldo o el rechazo popular a una decisión para incrementar su grado de representación de la sociedad. De eso se trata, de interpretar y de canalizar los sentimientos de la gente. Uribe hace lo que cualquier político en la oposición haría: aprovechar el desgaste político del Gobierno. Si Santos estuviera en su situación, haría lo mismo. No importa que el tema sea delicado y del mayor interés para el país.

Lo malo para el proceso de paz es otra cosa. A diferencia de Uribe y Santos, que consideran el respaldo de la sociedad en cualquiera de sus actuaciones, bien sea para sacar provecho o para no conceder ventajas, las Farc sienten un desprecio olímpico por la necesidad de sintonizarse con la opinión de la gente.

Se sabe que es necesario que en una instancia dada el uribismo avale lo que finalmente se acuerde. El ‘sí’ de Uribe es la legitimación del acuerdo por la mitad del país que es reacia al proceso. Por su parte, Santos busca a Uribe no por tener una personalidad conciliadora, sino porque sabe que al proceso le faltará una pata si no cuenta con su respaldo. En algún momento tendrán que transar. La sociedad no les perdonaría, ni en opinión ni en votos, que por sus asuntos personales echen por la borda una decisión tan importante para el país.

Quienes no entienden nada de eso son las Farc. Las concesiones que el Gobierno les hace no son el producto de su capacidad de representar a la sociedad, no alcanzan el margen de error de la muestra (2 por ciento, según Gallup, en septiembre del 2013). La gente aprueba que el Gobierno haga concesiones, pero solo para evitar más violencia innecesaria. Y en vez de lanzar señales para facilitar el respaldo de la población al proceso, las Farc se empecinan en hacer lo que la gente más odia, desde poner trabas y postergar las conversaciones hasta burlarse de las víctimas.

Gustavo Duncan
El Tiempo, 22 de octubre de 2014

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