Mujeres más allá de la geografía (IV​): la búsqueda de la libertad

De la educación, la independencia económica, la igualdad de oportunidades y la lucha por la libertad femenina a pesar de las zancadillas, retos y desafíos que exceden las fronteras. Es el caso de la estudiante paquistaní que estuvo a punto de perder la vida en 2012 por defender la educación femenina.

Malala Yousafzai no solo se salvó sino que celebró su cumpleaños (16) con un discurso ante Naciones Unidas en el que reivindicó la igualdad de oportunidades y la educación.

«El 9 de octubre de 2012, un talibán me disparó en el lado izquierdo de la cabeza; dispararon a mis amigos, también. Pensaban que las balas nos iban a callar, pero fracasaron. Y de ese silencio surgieron miles de voces. Los terroristas pensaban que iban a cambiar mis objetivos y hacerme dejar mis ambiciones. Pero nada ha cambiado en mi vida, excepto esto: la debilidad, el miedo y la desesperanza murieron. Nació la fuerza, el poder, el coraje. Yo soy la misma Malala […]  Libraremos una lucha gloriosa contra el analfabetismo, la pobreza y el terrorismo; tomaremos nuestros libros y lápices porque son armas más poderosas. Un niño, un maestro, un libro y un lápiz pueden cambiar el mundo. La educación es la única solución». Malala (19) sueña, tiene esperanza, lucha, desafía la adversidad y da la pelea para que las mujeres estudien. Se convirtió en la persona más joven en recibir el Premio Nobel de la Paz (2014).

Tatiana El Jeaid Hamade Malala Yousafzai
Tatiana El Jeaid Hamade (38) apuesta a la educación, a la independencia económica y a la igualdad de oportunidades para alcanzar la libertad  / Para Malala Yousafzai (19) «La educación es la única solución».

 

En el extremo norte de Colombia está localizado el departamento de La Guajira, signado durante décadas por escándalos de corrupción política, impunidad, narcotráfico y el accionar de diferentes grupos ilegales. Entre sus habitantes destacan los indígenas wayú –organizados en clanes y con autoridades tribales- y los inmigrantes y descendientes árabes –principalmente libaneses- que constituyen una comunidad hermética en Maicao donde las mujeres trabajan en negocios familiares o de paisanos, se dedican al hogar y a la crianza de los hijos y muy pocas han cursado estudios universitarios. Árabes-musulmanes subrayan su cercanía con los wayú, reconocen coincidencias en algunos hábitos, por ejemplo, en el cuidado, control y vigilancia que se ejerce sobre las mujeres. Religión y tradición no se discuten. La regla es formar un hogar, la excepción es ir a la universidad. El balance: seis mujeres profesionales. La comunidad árabe-musulmana de Maicao llegó a tener más de 5000 habitantes, ahora muy reducida se estima en 1500.

Un profesor de Civilización Islámica de una universidad en Bogotá sugirió que en esa situación intervienen la protección familiar y el consentimiento de las mujeres. «Cuidar a una hija y evitar que se exponga. El estudio no es la única salida para la vida de una mujer. ¿El temor? Enviar a la hija a un lugar en el que no se puede garantizar su seguridad. Hay que entender que es otro estilo de vida y que puede ser diferente al sueño occidental de ver a la mujer formada y con independencia económica. Se vendió esa idea por mucho tiempo en Occidente, la idea de la profesión como felicidad y libertad tampoco es la única verdad. La niña/mujer participa de esa elección. Es otra mirada del mundo. Si las mujeres estuviesen tan inconformes harían algo, una revolución femenina pero, si eso no ha ocurrido, no constituye un problema».

Tatiana El Jeaid Hamade (38) difiere totalmente del académico. Ella fue la excepción al interior de esa comunidad donde prevalecen los roles de madre, esposa y ama de casa. Debió luchar para ser profesional. Su padre, árabe, musulmán y de mente abierta, a diferencia de otros paisanos, fue un apoyo decisivo para la realización personal y profesional de su hija. Ella viajó sola, vivió tres años en Bogotá y cursó estudios de postgrado en psicología. Quiso incidir –desde la educación- en la transformación social y cultural de su comunidad pero fue despedida del Colegio Colombo Árabe Dar el Arkam (Maicao) por su postura respecto a la crianza y educación de los niños. Tatiana no renuncia a la coexistencia entre cultura, tradición, independencia y familia, ahora vive y trabaja en Panamá, orgullosa de sus decisiones, consecuente con sus elecciones. «Si a alguien le debo lo que soy es a mi padre […] y a unos docentes que me mostraron el mundo más allá de mi pueblo».

Clara Riveros, CPLATAM

Marzo, 2017

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