Mujeres más allá de la geografía  (I): libre desarrollo de la personalidad

 

«Transexualidad no es lo mismo que travestismo. El avance de la medicina posibilitó el florecimiento del movimiento y de la identidad transexual. Fármacos, hormonas, procedimientos, cirugías, cátedras. Del reconocimiento cultural a la cuestión biológica y genética. Hoy encontramos niños y niñas transexuales que tienen cuatro y cinco años», sostiene la jurista española Manuela Gómez (58).

Lili Elbe
Lili Elbe, primera transexual reconocida públicamente. [Dinamarca, 1882 -Alemania, 1931]

Lili Elbe fue la primera transexual reconocida públicamente, su historia ha sido recreada en la literatura y en el cine. Antes de ser Lili fue Einar Wegener, pintor danés nacido en 1882. Contrajo matrimonio con la pintora Gerda Wegener (1904) y, posando como modelo para Gerda, pudo explorar su feminidad. Después vinieron las fiestas –a las que con complicidad de su esposa- acudió vestida de mujer. Sintió la necesidad de redefinir su identidad, género, forma de ser y de estar en el mundo.

Incondicionalidad y renuncia. Lili y Gerda se mudaron a París. Lili renunció a su pasado. Tuvo una relación con un pintor francés; deseó ser madre; y, se descubrió intersexual. Transcurría 1930 cuando le extirparon los genitales y consiguió que Dinamarca le expidiese un pasaporte con su nuevo nombre. En el trasplante de útero llegó el final de su vida (1931). Gerda se dedicó a la ilustración erótica femenina y a los retratos para diferentes publicaciones. Vivía en Marruecos cuando Lili murió. Gerda estuvo casada con un diplomático italiano entre 1931 y 1936, retornó a Dinamarca en 1938 y falleció en 1940. Lili eligió su apellido –Elbe- por el río Elba que pasa por Dresde, la ciudad en la que Lili al fin pudo ser. Sobre los 14 meses de su nueva vida, escribió a su hermana: «me han parecido una vida entera y feliz».

Manuela Gómez
Manuela Gómez (58), ciudadana española, mujer transexual, jurista, funcionaria en la Diputación Provincial de Guadalajara (Comunidad autónoma de Castilla-La Mancha, España).

 

«El hombre que yo era ha muerto (…) Si me hubiera llamado Bernardo me hubiera puesto Bernarda en el registro civil. No me hubiera llamado Flor de Lis», afirma Manuela antes Manuel. «Mi identidad transexual fue en una primera fase un género sentido –vehemente inclinación y obsesión por ser mujer- y después biológico».

Nació en un hogar de clase media y de hijos varones. Infancia confundida y adolescencia compleja. Baudelaire, Verlaine y Dostoyevski acompañaron sus días de tribulación. Intersexualidad. Mismidad. «A mi transexualidad le debo ese discurso interno precoz. Una niña y una mujer encerrada en el cuerpo de un hombre. Luego la testosterona empezó a masculinizarme. La crisis ocurrió pasada la pubertad. La persona andrógina empieza a tener facciones y rasgos masculinos». Llegó a la adultez cargada de interrogantes. Doble vida, doble discurso y humor para mantenerse a flote. Manuela reinventó su sexualidad en todas las etapas de su vida. Le gustan las mujeres –desde siempre- pero no los actos varoniles. No sabía cómo ser ese amante que exuda masculinidad. «No tenía que ver nada con la homosexualidad ni con el travestismo. Me casé dos veces. Tuve dos hogares. Llevé una vida de aparente varón».

Manuela ha debido deconstruirse, descubrirse y reconocerse también para el placer, el erotismo y el amor romántico. Su transformación –tratamiento médico y proceso legal- ocurrió a los 52 años. Ejerce su identidad y su ciudadanía con las garantías que brinda un Estado de Derecho aunque a su entorno le tomó un tiempo entender su cambio. «Yo tenía trabajo antes de esto –trabaja con la Diputación Provincial de Guadalajara hace 18 años- y no lo perdí. No he sido discriminada. No soy una víctima de la sociedad. No estoy en situación marginal».

Es incisiva y provocadora. «Para una transexual formada y con desarrollo intelectual considerable los conflictos y preocupaciones son diferentes a los de una transexual en situación marginal o que ejerce la prostitución». Sugiere que el activismo transexual –como otros activismos- puede ambicionar la enajenación de esa primera minoría –el individuo– pretendiendo la uniformidad y el sacrificio de la libertad individual por el interés de grupo, algo que a esta mujer liberal, definitivamente, no le va. Apunta a la tolerancia y al libre desarrollo de la personalidad. Manuela dejó a los poetas malditos, disfruta de la literatura griega clásica, de la poesía medieval española, del ensayo y del pensamiento complejo. Y, sobre todo, prefiere a la gente libre, a la gente que duda.

 

 

Clara Riveros, CPLATAM

Marzo, 2017

 

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