Montevideo y su resignada elección municipal

Días pasados estuve en el Jardín Botánico, un lugar lindo del Prado aunque no demasiado cuidado y ciertamente desatendido. Sí, su frondosa vegetación recibe atención y mantenimiento. Pero poca cosa más. Nada se hizo para mejorar su apariencia y lograr que el paseo sea realmente lindo. Algunos de los senderos de bitumen fueron mejorados, otros tienen baches tan viejos como la historia.
El Jardín Botánico es un parque municipal y evidencia algo que es común a todo lo que cuida la Intendencia de Montevideo: a duras penas se mantiene. No se llega al descuido total pero necesita un recauchutaje urgente e intenso para mostrar su oculto esplendor.
Montevideo es una ciudad desatendida, fea, mal diseñada, poco cuidada. Y lo que es peor, a nadie parece importarle. Es además una ciudad mugrienta, aunque poco gente lo ve, tan anestesiada está. Sin embargo quienes gobernaron la capital durante el último cuarto de siglo van camino a ganar las elecciones otra vez. La gente sabe que hicieron las cosas mal, pero igual los vota. No como premio, sino tal vez por falta de alternativas.
Usaron mal el centímetro y construyeron una de las peores calamidades de la ciudad: el corredor Garzón. Además de ser inútil se transformó en una horrible avenida. Es fea, sí, y no sirve para nada.
El debate electoral toma peculiares caminos que no incluyen la necesidad de realizar muy postergadas obras, menos aún de hacerlas con elegancia y belleza. Hacerlas genera asimismo, empleo y apuntala genuinas política sociales. Ni siquiera los montevideanos desean sentirse orgullos de su ciudad.
En estas semanas las redes recogieron fotos del mal estado en que está el llamado Parque de las Esculturas, al lado del edificio donde funcionó la Presidencia. Creado por Julio Sanguinetti cuando su primer mandato, se plantaron allí árboles nativos que, años después y ya crecidos, convirtieron al espacio en un agradable lugar frondoso. También se emplazaron numerosas obras hechas por escultores uruguayos.
La Presidencia se mudó y el edificio será un hospital de Asse. Nadie tiene claro si ese espacio corresponde entonces a Asse, si continúa en manos de Presidencia o si es jurisdicción municipal. Lo cierto es que el descuido es notorio y el mal estado de muchas de esas esculturas avergüenza.
En las redes, la gente propone trasladar las esculturas a los espacios verdes de la rambla donde suponen estarán mejor cuidadas. La rambla, y solo la rambla, es la parte linda de la ciudad. Lo demás no importa.
Lo ideal sería que la Intendencia tome a su cuidado ese parque, lo restaure, lo cuide y lo incorpore a una zona de la ciudad que a partir de un nuevo centro comercial, la construcción de dos torres de apartamentos y el ensanche de Bulevar Artigas, está en plena y llamativa transformación.
La lista de desaguisados es larga. Sin embargo los temas de campaña no pasan por ahí. Un candidato de la Concertación salió ante cámaras enojado porque la sede municipal estaba cerrada en Semana Santa. ¿Y? ¿Qué hubiera hecho de bueno en caso de estar abierta? Esa, en definitiva, es la pregunta que importa.
Se discute la idea de hacer gratis el boleto para los asalariados. Es un debate sin sentido. O el boleto lo pagamos todos en el momento de viajar, o lo pagamos todos con impuestos. Como sea, no es gratis.
Tal discusión soslaya una más importante: la de mejorar el transporte. Que en cada parada se exponga el horario preciso así los pasajeros saben cuánto deben esperar. Que el servicio sea más ágil. Que haya buses en que los pasajeros mayores, los lesionados, los que tiene dificultades, los niños no tengan que practicar alpinismo para ascender.
Hay mucha obra pública postergada. Los tramos de la avenida Luis Alberto Larrañaga ensanchados fueron sólo los que están frente a los centros comerciales. El abrupto final del ensanche al cruzar Rivera hacia el norte es ridículo e indignante. Y la conexión que rodea el monumento de Herrera, está sin terminar del otro lado de General Flores. ¿Qué pasó? ¿No se hicieron las expropiaciones necesarias? Sin embargo, el ruinoso estado de algunas de esas casas viejas muestra que estaban a la espera de dicha obra. Los centros comerciales pusieron su parte, la Intendencia no: fue tacaña y mezquina.
Los candidatos no logran seducir a los votantes con propuestas que muestren que es posible vivir en una ciudad eficiente, disfrutable, con calidad de vida, con más y mejores plazas que sean buenos pulmones en medio del hormigón, con avenidas bien terminadas iluminadas por elegantes faroles, allí donde los retiros pensados hace más de medio siglo permiten vislumbrar ese atraso atroz en obras públicas. Nadie invita a que los votantes imaginen una ciudad agradable, limpia, cómoda para vivir y que funcione.
El Frente Amplio hará más de lo mismo. Siempre quiso llegar al gobierno municipal capitalino y cuando finalmente lo hizo no logró transformar la ciudad pese a que decía tener los expertos.
La oposición pensó que haciendo su Concertación sumaba votos y con eso ganaba. No se les ocurrió que en realidad debían seducir al electorado y generar una ola de entusiasmo que contagiara y convenciera. Para que todo siga como está, le gente optará por quienes ya están haciendo que todo siga como está. Según las encuestas ese parece ser la actitud predominante.
Diga lo que se diga, a los candidatos de la Concertación los sacaron de la galera a último momento. En los 25 años en que blancos y colorados estuvieron en el llano, no prepararon a nadie, no volcaron a una parte de sus partidos y sus líderes a diseñar una estrategia para ganar Montevideo y transformarla.
Los colorados debieron recurrir a una figura solo conocida en ciertos círculos. Tenían otro candidato en puerta, tampoco el ideal pero con más conocimiento, que a último momento y ante el escaso apoyo optó por irse. Los blancos tenían un dirigente que había recorrido el departamento y estaba decidio a ganar aunque no mostraba tener propuestas claras y seductoras. Aún así conocía el territorio y era conocido. Al final quedó afuera.
Alvaro Garcé es sólido, como lo demuestra su trayectoria profesional. Edgardo Novick es un exitoso empresario que pega duro, es claro y efectista, cosa que las encuestas reflejan. Pero no es suficiente. Se hacen cargo recién ahora de una tarea que debió comenzarse hace años. Como son inteligentes y competentes, talentean bien, pero no se meten en las cuestiones de fondo. En parte porque no tuvieron tiempo de estudiarlas y desarrollarlas. Y en parte porque no hubo detrás un partido que dedicara años a estudiar el departamento, señalar sus áreas problemáticas, marcar prioridades y pautar que medidas de impacto eran necesarias apenas asumieran.
Los frentistas no lo hacen mejor. Lucía Topolansky parece tirar ideas según la velocidad con que se le ocurren, sin ton ni son. Daniel Martínez es más prudente. No delira, tampoco es imaginativo. Quizás por eso, en una campaña sin ideas que seduzcan, a muchos les queda la alternativa de ir a lo prudente, aunque se trate de un opción de pura resignación.
Después claro, vendrán los lamentos y arrepentimientos. Y también las responsabilidades y a cada uno le tocará su cuota parte.

Por Tomás Linn

AÑO 2015 Nº 1813 – MONTEVIDEO,30 DE ABRIL AL 7 DE MAYO. SEMANARIO BÚSQUEDA.

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