México, retos y alternativas de cara al futuro

Publicado en: Análisis, Economía, México | 0

Enrique Peña Nieto asumió como presidente de México el 1 de diciembre de 2012, luego de imponerse a sus oponentes en la contienda electoral del 1 de julio de ese año con el 38.15% de los votos. Su adversario inmediato y en la actualidad férreo opositor, Andrés Manuel López Obrador, logró un 31.64%. Los demás aspirantes obtuvieron porcentajes más modestos. Para su candidatura, Peña Nieto asumió la representación de Compromiso por México una alianza entre el Partido Revolucionario Institucional PRI y el Partido Verde Ecologista de México PVEM.

El 2 de diciembre de 2012 se firmó un gran acuerdo nacional entre las tres principales fuerzas políticas del país, PRI, PAN y PRD, denominado: “Pacto por México”. Las negociaciones para alcanzar el pacto se desarrollaron antes de que Peña Nieto asumiera como presidente, pensando en obtener el apoyo necesario para tramitar las reformas constitucionales y estructurales que fueron gestionadas durante 2013 en temas relacionados con: educación, política fiscal, política energética y política de telecomunicaciones.

Finalizaba 2013, casi a un año de alcanzado el Pacto se presentó la fisura y el punto de quiebre cuando el PRD expresó su inconformidad en el trámite dado a la reforma energética. Sin embargo, las reformas alcanzadas están encaminadas a mejorar la calidad de la educación, la recaudación impositiva, a modificar la política de hidrocarburos para permitir la inversión extranjera en ese sector y a limitar el poder de los empresarios de medios o mejor dicho a garantizar ya no el capitalismo de amigos, sino la competencia, específicamente, en lo que respecta a telefonía móvil y televisión. Estas reformas precisaron mayorías calificadas (2013) para ser aprobadas y para su implementación a partir de leyes secundarias, mayorías simples (2014). Hoy lo que muchos cuestionan es sí esas reformas se están quedando a medio camino, si habrá que moderar las expectativas de aquello que se vendió como el motor de desarrollo para el país en momentos en que la popularidad del presidente ha venido descendiendo y pasó de estar arriba del 40% en 2013 para este año situarse alrededor del 37% con tendencia a la baja.

La semana anterior fue difundido el Índice de Competitividad Global 2014 y México no obtiene los resultados deseados. Perdió seis posiciones, situándose en el lugar 61 entre 144 economías evaluadas. El ranking pone de manifiesto las principales limitaciones del país: la corrupción, la regulación fiscal, burocracia, el crimen, el bajo nivel educativo, entre otros factores que le restan competitividad al país. El año anterior también había descendido pero se ubicaba en la posición 55, según el informe que elabora anualmente el Foro Económico Mundial. Pese al tamaño, al potencial de su economía y a las reformas promovidas, “las condiciones existentes no son suficientes para impulsar un ámbito de negocios conductivo”. “Los resultados muestran que la intención de las reformas adoptadas era beneficiar un incremento en el nivel de competencia y eficiencia en el funcionamiento de los mercados de México; éstos no se han materializado, por lo cual se resalta que una implementación efectiva no puede ser retrasada”.

En el índice se revelan datos lamentables en cuánto al deterioro institucional (lugar 102/144), la afectación del país por temas relacionados con crimen organizado (140/144), costos asociados al crimen y la violencia (135/144), confianza en la policía (128/144), carga en los trámites burocráticos (118/144), la confianza en políticos (114/144), la eficiencia de mercado laboral (121/144), la eficiencia impositiva en el momento de hacer contrataciones (116/144), así como las dificultades para contratar y despedir empleados (103/144) y la poca integración de mujeres al mercado laboral (120/144). En los factores positivos, se destaca el tamaño del mercado (10/144).

Hay medidas que causan un alto impacto social, como la política tributaria en la que se aumentó la tasa impositiva para ciudadanos y empresarios, y que apuntan a la necesidad de una política económica “ortodoxa, responsable y también socialmente sensible”. Pese a las críticas y al escepticismo que suscitan, es apresurado aventurar el fracaso de las reformas estructurales, que de ser llevadas a buen término pueden conducir a México por un buen camino en el liderazgo de la región, lo que sí será decisiva es la fase de implementación y también el manejo económico del país que ha tenido un crecimiento moderado durante 2013 (1.1%) y en lo que va corrido de 2014, pero con mejores perspectivas de cara a 2015.

Otros retos para los años que le quedan a Enrique Peña Nieto al frente del Ejecutivo tienen que ver con un mayor compromiso y mejores resultados en la defensa de los derechos humanos, la educación, la seguridad pública y la institucionalidad del país, la necesidad de hacer eficiente el sistema de justicia que en la actualidad permite que entre 95% y 98% de los delitos denunciados queden en la impunidad. Todos estos son grandes temas que impactan ampliamente en la sociedad y van más allá de ser una simple percepción. México enfrenta grandes retos de cara al futuro, probablemente las necesidades apremiantes sitúan en blanco o en negro la evaluación que se hace de la conducción del país con lo que no puede observarse la escala de grises y en este caso, sólo el tiempo permitirá apreciar sí las reformas pueden convertirse en el motor de desarrollo del país.

Por Clara RIVEROS, para SudAméricaHoy (SAH)
Miércoles 10 de septiembre de 2014

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