Más que eso

El anuncio de un cese unilateral durante un mes es una señal sensata de las Farc que ayuda a oxigenar un proceso en riesgo de agonizar. Sin embargo, se necesita más que eso para que la opinión se vuelva a entusiasmar y para que el cese unilateral no constituya en sí un riesgo para el proceso.

El cese unilateral, aunque es un anuncio que llama al optimismo después de tantas malas noticias desde la Habana, implica para que funcione que el gobierno debe actuar como si existiera un cese bilateral en las condiciones exigidas por las Farc. Si las fuerzas de seguridad del Estado atacan a la guerrilla el cese unilateral es insostenible. Además, el gobierno queda ante la comunidad internacional como quien despreció los gestos de la contraparte.

Si el gobierno decide, por el contrario, frenar la acción militar está permitiendo que las Farc obtengan los beneficios de un cese bilateral sin las condiciones de supervisión de un tercero y de concentración de sus tropas. Las Farc podrán extorsionar, recolectar recursos de las economías ilegales y recuperar sus fuerzas mientras el diálogo continúa sin afanes en La Habana. En esas condiciones más temprano que tarde la opinión pública se volverá en contra del proceso.

Por eso, más importante que el anuncio del cese unilateral fue que las Farc sostuvieran que el cese unilateral es un paso para “la concreción del cese al fuego bilateral y definitivo”. Es decir, reconocen que para materializar un cese bilateral es necesario antes avanzar con los puntos acordados en la mesa de negociación. Y, por consiguiente, renuncian a plantear dentro de la agenda de discusión el tema de un cese bilateral sin concentración de tropas y dejación de armas.

Es un gran paso la inclusión del adjetivo ‘definitivo’ en la declaración de las Farc porque en unas circunstancias donde el tiempo apremia para garantizar la viabilidad del proceso, alargar la agenda es un desperdicio de tiempo peligroso y sin sentido. Lo importante es llegar a un acuerdo en el tema de justicia transicional antes que para Santos sea insostenible prolongar el proceso.

La entrevista de Humberto de la Calle pareciera lanzar un aviso en esa dirección. Anunciar que el proceso está en sus fases finales para materializarse o para levantarse de la mesa es un mensaje contundente a las Farc. La entrevista fue también un mensaje para el resto de la sociedad acerca de las concesiones tan impopulares que habrá que hacer a las Farc.

Es cierto que la lentitud del proceso obedece en su mayor parte a la concepción tan distorsionada que tiene la guerrilla de la realidad política y económica del país y de su verdadera capacidad de representación de sentimientos e intereses sociales. Existe la sensación que el gobierno y la sociedad han sido generosos en su oferta al tratar a las Farc como un contendiente en igualdad de condiciones y al reducir en extremo la asignación de responsabilidades y penas a sus miembros. Pero hay un asunto en que las Farc tienen buenas razones para tomarse su tiempo: en las garantías de cumplimiento de lo acordado.

El tratamiento dado a los paramilitares y los asesinatos de la UP son un precedente nefasto. Una oferta generosa en ese sentido, que blinde los acuerdos y garantice la protección de los desmovilizados, podría destrabar el proceso al dejar a las Farc sin el único argumento real para no acelerar la firma de un acuerdo definitivo.

Gustavo Duncan

El País, (Cali). Julio 10, 2015

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