Más Evo, menos herederos

Transcurría febrero de 2013 cuando el presidente, Evo Morales, cuestionó la iniciativa que tuvo su partido -Movimiento al Socialismo (MAS)- de consultar al Tribunal Constitucional (TC) si era legal o no una tercera candidatura de Morales a la presidencia del país. “Para mí la consulta está por demás, no soy abogado, jurista constitucionalista y por eso, varias veces, dije que si quisiera ir a la reelección no necesito de ninguna consulta o referéndum como plantean algunos”.

El TC avaló la candidatura para un tercer mandato legitimando el argumento del presidente, el primero de sus gobiernos (2006-2010) no contaba porque el país fue refundado en 2009. La carrera por la presidencia dio ventajas al oficialismo, disponía de todos los recursos del Estado para su campaña, frente a una oposición mermada y con posibilidades limitadas que no logró consolidar una propuesta suficientemente atractiva para los electores. El presidente-candidato se negó a debatir con los otros aspirantes. “Nosotros debatimos con el pueblo, qué puedo debatir con los representantes del imperialismo, no tengo nada que debatir”.

Existía consenso, antes y ahora, sobre algunos factores e indicadores que llevarían a un nuevo triunfo de Morales. Además de su interpretación de la Constitución que despejó el camino, su carisma, estilo y el buen momento que atraviesa Bolivia, beneficiada por los altos precios de las materias primas y de los hidrocarburos que han permitido la implementación de políticas redistributivas y algunas medidas asistencialistas. Bolivia es el país con la mayor reducción relativa de pobreza (32,2 puntos), pero también es el de mayor aumento de población vulnerable (16,9 puntos), según PNUD que lo compara con los demás países de América Latina.

El país ha logrado los mejores indicadores económicos en décadas, instituciones como el FMI y el Banco Mundial reconocen sus logros. Morales halló su punto de equilibrio. Entre la retórica antiimperialista y un manejo bastante más pragmático de la economía, podrá hablar de darle “un mazazo al imperio”, pero lo cierto es que hasta el FMI ha tenido palabras de felicitación para Bolivia por su sólido crecimiento económico, 6,5%, en 2013 y 5,4% estimado para este año.

El futuro próximo quizá no sea tan favorable, la desaceleración de la región puede tener una incidencia negativa en el país andino. Expertos vienen señalando que ese modelo de nacionalismo desarrollista de Bolivia, exitoso hasta ahora, no será sostenible en el largo plazo.

En ese país de voto obligatorio, casi 6 millones de bolivianos fueron convocados a las urnas el domingo pasado para elegir presidente y vicepresidente, pero también, legisladores y miembros del Parlamento Andino. El sistema electoral en Bolivia es complejo, Marcelo Ostria ex diplomático y columnista de diferentes diarios del país lo describió en los siguientes términos: “El sistema es mixto. Los senadores reciben, en su jurisdicción departamental, los mismos votos del candidato a presidente de su partido. Los diputados llamados plurinominales, son electos de la misma forma. Hay otros diputados, llamados uninominales, que son elegidos por el voto popular directo en cada una de las circunscripciones electorales que generalmente abarca una provincia”.

Tras la jornada electoral, todos debieron conformarse con los resultados de las encuestas a pie de urna. El Tribunal Supremo Electoral (TSE) debía entregar el 70% del escrutinio hacia la medianoche del domingo, esa noche apenas reportó un boletín con un 2,89% del escrutinio total. El lunes, reinó el silencio. El martes, alcanzaba un 42,56%. El miércoles, llegó al 90,08% pero la cifra bajó al 70%. El jueves, el TSE admitió errores en el proceso de cómputo por las “malas sumas”.

Evo Morales se impuso con 59,88% de los votos. Los otros candidatos: Samuel Doria Medina, empresario, con un 25,07%; Jorge Quiroga, expresidente (2001-2002), con un 9,44%; Juan del Granado, exalcalde de La Paz con 2,81%; y, el líder indígena Fernando Vargas, con un 2,79%. Los retrasos en el recuento de los votos generaron malestar no sólo en los candidatos y en la oposición, también en amplios sectores de la población. Hubo múltiples denuncias de irregularidades y fraude. El papel del TSE ha sido deficiente. Un 40% del electorado quiere un cambio. La oposición anunció su fiscalización a la gestión presidencial, así como un arduo trabajo para evitar que Morales llegue a perpetuarse en el poder.

La victoria de Evo Morales es incontestable, pero no obtuvo el porcentaje esperado. En 2005 había obtenido 54% de los votos, fue reelegido con el 64% en 2009 y esta vez logró el 60% cuando él había fijado su triunfo arriba del 70%. El mandato popular le permitirá gobernar hasta 2020 acompañado por Álvaro García Linera como vicepresidente, completarán, en ese momento, 14 años en el poder.

Morales triunfó en ocho de nueve departamentos, sólo Beni le fue esquivo. Allí obtuvo un 42% frente a un 50,8% de Samuel Doria. Esta vez, hasta Santa Cruz antes en su mayoría opositora, le dio la victoria al MAS con 48,55% mientras que Samuel Doria alcanzó 40,19%.

Analistas han descrito lo ocurrido debido al giro de Morales. La diferencia de estas elecciones respecto a las anteriores es que parte del electorado que lo votó no sólo son movimientos populares e indígenas, también hay un creciente sector de la derecha, de las élites tradicionales, clases medias, altas y el empresariado, especialmente en Santa Cruz. Electores que antes se oponían por temor o rechazo, esta vez lo votaron. Han visto cómo pese al discurso a veces incendiario del mandatario, el país no transita hacia el Socialismo del siglo XXI.

Evo Morales proclamó su nueva conquista el domingo en horas de la noche. Sus amigos y homólogos se apresuraron a saludarlo. Morales, exultante, celebró su victoria, la dedicó a Hugo Chávez, a Fidel Castro y a todos los gobiernos “antiimperialistas” y “anticapitalistas” del mundo. El presidente concedió entrevistas y declaraciones, algunas notables: “No entiendo que haya presidentes que digan que son socialistas y estén al servicio del capitalista”, dijo en una de ellas.

Evo Morales arrojó algunas ideas de cómo evadir procedimientos legales y atraer la inversión. Aa Carlos Villegas Quiroga, presidente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) le recomendó: “Es importante la parte legal (…) pero cuando estamos sometidos a una legalidad estarías con las manos amarradas, de verdad yo (en) pequeños y medianos proyectos le meto aunque sea ilegal, después los legalistas que (lo) legalicen. Sólo esté seguro que no están robando, métalo compañero Carlos (Villegas) por qué hay que tener miedo, hay que cerrar la inversión y así hay resultado”.

El Presidente aseguró que “por ahora no” está pensando en una nueva reelección. El principal problema de Morales en ese sentido, es él, debido al carácter personalista de su movimiento no se encuentran, todavía, relevos que puedan constituirse en una opción alternativa a su figura. El líder boliviano mantendrá, en la nueva gestión, su posición respecto a la Alianza del Pacífico. “Los presidentes de la Alianza del Pacífico son lacayos del imperialismo”.

Bolivia es un modelo de “autoritarismo competitivo”, se identifican las “malas prácticas que “inclinan la cancha” y que hacen que cualquier proceso electoral deje de ser legítimo, equitativo, transparente, limpio y libre”. Flavia Freidenberg enfatiza que “no se trata ahora de establecer parámetros dicotómicos (como los de fraude vs. no fraude) sino de evaluar la calidad de las elecciones como una variable continua en diferentes dimensiones”. No basta con la celebración periódica de elecciones, una democracia sólida requiere mecanismos, formas, procedimientos, garantías, división de poderes, alternancia, instituciones fuertes e independientes, partidos políticos más allá de movimientos de culto a un líder. Hay quienes hablan de la mutación del mandatario boliviano, lo ven conservador y girando hacia la derecha, muchos lo siguen considerando de izquierda progresista, otros concederán que no es lo uno, ni lo otro. Tal vez, un poco de ambas cosas y también populista.

Por Clara RIVEROS, para SudAméricaHoy (SAH)

Jueves 16 de octubre de 2014

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