MARCHA VERDE: LOS SECRETOS DE UNA EPOPEYA

Por Bilal Mousjid y Jassim Ahdani*

Traducción: Sara Kassir 

Instigadores, tomadores de decisiones políticas, testigos clave, nos dicen cómo Hassan II organizó esta aventura patriótica.

Ciudadanos marroquíes durante la Marcha Verde en la frontera española del Sahara

 

El 16 de octubre del año 1975, la sede de la Radio televisión marroquí en Rabat está en ebullición. Tras la emisión del veredicto de la Corte Internacional de Justicia sobre la cuestión del Sahara, los periodistas esperan afanosamente la reacción de Hassan II. «Ocupaba el cargo de redacción en la televisión, me habían dicho que me enviarían un comunicado que tendría que reiterar muchas veces al día», nos recuerda Mohamed Seddik Maâninou, periodista en aquel entonces en la televisión nacional e invitado por el rey para cubrir las actividades ligadas a la Marcha Verde. El contenido del comunicado: «Su majestad se dirigirá a la nación esta misma tarde a partir de las 20h». A fin de preparar los espíritus a un evento sin precedente, Hassan II hace un adelanto para mantener el suspenso: «Hemos pedido que el director de televisión [Bennani Kouider, ndlr] cancelase la programación para difundir tan solo las canciones patrióticas», relata Maâninou, testigo de la escena. A mil leguas de adivinar el propósito del discurso, los periodistas, desamparados, especulan: «En la redacción, todo el mundo se preguntaba sobre lo que iba a pronunciar. Luego, empezaron a preguntarse si iba a aparecer con un uniforme militar, lo cual significará nítidamente que el discurso abarca un anuncio militar. Si la indumentaria es civil, será todo lo contrario», nos declara el mismo, autor de “Ayam Zaman” (Los días de antes), libro de memorias cuyos capítulos (la mayoría) son dedicados a la Marcha Verde. Golpe de efecto: el monarca anuncia la organización de una marcha gigante que tiene por objetivo recuperar el Sahara, creando de hecho situaciones sorprendentes, confusión y escepticismo se apoderaron de muchos espíritus.

Ciudadanos marroquíes durante la Marcha Verde en la frontera española del Sahara

Marcha Verde y no madura

Expulsar a los españoles, que ocupan el Sahara a lo largo de casi un siglo, movilizando un ejército de 350.000 hombres y mujeres llevando banderas y coranes… A la vista del mismo, el hallazgo da de que sonreír. Además los periodistas lo disfrutan al máximo: «How do they expect 350.000 Moroccans to progress, from Goulimine and Tarfaya onwards? On camel hump?» «¿Cómo espera que los 350.000 Marroquíes avancen de Guelmim y Tarfaya? ¿A lomos de camellos?», ridiculiza el más serio The New York Times en el periodo posterior al anuncio de la Marcha Verde hecho por Hassan II. Los medios de comunicación argelinos no decían otra cosa: «Es un engaño de parte de un rey que perdió todas sus cartas». En pocas palabras, raras son las personas que dan crédito al anuncio de Hassan II. Sin embargo, eso era sin contar con la astucia del difunto rey, que lo planeó todo de la manera más discreta posible. «Se le ocurrió la idea de una Marcha justo meses antes de que lanzase su anuncio en la televisión, aunque realmente tuvo que volverse atrás, pensando que tal vez fuera un fracaso. Luego, alrededor de la tercera semana del mes de agosto, tomó definitivamente la decisión de organizarla», nos cuenta Seddik Maâninou.

Discreto y solitario, Hassan II no quería dejar nada a la casualidad. «En un momento dado, el rey se ausentó a lo largo de dos o tres meses, como lo solía hacer para todos los acontecimientos importantes, para preparar la Marcha Verde», nos explica Ahmed Osman, primer ministro en aquel momento y cuñado del antiguo jefe del Estado. Mientras tanto, Hassan II convoca a tres coroneles (del ejército de tierra, de la marina y del aire), que contaban con la confianza del rey; Mohamed Achahbar, Abdelaziz Bennai y Mohamed Ziati, «los hizo entrar en una habitación insonorizada en el palacio real, pidiéndoles que presten juramento para guardar el secreto. ¡Os podéis imaginar cómo estaban angustiados!», sonríe Mohamed Seddik Maâninou. El juramento ya está prestado, los huéspedes de Hassan II están invitados a cumplir una misión: garantizar los alimentos y el transporte de más de cien mil marroquíes, a miles de kilómetros de sus ciudades y aldeas. Queda terminantemente prohibida en las bocas de los confidentes del rey la palabra «marcha» que fue reemplazada por el código «Fath » (Conquista), refiriéndose a la aleya del Corán.

Tras la propulsión de los tres coroneles mas tarde guardias generales, llegó el turno a los gobernantes. «Casi tres semanas más tarde, en el mes de ramadán, el ministro de Interior Mohamed Benhima, ndlr] convocó en su casa a los gobernantes con el orden del día normal. Terminado el ftour (ruptura del ayuno), les puso en un autocar sin que hubiera explicación alguna», recuerda el autor de Ayam Zaman. «Vamos a visitar a Zidna», tal como soltó mas tarde el ministro de Interior: llegados al palacio real, todos los gobernantes prestan juramento ante Hassan II antes de que les confiasen sus misiones, ordenándoles que eviten cualquier comunicación sea por fax o por teléfono. Los asistentes acatan incondicionalmente: «lo que os estoy contando es un asunto de la nación. Traicionarla os conducirá a la más dura sanción», amenazaba Hassan II, según el testimonio que un gobernante relata en el libro del mismísimo Seddik Maâninou. La marcha adopta discretamente su forma… carpas, banderas, coranes y ocho mil camiones que solo esperan el pistoletazo de arranque.

Por orden de Hassan II, Ahmed Osman, primer ministro y cuñado del monarca, está a cargo de guiar a las tropas durante la Marcha Verde

Lo importante es la izquierda

Para que la Marcha Verde sea todo un éxito sin combate ni resistencia, Hassan II necesita «serviles» a su servicio, pero también a sus adversarios políticos. Gran estratega, procura adherir a su causa a sus adversarios antes de que los demás se enterasen de ello. De ese modo, y antes de anunciar la marcha con grandes fanfarrias, el ministro de Estado encargado de los Asuntos Exteriores, convoca al palacio real a los líderes de ambos partidos que no cesaban de cruzar espadas con Hassan II, M’hamed Boucetta y Abderrahim Bouabid. «Pero ¿qué pasa, por qué nos ha convocado?», se repetían los dos hombres, tal como nos lo cuenta Seddik Maâninou sobre la fe de un testimonio del difunto M’hamed Boucetta. «Llegados al palacio real, fueron conducidos al sótano, a una sala insonorizada. Tenían que plantearse un sinfín de cuestiones, cuenta con diversión el ex redactor jefe de la televisión nacional. Y aun las personas más cercanas al rey no sabían nada al respecto».

En Ayam Zaman, el antiguo presidente del Istiqlal [partido de la independencia] recuerda con nostalgia la conversación con Hassan II: «Os voy a revelar un secreto que he compartido con seis o siete personas, de los cuales formo parte. Estoy preparando un asunto de gran envergadura. Ya es tiempo de recuperar nuestros territorios perdidos, más particularmente el Sahara de entre las manos de los españoles». El instigador de la marcha saca inmediatamente un pedazo de papel en el cual escribió con su puño y letra un juramento que sus huéspedes tenían que repetir. «Necesito vuestra ayuda a escala nacional e internacional», les dice el difunto monarca. Si Boucetta parece convencido, no es el caso de Abderrahim Bouabid, que piensa que tal vez una marcha pacífica pueda tornarse en algo violento, sobre todo de parte de España. Hassan II replica: «evitaré cualquier confrontación, sin embargo hemos de elegir un camino predeterminado ejerciendo una presión muy fuerte». Ambos hombres se mostraron dedicados a sus ocupaciones sin soltar ni una prenda sobre «el entendimiento» a su entorno. «Personalmente, no estaba al tanto. Y es natural que Bouabid haya guardado el secreto», nos declara Fathallah Oualalou, otro pez gordo del partido de la rosa, además recuerda: «No obstante, Bouabid tenía pensado otro camino, el de crear un movimiento de liberación nacional. Quería intervenir mediante el combate, se trataba de un combate patriótico».  Además, el 12 de octubre de 1975, cuatro días antes de que Hassan II anuncie la Marcha Verde, la USFP [partido de izquierda] tenía su origen en un comunicado llamando nuevamente a la necesidad «de crear un órgano popular de defensa armada dirigida por los ex combatientes del ejército de liberación nacional con miras a llevar el combate para recuperar el Sahara». El 16 de octubre, recuerda Mohamed Seddik Maâninou en sus memorias, el periódico oficial del partido Al Mouharir omitirá el discurso real, hasta el punto de llamar a «una guerra popular». Aunque realmente Abderrahim acabará uniéndose a la causa de Hassan II llamando a sus tropas a unirse a la marcha. «En aquel momento, los españoles querían crear un Estado, una idea antes que nada franquista. Franco estaba agonizando, lo cual constituyó una situación provechosa para Hassan II. La idea de la Marcha Verde fue genial. Había que hacer esto u olvidar de una vez el Sahara», nos explica Fathallah Oulalou, que explica en «La izquierda europea y la cuestión del Sahara» la posición tomada por su partido respecto al Sahara.

El 25 de octubre de 1975, participantes de la Marcha Verde salen del campamento de Aït Melloul

He venido a deciros que ya me voy

Según Mohamed Seddik Maâninoun, el ejecutivo es el último en ser informado de la citada marcha concebida en completa discreción. El 5 de octubre, el rey hizo irrupción en una reunión de ministros que seguía un orden del día ordinario. «Se cerraron las puertas. De repente, el rey sorprende a su primer ministro y a los demás ministros pidiéndoles que hagan un juramento», describe Mohamed Seddik Maâninou en sus memorias. «Les dijo: organizo una Marcha Verde. Los que no consideran apropiado seguirme son libres, no los recriminaré, ya pueden marcharse. Salió a fumar un cigarrillo y al regresar, Osman le dijo: «Su Majestad, estamos con usted, es muy buena idea», nos explica el periodista por teléfono. En el libro de Maâninou, Ahmed Osman rebobina: «me levanté para expresar a su majestad, con voz conmovida, que el gobierno apoya totalmente la iniciativa real inspirada en una determinación encomiable, lo que nos recuerda los acontecimientos históricos más grandes, en primer lugar la Marcha del santo Profeta hacia la Meca». ¿El cuñado del rey ignoraba entonces todo lo relativo a la idea de la marcha? En realidad, no ha sido así. «Estaba al tanto», le dijo Osman a TelQuel por vía telefónica. Prosiguió después el ex primer ministro: «Nos conocimos en el colegio real y me mantuvo con él. Nos veíamos noche y día. Me hablaba de todo».

El 23 de octubre de 1975 en Marrakech, soldados marroquíes preparan el cargamento de agua para la Marcha Verde

Osman, adelante

El 16 de octubre, el soberano ya había anunciado en su famoso discurso que iniciaría oficialmente la partida de la marcha hacia el Sahara, invitando a marroquíes a escarmentar de la experiencia. «Formaré parte de los primeros en inscribirse en las listas de voluntarios, me siento tan orgulloso de tener mi tarjeta electoral que lo seré todavía más al poseer la de voluntario para la marcha, con miras a recuperar el Sahara», decía él mismo. El 5 de noviembre, tomó un giro inesperado: «nuestro deseo, el más anhelado, ha sido tomar las riendas de esta marcha pacífica. Sin embargo, el deber de un jefe se limita a nunca dejar su puesto de comandante, para velar por la ejecución de sus órdenes y estar en permanente contacto con todas las provincias del Reino», explicaba la víspera de la marcha. Hassan II se conformará entonces con hacer seguimiento de la operación desde el palacio real.  «Lo visité en medio de la noche, junto a otras personas, para convencerlo de no exponerse como dirigente de la marcha. De todas maneras, era su arquitecto», nos explicita Ahmed Osman. De este modo, el rey encomienda al primer ministro la tarea de liderar la tropa. «El 6 de noviembre, precisamente a las 10h32min, como expresó el rey, me pidió comenzar la marcha, dijo: «En nombre de Dios que todo lo puede, Osman adelante», recuerda con emoción el cuñado de Hassan II. ¿Algo simbólico se está escondiendo detrás de esta hora en particular? Ahmed Osman lo desconoce.

El Mahjoubi Aherdane y Hosni Benslimane durante la Marcha Verde

Cuidado con los gorilas

«Mis fuentes de información se agotan en Tarfaya». Recuerda Seddik Maâninou. Ex director de la SNRT y corresponsal de la RTM en aquella ocasión. A diferencia de la radio de Laâyoune que está bajo control español y de la radio de Argel con su enlace en Tinduf, las ondas de la RTM llegaban difícilmente a la región. Los transistores evocaban la propagación de epidemias en los campos cuya carencia de alimentos acarreaba tensiones entre los marroquíes, decididos a dar vuelta atrás. Los medios internacionales tenían también los ojos puestos en lo que pasaba en el Sahara. «Aquí estaban para ver la sangre. Esperaban una matanza» tal como lo recuerda Brouksy. Esperando la «matanza», los rumores estaban por todas partes en el campamento. El más célebre fue aquel indicando que el rey recurrió a muchos jefes de Estados africanos amigos para importar monos que, soltados en las fronteras, valieran de protección en los campos minados. «Un joven voluntario me afirmó que había visto con sus propios ojos cajones que contienen monos» nos cuenta Seddik Maâninou en el segundo tomo de sus memorias «Ayam Zamane». Es que la información la recibieron enviados especiales, que se apresuraron a contarla sin ningún tipo de comprobación. «Eran patrañas, retomadas por periódicos serios como Le Monde», critica Maâninou.

El 29 de octubre de 1975, voluntarios marroquíes esperan la partida a la frontera española en el campamento de Tarfaya

«La Luna», nombre dado a Hassan II

«Todo transcurrió sin incidentes. Juan Carlos [España] expresó su admiración por la manera en que se desarrolló la marcha», nos declara el ex primer ministro de Hassan II. Un estribillo que repetían a cada momento los panegiristas. Una equivocación. «Mientras que el personal de tierra del Interior estaba en Tata para seguir el flujo del tráfico, en el mismo momento en que estaba alojado en la casa del gobernador, se produjo un incidente aéreo con un helicóptero. Hosni Benslimane bajó antes de que una flema británica nos anunciase que soldados habían caído. Se puso en marcha para llevar los cuerpos al hospital militar», cuenta en su libro Lahcen Brouksy, piedra angular de la Marcha Verde y hombre de confianza de Basri. Otro incidente habría podido acarrear un nuevo incidente diplomático. «Aherdane, que trabajó incesablemente en vista de las elecciones, me increpó: ‘Mis amigos, ex combatientes saharauis me enseñaron que los españoles que se encuentran en Tah, dejaron sus papeles en los cajones de sus oficinas’. No era mi papel, cruzar la frontera y acarrear un incidente diplomático. Pero en estos tiempos, las pasiones eran más fuertes que la razón», nos dice Brouksy, que había pedido en aquel entonces a Hamidou Laânigri que un equipo de gendarmes le prestase apoyo y ayuda. De ese modo, se negó categóricamente a las órdenes del oficial que decía que «solo se permite responder a las órdenes de su jerarquía». Entonces, nuestro hombre, acompañado de un comisario, corta las alambradas y se apodera de los documentos que envía inmediatamente al restaurante de la Mamounia, convertida en Cuartel General para las necesidades de la causa, y a «La Luna», nombre dado a Hassan II por los coordinadores de la marcha. ¿El contenido de los documentos? «Una lista de supletorios, que todavía no pude hojear», escribe Brousky. Él cuenta el gesto de un joven celoso que «estuvo a punto de acarrearle problemas a Marruecos ante la ONU. Plantó la bandera nacional en el edificio de Tah [municipalidad del Sahara, ndlr]. Lo que demostró que Marruecos entró con fuerza al territorio del Sáhara». ¡Qué mala suerte! Al acecho, un periodista americano filma la escena «que iba a circular por todo el mundo», nos cuenta Brousky. ¡Arde que arde! Los marchantes, bajo el efecto tanto de la emoción como de la ira, le arrancaron su cámara al periodista.

El 12 de noviembre de 1975, un voluntario marroquí blandió la bandera del Reino en la frontera española del Sahara. El territorio pasará a administración marroquí dos días después.

Vámonos, hijos de la patria

«Con el anuncio de la Marcha Verde, la euforia se adueñó de casi la mitad del personal, lo cual les dio más de una razón para participar, a riesgo de perder sus cargos». Testificó Rochdi El Bouab, que era entonces dueño de Mövenpick de Tánger. Euforia que, llevada a su paroxismo, pudo hasta poner fin a relaciones de pareja. «En una tarde, una mujer de Tafilalt dio luz a una hija que registró bajo nombre de ‘Massira’ (Marcha). Esta joven quería formar parte, absolutamente de los marchantes. Lo que empujó a su marido a divorciarse de ella», escribe Lahcen Brouksy en su libro. No obstante, pese a la desdicha algo es bueno. Informado acerca de la desventura de la madre joven, Hassan II ordenó que le presentáramos a la niña que lanzó su primer grito en Tarfaya. «Como indicó el protocolo real. Pero he aquí, sin motivo aparente, el general Moulay Hafid opinaba todo lo contrario y propuso otra candidatura. Resistí a este chanchullo», recuerda el ex Teniente de Driss Basri, que esperaba a que Hassan II le diera una medalla. «Tras haber concedido las medallas, SM el rey alza la voz: tráiganme a ‘Massira’». El difunto monarca coge entonces al bebe entre sus brazos, según lo que relata Brouksy. «Le dio un beso en la boca a la niña, que iba a ser adoptada y educada en el palacio», detalla el antiguo coordinador de la Massira.

Boumédiène: insultos, corte de manga e histeria

Horas después del discurso de Hassan II anunciando la Marcha Verde, el fundador del Nouvel Observateur Jean Daniel se encontró con el presidente argelino Houari Boumédiène al que tenía que entrevistar. De dicha coincidencia histórica, nuestros colegas de Médias 24 reportaron la sustanciosa médula gracias a una entrevista llevada por el periodista Guy Sitbon con el célebre hombre de prensa, y publicada en su página web en julio de 2013. Jean Daniel interpela al presidente argelino sobre el tema caliente, la Marcha Verde. «No oculta su cólera, sino que la exterioriza de manera muy brutal», cuenta Jean Daniel a Médias 24. Su maestro hasta que aparece Hassan II en la televisión pronunciando su discurso. «Ahí, la cara de Boumédiène se transformó. Una mezcla de sonrisa nerviosa y furia apretó su rostro. Al cabo de un rato, el rey empieza a hablar de Argelia con un tono conciliador y amistoso. El presidente le lanza, en árabe, un insulto y (…) Avanza su brazo derecho y le hace un magistral corte de manga. Como un delincuente de Bab El Oued», cuenta Jean Daniel, estupefacto tras haber visto un a un jefe de Estado tan austero convertirse en un «joven travieso dispuesto a todo» y de manera sorprendente, el editorialista del Observateur ve a Boumédiène levantarse de su silla y ponerse a «saltar de un modo extraño. Un poco histérico (…) se agitaba, como si hubiera perdido el control». Además de los insultos que soltó a chorros atacando a Hassan II: «no era más que un torrente de invectivas a un nivel insostenible de grosería, de obscenidad, de vulgaridad». Luego, el presidente argelino se desbordó de furia: «Seguido de amenazas. Hassan II no irá al cielo. No sabe lo que le espera. Argelia no va a negociar». Más de cuarenta años después de la Marcha Verde, a juzgar por la rigidez de Argelia en el tema del Sahara, Boumédiène cumplió su promesa.

El rechazo de Hassan II a Muamar el Gadafi

La Marcha Verde constituyó asimismo un hecho memorable en los informes entre Hassan II y el «Hermano Líder» quien deseó participar. En la recopilación de entrevistas hechas con el periodista Eric Laurent en La Mémoire d’un roi, el soberano respalda: «mientras hacia los últimos retoques para los preparativos de la marcha, Gadafi me mandó un telegrama oficial en el cual me declaró: como revolucionario, estoy a mil por ciento con ustedes, quiero encabezar una delegación de Libia y enfrentar a nuestros enemigos comunes, los colonizadores». El soberano no respondió a la auto invitación del coronel. Durante su encuentro con Hassan II en Oujda en 1984, Gadafi pidió explicaciones sobre estas excepciones de inadmisibilidad. Respuesta de Hassan II reportada en La Mémoire d’un roi: «escúcheme, querido amigo, le voy a plantear una pregunta y quiero que me responda francamente: cuando di órdenes a los 350.000 marchantes de dar la vuelta, ¿habría obedecido? Gadafi me contestó de inmediato: No, no habría vuelto a casa. Le dije entonces: era preferible que no participase en la Marcha Verde, ¿me ve poniéndole entre dos gendarmes para que le lleven a la frontera?». Dado el carácter imprevisible de Gadafi, Hassan II agrega que evitó así un incidente diplomático de magnitud.

 

*Bilal Mousjid y Jassim Ahdani son periodistas en el semanario marroquí TELQUEL

 

El artículo fue publicado originalmente en francés en la edición impresa de TELQUEL N° 786. Del 10 al 16 de noviembre de 2017. Páginas 44-52. Fotografías: TELQUEL.

 

Artículo traducido al español para  CPLATAM -Análisis Político en América Latina- por Sara Kassir

Enero, 2018

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