Marcela Aguiñaga: usted no responde por su sumisión

Señora,

Responde usted a un bloguero. Qué curioso: se desplaza usted a esta zona donde todavía no tienen jurisdicción los tribunales de la inquisición que su gobierno creó. El texto que impugna no lo publicaría ningún diario por las represalias que tomarían usted y su gobierno. Eso hace parte del progreso de la libertad de expresión. Lo anoto al paso y sin esperanza alguna de que usted procese lo que esto significa para la esfera pública en el país. Ustedes han sufrido una merma ontológica en estos ocho años de poder.

Fíjese usted: este blog la felicitó por su sinceridad, usted responde y eso suscita este otro texto. ¿Es usted consciente de que este intercambio –tan natural como necesario– se realiza en una zona que escapa, por ahora, a los tribunales de la inquisición de los cuales también usted es responsable?

  1. En el análisis que usted impugna se habla del mecanismo que usted y sus amigos han encontrado para sobrevivir en sus cargos. Y lo que les cuesta (cerrar los ojos y la boca) para seguir ahí. Usted responde aludiendo a la historia del Ecuador en la cual, según usted, el poder político “se ha sometido a intereses de diverso tipo”. Evade usted, Señora, el tema que se hilvanó alrededor de sus palabras. No responde sobre su sumisión y la de sus amigos a Rafael Correa. ¿Aludir, así en general, a la indigencia de los políticos del pasado repara las miserias de la política y los políticos en su gobierno?
  1. Usted pregunta qué hicimos los que hoy ponemos de relieve sus palabras. La política es usted. Debiera conocer, Señora, la historia del periodismo nacional. Es penoso que pretenda disfrazar su ignorancia ocultándose tras la manida retórica de su gobierno: hablar de la partidocracia, volverla un espantapájaros y, a su sombra, fabricar a su antojo biografías e itinerarios profesionales. Sería grotesco que los periodistas tuviéramos que recitar nuestra hoja de vida ante ustedes, para escribir sobre el poder (de ustedes). Hemos escrito siempre, Señora, y de la misma forma que lo estamos haciendo sobre su gobierno. La ignorancia debiera inspirar cierto recato.
  1. Usted ahora escribe: “Soy y seré sumisa a los intereses del pueblo ecuatoriano”. ¡Gran frase, Señora! De esas que se recitan en las tarimas blandiendo banderas y cantando con los Quilapayún. Talleyrand decía que “todo lo que es exagerado, es insignificante”. Los periodistas no hacen concursos de lemas con los políticos. Ustedes en Alianza País confunden la retórica rimbombante con el debate de ideas. Y en esa retórica incluyen frases chispeantes destinadas, como dice Roberto Aguilar, “a convertir un debate de ideas en un torneo de ocurrencias ingeniosas y salidas por las ramas”. En el análisis impugnado hay ideas. Usted las evade y las responde con un eslogan ampuloso.
  1. Usted es tan predecible, Señora, como la inmensa mayoría de dirigentes de Alianza País. Hasta viejos amigos de su movimiento (amigos de izquierda y usted no lo es) encaran hoy los debates en la forma que el Presidente les ha señalado: descalificando al interlocutor. Usted me convierte en un odiador. Es un término que ustedes inventaron y si hay alguna carrera en ese campo, deben ser ustedes los que otorgan los diplomas. No me presento como periodista, Señora: soy periodista. No un odiador, como usted dice. Y un periodista es un demócrata por antonomasia porque está condenado a comprobar, cada día, que las sociedades están conformadas por personas diferentes. Y felices de serlo. Un periodista que acepte un sistema que quiere imponer una verdad –una sola– pues es un propagandista. Usted dice que soy “un odiador de (su) proyecto político”. Dejémoslo en que soy un periodista. Eso incluye ser crítico. Si cambia de adjetivo –odiador por crítico– pues usted tiene la razón. La vuelvo a felicitar, entonces, porque, además de sincera, usted es lúcida (en ese punto).
  2. Atentamente,

José Hernández, Ecuador.

Sentido Común, mayo 18, 2015.

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