Manual no autorizado de la mentira oficial

Publicado en: Análisis, Ecuador, Populismos | 0

Tras ocho años, el correísmo ha demostrado que su mayor problema es lidiar con la realidad. La niega, la oculta, la fabrica, cambia los mecanismos para medirla, la nombra de otra forma, da otro significado a las palabras… En ese proceso, acaba de dar un paso más: prohibir que sean exhibidas las piezas documentales que ellos producen.

Prohibir videos. Documentos. Discursos. Claro, María José Carrión, asambleísta del correísmo, no dijo prohibir. Ella, como sus amigos, ahora es experta en eufemismos, en circunloquios. Ella dijo regular a propósito de la intervención en la Asamblea de Cynthia Viteri. Regular también dijo Mauro Andino cuando preparaba la ley mordaza y los tribunales de la inquisición para la prensa. Dijo regular cuando debía haber dicho destruir el periodismo, perseguir periodistas y medios, aniquilar voces disidentes.

No obstante, el correísmo ha elaborado antídotos para que la irrealidad que produce no niegue las odas que se dedica. También en ese capítulo es generoso consigo mismo. He aquí un manual no oficial e incompleto de cómo se construye la verdad oficial:

  1. Dividir la historia en dos: antes de Rafael Correa, nada. Después de Rafael Correa, la nada. Este ejercicio les faculta a nombrar todo de nuevo. Se trata de volver al inicio, a la creación, erigiéndose en propietarios y administradores del Edén. Nombrar las cosas les permite resignificarlas. Nombrar el mundo les habilita a elaborar piezas retóricas que pintan un presente extraordinario y un futuro radioso. Sin ellos, no había sino oscuridad (larga y triste noche neoliberal); con ellos, la historia llegó a su verdadero destino.
  1. Alinear todo según la necesidad: el correísmo funciona como una maquinaria hemipléjica condenada a producir las imágenes de la imagen que se hace de sí mismo. La realidad-real torna en tautología virtual. Usando una metáfora que Lacan no aprobaría, el correísmo resuelve el camino sin fin del deseo: libera a Sísifo de su condena, haciendo que todo sea posible… en el lenguaje. La realidad es lo que dice de sí. La realidad ya no está en los hechos sino en los discursos. En las sabatinas, ruedas de prensa, entrevistas, declaraciones y hasta en los tuits oficiales del Presidente. Correa hace posible los deseos… poco importa si solo es en el imaginario.
  1. Convertir el líder en ícono de la realidad: él no solo es el líder, el proceso, el guía, el ejemplo, el referente, la revolución, el único recurso, el derrotero, el salvador supremo, el héroe… Es el cedazo que filtra la realidad-real y la muta en realidad mitómana. Él es el oráculo. La realidad-real queda a merced de sus designios. Él la interpreta. La cambia. La delimita. Él es la verdad única y nunca miente. La sicología proyectiva es su fuerte: endosa a sus adversarios (para él enemigos) lo que él es y piensa.
  1. Transformar la realidad en un acto de fe: la lógica formal pasó, como Montesquieu, a mejor vida. La realidad-real ya no es el terreno demostrable, medible, sujeto a conclusiones que guardan sindéresis con las premisas. Ahora es un acto de fe. Si el poder dice que La justicia es independiente, que ya No hay corrupción o queun golpe de Estado está en camino pues da por sentado que no necesita probarlo. El líder exige confianza y lealtad. Y su aparato de propaganda hace el resto: catequiza.
  1. Legitimar el discurso con diplomas: Correa alude sin cese a sus diplomas como una herramienta para apabullar al contrincante. Él es –modestia aparte– quien más sabe de economía: los otros son contadores… Él usa los diplomas para legitimar la realidad que crea. Pasea ante la ciudadanía sus estudios en el exterior y la presencia de tecnocrátas en su gobierno, mientras recurre a explicaciones maniqueas y cínicas sobre sus políticas. No usa el conocimiento para  procesar en su complejidad la realidad: lo usa como biombo tras el cual su mensaje es elocuente: yo sé, tú no.
  1. Crear tribunales contra los impíos: Correa sigue el libreto. Sus inquisidores imponen, como sea, la verdad oficial. Antes mandaban cartas a los medios de comunicación para publicar su verdad. Ahora ese aparato mesfistofelico prescinde de los hechos y dispone, a su antojo, de todos los medios (los de su imperio mediático y los independientes) para sacramentar la mentira oficial. No solo la hace valer. Diseña las rectificaciones. Las ilustra. Las titula. Dispone el espacio que los diarios deben darle y el tiempo que quiere ocupar en radio y televisión. Los medios, amenazados por multas astronómicas, tienen que negar los hechos que han investigado. Las mentiras oficiales llegan listas, como productos llave en mano, a los medios. Es tan perfecta la infamia que articuló Mauro Andino, que algunos en su entorno sueñan con aplicar esa ley mordaza a los asambleístas.
  1. Trucar las cifras: ¿Cuántos coeficientes han aparecido en este gobierno? ¿Cuántas métodos, muestras, componentes… estadísticos se usan ahora en la medición de la sociedad? El truco es tan viejo como el socialismo realmente existente. Su formulación más sencilla es muy parecida a la lógica de los casinos: la casa nunca pierde. Dicho de otra manera: el gobierno inventa la regla para medir sus políticas. Y se vanagloria de los resultados obtenidos.
  1. Tener jueces a su servicio: en ese plano, el Presidente puede dar lecciones. Puso a su ex secretario privado como Presidente de la Judicatura. Los jueces, como es natural, fallan a favor del gobierno y del Presidente. E incluso piensan en ayudarle a incrementar su patrimonio personal. El gobierno logró que la Justicia se convierta en un aliado incondicional de su lógica, de sus intereses, de su verdad, de su anhelo de castigar, escarmentar y doblegar a aquellos que osan contradecirlo. O que, con pruebas, han demostrado que aquello de manos limpias es apenas un gran lema de mercadeo.
  1. Negar hasta padre y madre: el correísmo desconoce hasta los hechos que ha producido. No quiere que se proyecten videos y discursos que prueban que es el actor principal del doble discurso, el doble rasero y la doble moral. Esto es lo que suscitó la resolución parlamentaria tras la intervención de Cynthia Viteri. Se entiende: esos videos, esos documentos recuerdan que, a pesar de cientos de millones gastados en propaganda en estos ocho años, hay hasta cadáveres en los armarios oficiales. El discurso que les invita a mirarse al espejo y aplaudirse como socialistas-siglo-XXI-de manos-limpias-y-corazones-ardientes, concuerda mal con Dayuma, Glas Viejó, el comecheques, el primo en Maimi, la refinería del Pacífico, los muertos el 30-S, el mayor endeudamiento del país, líderes sociales encarcelados, la entrega de Ecuador a la China, los pativideos… y el rosario de escándalos y raterías enumerado por Cynthia Viteri. He ahí por qué se quieren declarar desmemoriados. Zurcidores empedernidos de virgos inexistentes. Puros.

Que el Presidente quiera estacionar al país en la realidad-mitómana que ha producido, se concibe: esta es su obra y él debe sostener esta nueva patria de espejismos. Que todo el aparato encubra y quiera obviar la realidad-real, ahora con resoluciones, prueba que la ceguera ya es de todos. El correísmo acaba de decretar oficialmente la irrealidad.

 

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José Hernández, Ecuador.

Sentido Común, julio 30, 2015

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