Los servidores públicos no están por encima de la ley

El Rey Mohammed VI hizo un llamado a sanear las estructuras institucionales y los partidos políticos, elementos fundamentales para que exista la democracia. Exigió a los servidores públicos el cumplimiento cabal de sus funciones o que se aparten de sus cargos para que estos sean asumidos por personal idóneo y competente. La función pública demanda probidad y profesionalismo.

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SM Mohammed VI en el 18° aniversario de la Fiesta del Trono, acompañado por su hermano, el príncipe Moulay Rachid y su hijo, el príncipe Moulay Hassan

Con motivo del 18° aniversario de la Fiesta del Trono, el Rey Mohammed VI se dirigió a la nación para destacar los avances del país: desarrollo constante, éxito en planes sectoriales (agricultura, industria, energías renovables), credibilidad y prestigio a escala continental e internacional.  Todos estos factores inciden en la confianza de los inversionistas -locales y extranjeros- y redunda en el bienestar de la sociedad. En breve referencia reiteró que la cuestión del Sahara continúa a la cabeza de las prioridades del Reino. Sin embargo, Mohammed VI no centró su intervención en los logros sino que se refirió extensamente a los retos y desafíos que enfrenta el país y aclaró que su posición es realista y que sus palabras no deben confundirse con pesimismo, recordó también que Marruecos logró superar dificultades en diferentes momentos de su historia.

«Sabemos muy bien quienes somos y adonde nos dirigimos»

El Rey no fue indiferente a las manifestaciones que tienen lugar en Alhucemas desde hace nueve meses, comentó que la situación que allí se produce puede replicar en otras regiones por la pervivencia de situaciones inadmisibles y vergonzosas en el Marruecos actual. No obstante, rechazó la lectura de la crisis que sugiere un “enfoque securitario”. El soberano defendió la acción de las fuerzas de seguridad para preservar la seguridad y la estabilidad del país en los planos interno y externo y recordó que velan por los derechos de la ciudadanía y que no son los servicios de seguridad los responsables de administrar los asuntos del país ni de controlar que los ministros y las autoridades cumplan con sus funciones.

Mohammed VI dirigió su exposición a los funcionarios de la administración considerando que el principal objetivo -en los proyectos de desarrollo y en las reformas políticas e institucionales- es servir al ciudadano sin diferenciación ni exclusión. Observó que Marruecos dispone de recursos limitados pero las necesidades son ingentes en muchas zonas del país. Todo esto afecta las condiciones de vida y las expectativas de los ciudadanos.

El Rey cuestionó la precariedad y la deficiente gestión de la administración pública que marca ostensible distancia frente al sector privado -competitivo y eficiente- que concentra a los mejores profesionales del país mientras que muchos funcionarios públicos han sido negligentes en sus funciones y no han estado a la altura de sus cargos. Autoridades y representantes políticos deben asumir responsabilidades por sus actuaciones y por el incumplimiento de sus obligaciones. El país y los intereses de la ciudadanía deben situarse por encima del cálculo político personalista, la lucha partidista, el ajuste de cuentas entre facciones políticas o el reparto burocrático. En la gestión de los asuntos públicos no debe haber lugar a la imposición de intereses individuales, partidistas o populistas que perjudiquen la acción política y lleven al abstencionismo y a mermar la participación activa en política.

La desconfianza en los partidos, instituciones y funcionarios ha ocasionado que la ciudadanía, ante la falta de respuestas oportunas, demande la acción directa del Rey cuya tarea es el arbitrio. El Rey destacó que sus funciones constitucionales le obligan a garantizar la seguridad y la estabilidad del país así como a preservar intereses, derechos y libertades de la ciudadanía: «no podemos ceder en absoluto con respecto a los logros democráticos, como tampoco toleraremos ninguna obstaculización al trabajo de las instituciones, ya que la Constitución y la ley son claras y las competencias no necesitan ninguna interpretación»

Dos cuestiones centrales en el discurso de Mohammed VI han sido la rendición de cuentas, obligación constitucional, que le recuerda a los funcionarios que no están por encima de la ley y no deben abusar ni del poder ni de la influencia que detentan; y, la separación de poderes y el respeto de las competencias institucionales, reglas vitales para cualquier país que elija transitar el camino de la democracia.

En Marruecos -como en otros países de África y América- la ciudadanía ha dado señales de agotamiento con la clase política. El hecho quedó demostrado con la elevada abstención en las elecciones de 2016. La pérdida de credibilidad en los partidos e instituciones merece atención y una respuesta apropiada para cerrar el paso a elementos populistas de diferente signo y orientación siempre dispuestos al oportunismo y a explotar el descontento social. La crisis de Alhucemas no solo evidenció que Marruecos precisa de una administración pública moderna sino también de una efectiva descentralización que agilice los procesos. Las diferentes regiones del Reino necesitan tanto la presencia del Estado como la presencia del mercado para posibilitar e incentivar la inversión privada, el emprendimiento y la consecuente generación de empleos. Las autoridades deben responder a las demandas sociales con eficiencia y profesionalismo sin perder de vista que hay otros procesos decisivos y de largo aliento a los que los marroquíes deben apuntar, por ejemplo, a la transformación de la cultura política (hábitos y comportamientos) de la sociedad, un proceso extensivo a partidos y a élites políticas.

La administración en su expresión moderna -y siguiendo a Max Weber- es una forma de dominación legal compuesta de jerarquías, reglas, técnicas y normas. Debe estar integrada por un cuadro administrativo con formación profesional y con misiones específicas determinadas. El cuerpo de funcionarios está obligado a separar lo público de lo privado, a rendir cuentas, a no apropiarse de los cargos, entre otras cosas, para lograr una gestión racional, nada menos.

Clara Riveros

CPLATAM -Análisis Político en América Latina- 

Agosto, 2017

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