Los derechos humanos

Declaration_of_the_Rights_of_Man_and_of_the_Citizen_in_1789

Los derechos humanos, reconocidos en pronunciamientos, declaraciones, convenciones internacionales y leyes internas, son la base para la libertad y la convivencia armónica de los ciudadanos. Si se los respeta, se trata de una sociedad en la que rige el Estado de Derecho.

Un precedente trascendental para la vigencia universal de los derechos humanos se encuentra en la Declaración de la Independencia de Estados Unidos de 1775, que proclama dos principios esenciales: libertad e igualdad. Su influencia  se advierte en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente de Francia en 1789. A estos dos precedentes siguió, mucho después, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1948.

Estos documentos tienen en común haber resultado del espíritu que siguió a cruentos sucesos: la guerra de la independencia de Estados Unidos, la Revolución Francesa y la Segunda Guerra Mundial, y, por supuesto, tienen un rasgo también común: los derechos humanos que no se limitan a la protección física de los ciudadanos: no ser apresados, torturados o asesinados por sus ideas o su acción política.

En los 30 artículos de la Declaración Universal de la ONU, se reconoce que “Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación contra ella en materia penal”, y así otros trascendentales como: “Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación.

Sin embargo, por diversas razones, se limita el alcance de los derechos humanos, reduciéndolos sólo a unos pocos, por ejemplo, a “que nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado” por ejercer el derecho a discrepar. Claro que es imprescindible un Estado que proteja la libertad, la integridad, la vida, los bienes y la dignidad de los ciudadanos, pero también es indispensable que se asuma que, de la protección de todos los derechos humanos, depende que una sociedad sea libre.

A propósito: “La corrupción genera miserables consecuencias para los derechos humanos, tal como vienen destacando los organismos internacionales” (Ezequiel Nino. “Éste no es el gobierno de los derechos humanos”. La Nación. Buenos Aires, 08.09.2015).

Marcelo Ostria Trigo
El Deber, (Bolivia). Junio 17, 2015

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