¿La izquierda anti correísta padece de desmemoria?

Publicado en: Análisis, Ecuador, Populismos | 0

Los ex constituyentes de Montecristi, que ya no están con el oficialismo, dieron señales conjuntas de vida. Se reunieron el lunes 19 de enero en Guayaquil y, fruto de ello, dijeron en lo fundamental dos cosas en un documento: 1. Que los cambios que el correísmo quiere hacer a la Constitución, no son simples “enmiendas”. 2. Que esas alteraciones “contribuyen a que exista una mayor concentración del poder y, por lo tanto, representan un retroceso para la democracia, la participación y los derechos de las personas y los pueblos del Ecuador”. Y analizaron por qué.

Que los ex constituyentes quieran salvar el espíritu y la letra de lo que hicieron en Montecristi es meritorio. Pero ampliamente insuficiente. El poder que quiere concentrar más poder, según dicen, fue creado por ellos. El poder que hoy quiere propiciar, mediante enmiendas, otra regresión para la democracia, cometió atropellos contra la democracia desde antes de Montecristi. El poder que prepara otro retroceso a la participación ciudadana, instituyó, con su ayuda, un simulacro de participación en la misma Constitución. ¿O no es un bodrio el famoso quinto poder?

La tesis según la cual el traje es magnífico pero pésimo el modelo que lo vistió; tesis que ha esgrimido Alberto Acosta, es insostenible. Fueron esas izquierdas, encomiables por su compromiso social pero políticamente retrógradas por su estancamiento en el tiempo, las que estructuraron este poder caudillista y autoritario que hoy cuestionan. ¿A quiénes debe Correa ese Ejecutivo-pacman que engulle a todos los demás poderes? ¿No es ese acaso el ideal leninista que tanto han idolatrado esas izquierdas –con pocas excepciones– y muchos de los amigos dirigentes indígenas?

Es dable decir que en la Constitución se ampliaron derechos. Muchos ecuatorianos se sintieron reconocidos y, al fin, incluidos. ¿No fue, sin embargo, un despropósito plasmar nuevos derechos y, al mismo tiempo, poner la ciudadanía bajo la plena tutela del Ejecutivo? La lista de insensateces que hay en la Constitución puede ser larga. Y ya en Montecristi algunos constituyentes sabían lo que estaban pariendo. Fernando Vega fue uno de ellos, pero su voz de alerta también fue desdeñada.

Llamar hoy a un debate sobre las violaciones que se preparan contra la Constitución es necesario pero no soslaya la responsabilidad de los ex constituyentes. Ellos contribuyeron a esculpir el monstrito del cual habló Fernando Vega. Resulta inconcebible, en ese contexto, que tras ocho años de correísmo fuerzas que lo ayudaron a llegar al poder, insistan en decir que aquí el problema político se llama Rafael Correa. Que él no entendió. Que él oyó otros cantos de sirena y traicionó la verdadera revolución.

¿De qué revolución siguen hablando? ¿La marxista–leninista del MPD? ¿La que preconiza Humberto Cholango cuyo referente –con respeto para Humberto– sigue siendo Fidel Castro? ¿La de Alberto Acosta que elude hablar de las consecuencias concretas de las acciones y conceptos que él aupó y prefiere seguir teorizando? ¿La de Ruptura de los 25 que se achicó ante su tarea de animar la corriente de una nueva izquierda y plegó ante visiones retrógradas?

Correa no es el problema y esas izquierdas debieran dejar de buscar chivos expiatorios para hacer política. El problema coyuntural es el correísmo que es la expresión concreta del modelo político y constitucional que ellos ayudaron a cimentar desde que llegaron a Carondelet. No se puede pasar esa página llamando a confrontar los textos originales de la Constitución con los cambios que quiere hacer el gobierno. Este no es un problema académico ni de pureza ideológica.

Esas izquierdas deben encarar la realidad-real que contribuyeron a crear y dejar de usar la treta habitual que consiste en volver a los textos mientras cierran los ojos ante los hijos que parieron. Esa artimaña es tan vieja que basta con desempolvar lo que ocurrió con Stalin: los comunistas del mundo dijeron al unísono –cuando ya no pudieron seguir callando– que el dictador no era producto de su doctrina ni del arquetipo de partido único: era el hijo de un campesino borracho, un georgiano violento y desadaptado… En esa línea tardaron décadas tratando de no tirar el niño junto con el agua de la bañera…

Las izquierdas que ya no están en el gobierno deben admitir que Correa –en grados diferentes, por supuesto– es su producto. Y solo el análisis público que hagan de sus errores (Acosta, Gustavo Larrea, María Paula Romo, Luis Villacís, Mónica Chuji, Diego Borja…) permitirá saber a la opinión nacional en qué puntos sus organizaciones marcan hoy las diferencias políticas con el modelo correísta.

Es inaudito que a estas alturas el país no sepa cuáles son las lecciones políticas que esos dirigentes y sus organizaciones sacan de su etapa correísta. Más inaudito es que hagan énfasis en las violaciones a la Constitución cuando la obra del correísmo es inconmensurable. ¿Hay sindéresis en eso? ¿Se quiere volver a reducir la política al reflejo condicionado de hacer cargamontón, esta vez contra Correa, sin asumir responsabilidades? ¿Es dable pensar que sin una autocrítica profunda –que debería llevarlos a modificar concepciones e idearios políticos– la opinión pública pueda volver a creer en sus propuestas?

Esas izquierdas no aprendieron nada, en general, de la caída del Muro de Berlín. ¿Están proponiendo volver a hacer el mismo ejercicio con el correísmo? ¿Un ejercicio más de desmemoria política? ¿Pasar la página (apenas balbuceando que hubo algunos errores), ocupar de nuevo la escena política, exhumar los mismos discursos y volver a empezar?

¿Se debe entender que Correa no es un buen gobernante porque no instaló en Carondelet, como quiere el MPD, la revolución marxista–leninista? Se dirá que eso es una caricatura. Pues bien: esos ex constituyentes deben al país la publicación de las lecciones políticas de sus yerros. ¿Ahora sí creen en la democracia formal, siempre vista como mero aderezo burgués? ¿Siguen creyendo en el mito del Estado todopoderoso tras el fracaso institucional en Ecuador y la ruina a la cual condujo Chávez a Venezuela? ¿Votarían al tacho de la basura la Ley de comunicación? ¿Reformarían la Constitución para desmontar el híper–presidencialismo que ha nutrido el aparato autoritario del correismo? ¿Hoy están dispuestos a cumplir la ley –aunque sea la que ellos no votaron– y no repetir los atropellos que aplaudieron cuando estaban en el poder?

Esas izquierdas deben respuestas a un país que requiere la renovación de todas las corrientes políticas. Ojalá no sigan el ejemplo del correísmo que elude preguntas engorrosas descalificando siempre a quien las plantea.

José Hernández, Ecuador.

Sentido Común, febrero 7, 2015.

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