La cumbre de Panamá y las frustraciones

La VII Cumbre de las Américas de Panamá fue convocada para tratar temas de “energía, migración, seguridad, educación, salud, medio ambiente, participación ciudadana y gobernabilidad democrática”, o sea  los “ejes temáticos de análisis del tema principal de la cumbre ‘Prosperidad con equidad: desafío de la cooperación en Las Américas’”. Pero surgieron dos asuntos fuera de agenda que acapararon la atención pública y la de los participantes: el proceso en curso para la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba y las sanciones que el gobierno estadounidense impuso a siete venezolanos acusados de violar los derechos humanos en su país; sanciones que forzadamente fueron asumidas como dirigidas contra Venezuela, aunque solo afectan a esos funcionarios.

Estos dos asuntos, como era de esperar, dieron lugar a encendidos discursos, en especial de los presidentes de Venezuela, Ecuador, Argentina y Bolivia. Marina Verón en La Nación de Buenos Aires (12.04.2015) expresa: “La Presidenta (Kirchner) se presentó en bloque con sus pares de Venezuela, Nicolás Maduro, de Bolivia, Evo Morales y, sobre todo, de Ecuador, Rafael Correa, el cuarteto que esgrimió las posiciones más duras hacia los Estados Unidos”.

Pocos se ocuparon del temario de la cumbre. En lo que si participó la mayoría de los mandatarios, fue en brindar apoyo automático a Venezuela. Pero, como ya venía sucediendo, no mencionaron las constantes violaciones de los derechos humanos y las restricciones a las libertades democráticas por parte del gobierno de Maduro, a diferencia de la severa condena al régimen ”bolivariano” de 26 expresidentes solidarios con los perseguidos en Venezuela, que demandaron el retorno al Estado de Derecho vulnerado y virtualmente inexistente en ese país.

Una cumbre monocorde con inflamados discursos, no iba a resolver ningún problema. Los apoyos, por numerosos que sean, no harán desaparecer la penosa realidad que viven los venezolanos: azotados por el crimen, con carestías asfixiantes, perseguidos y siempre expuestos al abuso que es corriente en el neopopulismo autoritario. Las cumbres no se crearon como foros de confrontación, sino de concertación para preservar la democracia e impulsar el desarrollo y la integración de nuestros países. La agresividad cerril es un mal ropaje de un discurso para conseguir estas metas comunes.

Habrá que pensar, entonces, en lo poco que se obtiene de las costosas cumbres, y en el rescoldo de resentimiento y frustración que dejan.

Marcelo Ostria Trigo

El Deber, (Bolivia). Abril 15, 2015

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