La campaña es distinta, ¿o cambió el país?

Publicado en: Análisis, Uruguay | 0

Quedan 10 días para las elecciones nacionales y crece la impresión de que esta ha sido una campaña muy diferente a lo que están acostumbrados los uruguayos. La pregunta en realidad es si lo que cambió es la campaña o el país. Lo cierto es que lo vivido este año no tiene mucho en común con las experiencias electorales pasadas, al menos tal como han sido desde que retornó la democracia en 1985.

Algo ha estado pasando en estos años. Durante mucho tiempo los uruguayos se acostumbraron a que acá no pasaba nada, nadie cambiaba a fondo sus visiones del mundo y los grandes temas de debate eran los mismos hoy que 20 años atrás. Sin embargo, suceden cosas, la gente va ajustando sus percepciones y si bien algunos debates se prolongan indefinidamente, por otro lado ocurren hechos que obligan a modificar posiciones y algunos temas de fondo también van cambiando.

Sin duda, esta no es la típica campaña bullanguera de otros años. La tradicional efervescencia fue cambiada por un entusiasmo contenido; la vieja necesidad de expresar públicamente la adhesión hoy se expresa con otra reserva. No es que a la gente no le interesen las elecciones. Se planta ante ellas de otra forma.

Estos cambios no solo tienen que ver con las redes sociales; en realidad se trata de una nueva actitud cívica que curiosamente se expresa de forma similar a las asépticas campañas de los países democráticos del mundo desarrollado.

Esta suerte de reserva llevó a que en muchas ocasiones, tanto periodistas como analistas académicos interpretaran determinados hechos sobre premisas que luego no demuestran ser tales. Las encuestadoras, que aplican sus métodos para medir el estado de la opinión pública, solían esperar una confirmación intuitiva a través del clima y el ánimo que se respiraba en la calle. Pero ahora la calle no devuelve mucho. No hay ruido ni despliegue de banderas, no hay grandes actos ni multitudes recorriendo los barrios, más allá de lo que se terminará viendo en los días finales.

El proceso es silencioso. Lo viene siendo hace rato. El triunfo de Luis Lacalle Pou en las internas sorprendió a los observadores.

Pero si se lo analiza bien se verá un largo trabajo del candidato recorriendo el país y estableciendo sus redes desde varios años antes. Ese trabajo tuvo una también silenciosa respuesta que quedó en evidencia la noche de las internas. Ya cinco años antes hubo una señal llamativa con el triunfo del más improbable de los candidatos a la Presidencia.

En elecciones anteriores el país vio cómo casas y apartamentos desplegaban sus balconeras para mostrar sus adhesiones. Un emblema era el Parque Posadas, que por semanas enteras estaba cubierto de balconeras, en su mayoría frentistas. Hoy no es tan así. También hay silencio entre los votantes de ese sector.

Las encuestas señalan que el Frente tendría la mayor cantidad de votos (cosa que viene ocurriendo hace cuatro elecciones) pero no lograría la mayoría parlamentaria y habría una segunda vuelta. Algo en la calle debería avalar esa tesis, pero no se escucha eco alguno. ¿Habrá segunda vuelta? ¿O este silencio que todo lo envuelve hace difícil entender qué ocurre?

Se dice que los candidatos no tienen propuestas, que “no se les cae una idea”. Sin embargo, no es así. Los partidos elaboraron programas de gobierno bien argumentados. Ninguno propone cosas radicales ni vuelcos inesperados en el rumbo del país.

Tampoco hay un reclamo popular en ese sentido. Pero el hecho de que no haya propuestas que sobresalten no quiere decir que no las haya.

Tal vez el más articulado para defender las suyas sea el colorado Pedro Bordaberry. Por otro lado, quien muestra un equipo de trabajo bien cohesionado es Lacalle Pou. Tabaré Vázquez argumenta desde su experiencia y aplomo y Pablo Mieres apuesta a mostrar a su partido como uno de saludable presencia parlamentaria. Ideas, pues, tienen. Solo que son menos estruendosas.

Como ha dicho Lacalle, no se trata de hacer una gran refundación, simplemente mantener lo bueno, corregir lo malo y hacer lo que falta por hacer.

Todos giran en torno a preocupaciones que son comunes a la población, pero los énfasis pueden variar. Bordaberry tiene mejor estudiado el tema de la inseguridad. Lacalle ofrece las mejores soluciones en el área educativa. Vázquez insiste en la necesidad del continuismo para terminar de hacer lo que quedó pendiente.

Persiste, por otro lado, la sensación de que la población no vio a los candidatos lo suficiente. Tal vez la cobertura periodística y en especial la televisiva, afectada por este cambio de estilo, tampoco tuvo tiempo de adaptarse.Aquellos clásicos programas de antaño desaparecieron y solo en el cable (que va dirigido a un público selecto) se ven cosas de interés. Los canales abiertos debieron crear apresurados espacios para cubrir esa necesidad.

Al desafiar Bordaberry a Lacalle Pou, resurgió el tema de los debates. Fue una clara estocada, una picardía de Bordaberry, si bien efectista. Tiene sentido que Lacalle no entre en el juego. Es que quien desde un principio se negó a debatir fue el candidato frentista.

Si uno de los contendientes no quiere debatir, hacerlo entre los restantes sería presentar una realidad distorsionada. Por cierto, hay diferencias entre las propuestas blancas y coloradas. Sería valioso confrontarlas. Pero al faltar Tabaré Vázquez, parece como si los únicos que están en pugna son ellos dos, con programas totalmente opuestos entre sí, sin que haya nada más en oferta. Lo cual no es así.

Es difícil que en estos 10 días ocurran grandes hechos que cambien la decisión de la gente. Pero en el fondo nadie está seguro acerca de dónde está parada la gente. Están las encuestas, sí, pero ellas son un medidor útil aunque tentativo. Para colmo, lo que se vio en Escocia y en Brasil no ayuda. Durante el proceso, las encuestas daban resultados muy diferentes al desenlace, al punto que las elecciones (o la consulta en Escocia) causaron sorpresa. ¿Pero hubo un giro de último momento en los votantes?

¿O en realidad siempre estuvieron en donde estaban el día de la votación? Ese empate más bien volcado a un triunfo de los independentistas escoceses terminó con una diferencia de 10 puntos a favor de los que preferían mantenerse en el Reino Unido.

¿Cambió tanto la gente en tan poco tiempo? Lo mismo vale para Brasil, donde la candidata que desafiaba al oficialismo parecía quedarse con todo y al final ni siquiera irá a la segunda vuelta.

Esta dificultad de entender lo que pasa por la cabeza de los votantes lleva a que algunos análisis de periodistas y politólogos no encuadren con la realidad. Se hacen preguntas y sacan conclusiones que tuvieron lógica en elecciones anteriores, pero no en esta. La gente cambió y se planta ante las elecciones de una manera diferente, para desconcierto de analistas, encuestadores y candidatos por igual.

Quizás el cambio sea para bien.

AÑO 2014 Nº 1786 – MONTEVIDEO, 16 AL 22 DE OCTUBRE DE 2014, SEMANARIO BÚSQUEDA.
Por Tomás Linn

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