La caída del precio del petróleo

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La baja del precio del petróleo está causando preocupación. No se trata de una fluctuación, sino de una tendencia que afecta las economías de varios miembros de la OPEC, la organización de países productores de petróleo. Según los expertos, esta tendencia se debe principalmente a dos factores: el menor consumo por la desaceleración de la economía mundial –especialmente de China, uno de los grandes importadores de petróleo– y la creciente explotación de esquistos bituminosos de petróleo y gas de Estados Unidos, que ya es el segundo mayor productor de petróleo del mundo.
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Uno de los países más afectados será Venezuela; su economía depende en más del 90 % de sus exportaciones de crudo. Su ya aguda crisis económica ha llegado a tal punto que la empresa estatal de petróleo, PDVSA, ya importa crudo de Argelia y Rusia. Pero el presidente venezolano –lo acompaña en el optimismo insostenible el presidente de YPFB– afirma que esta baja no afectará la economía de su país. Bueno, “del dicho y al hecho, hay mucho trecho” dice el refrán.

Para los países productores de materias primas, son escasas las posibilidades de influir en la estabilidad de los precios internacionales de sus productos exportables. En el caso de los hidrocarburos, Arabia Saudita y Kuwait no han apelado a una de las pocas opciones: bajar su producción. El gobierno saudí ha anunciado que no apelará a ello. Sus razones tendrá.

Está a la vista que en Bolivia no se ha tomado en consideración que los precios varían, lo que puede causar desastres. Esta experiencia ya se la vivió con el estaño y otros minerales. Ahora, la historia se repite con los hidrocarburos. Los últimos nueve años fueron buenos para la economía de Bolivia por los altos precios de los productos que exporta: gas, minerales y soya. Pero poco y nada se ha hecho para la consolidación de un sector productivo exportador diversificado. En cambio el gasto se desbordó y se crearon, con una política de prebendas, bonos de toda índole, y se emprendieron proyectos que, como ya fue revelado, son parte del fracaso generalizado. La lista del derroche es larga.

Se afirma, con razón, que una bonanza como la de estos años, debió ser aprovechada para fortalecer y diversificar la producción, especialmente la industrial exportable. Esto no ha sucedido; las canchas de futbol con césped sintético, por ejemplo, son atractivas, pero no ayudan a crear una base económica que mejore el nivel de vida de los bolivianos. En otras palabras, no se sembró el gas como semilla del desarrollo.
Marcelo Ostria Trigo
El Deber (Bolivia). Octubre 29, 2014.

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