Fin de la era Insulza

José Miguel Insulza está por culminar su gestión como Secretario General de la OEA, deberá entregar el cargo a Luis Almagro el próximo 25 de mayo. La actuación de Insulza al frente del organismo durante estos diez años ha sido muy cuestionada, poco edificante, deslucida y, muchas veces, condescendiente con los gobiernos autoritarios. El Secretario se resistió a cumplir con la misión que le fue encomendada. Si se mide su gestión por las palabras expresadas durante esta década, entonces, América Latina nunca estuvo mejor. La realidad es más compleja.

Paradójicamente, no hay demasiado optimismo frente al cambio que supone Almagro, a diferencia del interés que suscitó la llegada de Insulza en 2005 y teniendo en cuenta que desde 2004 la OEA experimentaba una crisis interna. En ese momento estaba al frente del organismo el Secretario Adjunto, Luigi Einaudi, que asumió la Secretaría de forma interina luego de la renuncia del expresidente costarricense, Miguel Ángel Rodríguez, acusado de corrupción en su país. En la competencia declinó su aspiración el candidato mexicano.

Pasadas las votaciones que arrojaron empates y ya sin contendores, Insulza logró el respaldo de 31 países para liderar la OEA por periodo de cinco añosEstados Unidos no apoyó su candidatura, Bolivia y Perú tenían reservas y votaron en blanco, influyeron las tensiones históricas que mantienen con Chile. Con todo y eso, Insulza supuso un nivel expectativa que pronto se disipó.

El descontento y malestar frente a la gestión de Insulza ocurrió por la prevalencia y afinidad ideológica más allá de los valores que decía representar, aunque tampoco satisfizo plenamente a sus simpatizantes, para la historia quedará el insulto que le profirió Hugo Chávez, quien dijo del Secretario que “es un verdadero pendejo”. El acercamiento a Cuba, el papel desempeñado en la crisis que atravesó Honduras, su acomodo con el régimen venezolano, la insuficiente defensa de la democracia y de los derechos humanos, evidenciaron una pobre gestión.

A inicios de 2010, Insulza buscó su reelección y la logró por aclamación. El debate fue intenso en los meses previos, de nuevo, hubo reservas. Estados Unidos se resistía a apoyarlo aunque al final votó en su favor, con objeciones y probablemente para no rezagarse respecto a los demás países de la región. El peso del chavismo y la compra de voluntades se hicieron sentir. Pese a la inconformidad con la gestión del Secretario tampoco hubo candidatos alternativos. Bolivia se abstuvo de votarlo, mientras que Venezuela y Nicaragua criticaron la Organización y su estructura pero apoyaron la reelección de Insulza, que en esa ocasión se comprometió a “seguir luchando por fortalecer la democracia representativa que nos hemos ganado con tanto esfuerzo”.

Pasaron los años, el Secretario no se atrevió a sostener en público lo que llegó a considerar en privado, por ejemplo, respecto al autoritarismo creciente en Venezuela. También se le ha cuestionado el manejo interno, las prebendas y concesiones en lo administrativo y operativo de la Secretaría. El malestar frente a su gestión no pudo más que ir en aumento.

Nicaragua y Venezuela dejaron de ser remedos de democracia, está fuera de discusión que son regímenes autoritarios. Ecuador y Bolivia temen quedarse atrás y les siguen los pasos. El Secretario de la OEA no hizo nada al respecto, salvo defender la solidez de las democracias en la región, aun cuando los hechos indican lo contrario.

Insulza trató de evitarse problemas y no molestar al sucesor de Hugo Chávez, ni a los demás gobernantes. Desde febrero del año pasado el mundo ha contemplado la arbitrariedad del chavismo, el Secretario enfatizaba que la democracia en Venezuela no estaba en peligro. Nicolás Maduro hizo sentir su desprecio, luego de la concesión hecha por Panamá en el Consejo Extraordinario de la OEA donde otorgó la palabra a una representante de la oposición venezolana para exponer la realidad del país. Insulza, sin embargo, consideró que no existían las condiciones para aplicar la Carta de la OEA.

Para ser justos, el desprecio hacia la OEA no solo proviene del régimen venezolano, sino de los países del ALBA. El de Ecuador ha sido notable. En 2009 el presidente Rafael Correa celebraba dos años de gestión y remarcaba su apuesta por un nuevo orden internacional en el que la integración latinoamericana se diera en una “Organización de Estados Latinoamericanos”sin lugar para Estados Unidos y que en cambio, incluyera a Cuba, desapareciendo la competencia de la OEA.

Años más tarde, en el discurso de posesión de su segunda reelección y para no perder la costumbre, cuestionó a la OEA y al Sistema Interamericano de Derechos Humanos por “atacar a los gobiernos de enorme legitimidad, gobiernos progresistas que son tratados peor que las dictaduras”, insistió en el cambio de sede de la organización y señaló la responsabilidad histórica que tienen los gobiernos para tomar decisiones frente a ese tema.

Maduro no cuenta con los recursos abundantes que tuvo su antecesor, el poder de maniobra e influencia regional será más limitado. Correa quiere jugar, pero no le alcanza. Ni Maduro, ni Correa, son Chávez, eso sí, seguirán en su lucha bajo la consigna destruir para crear a imagen, semejanza y necesidad. Por las dudas, sus cancilleres lo reafirmaron este miércoles en la sesión de aclamación y felicitación al nuevo Secretario.

Al consultar con Marcelo Ostria, ex embajador de Bolivia ante la OEA, apunta que “se ha cedido la dirección de la OEA, casi absolutamente, al Secretario General desde el tiempo de César Gaviria. En realidad, este es solamente el más alto funcionario electo por los países para dirigir la Secretaría General, como claramente lo dispone la Carta de Bogotá. El Secretario General de la OEA, debe subordinarse a la autoridad del Consejo Permanente en el que los representantes de los países miembros debaten y deciden. Con esta deformación del cargo en la OEA, se permitió que Insulza juegue un pésimo papel en la organización, lo que coincidió en su inoperancia y su sectarismo. Primero, Insulza fue electo con el apoyo de Venezuela, luego Chávez lo insultó, fue sectario en la crisis de Honduras, certificó a Morales como demócrata, jamás habló de los derechos humanos vulnerados por el chavismo y, al final de su lamentable paso por el organismo, se atreve a exigir a Maduro la liberación de los presos políticos”.

No es imposible mostrar idoneidad y convicción democrática para desempeñar un cargo que así lo exige, el chileno José Miguel Vivanco, director de la División de las Américas en la organización internacional independiente Human Rights Watch, lo ha hecho con arrojo y valentía, su coterráneo José Miguel Insulza habría podido tomar ejemplo, pero llegó tarde. Finalizando 2014 y durante los primeros meses del año al fin se atrevió a criticar el régimen de Nicolás Maduro y a respaldar a los expresidentes que intentaron reunirse con Leopoldo López, preso político del chavismo. “Yo les digo a los ex presidentes “bienvenidos al club de los insultados por un Presidente de Venezuela”, se animó a decir, a la vez que reclamó la liberación de López.

El miércoles, Insulza saludó y felicitó a Almagro, coincidió en sus objetivos para la OEA e instó a un debate más constructivo, el Secretario saliente habló en defensa de la democracia y la necesidad de respetar la pluralidad de ideas al interior del organismo, señaló que esto no afecta la soberanía de los países, y también se refirió a la Carta Democrática, la misma que se negó a aplicar. Termina la era Insulza.

Por Clara RIVEROS, para SudAmérica Hoy

Marzo 19, 2015

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