Fernando Molina: “Es un despropósito despilfarrar por motivos políticos”

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Bolivia está en una situación diferente a los gobiernos que le son afines (discursivamente) como Argentina o Venezuela. Más allá de su retórica, lo cierto es que hasta el FMI halaga a Evo Morales. El presidente acaba de ser reelegido por segunda vez y afirma haber dado un “mazazo al imperio”.  Los altos precios de las materias primas y de los hidrocarburos explican parte del éxito de su gestión. Fernando Molina, periodista y escritor boliviano, asesor editorial del diario Página 7, analiza las recientes elecciones y los desafíos para una nueva gestión del MAS (Movimiento Al Socialismo) a partir de 2015.

SAH-¿Por qué la falta de celeridad en el escrutinio de los votos?

FM-La ineptitud del Tribunal causó irregularidades que parecen intencionales ayudas al MAS. La falta de un Tribunal confiable podría haber desembocado en el regreso de la violencia política al país si los resultados hubieran sido más estrechos. 

SAH-Afirmó en días pasados que “los últimos diez años han sido el escenario del más formidable proceso de expansión capitalista de la historia del país”. Las cifras e indicadores lo demuestran. Llama la atención que cada día hay más voces, a derecha e izquierda, que afirman que el presidente Evo Morales no es un presidente de izquierda. ¿Cómo explicaría que puedan darse interpretaciones opuestas sobre la ideología y orientación del mandatario?

FM-El MAS aglutina a la izquierda boliviana actual, que no es la izquierda previa a la caída del muro de Berlín, hace 25 años. Es una izquierda “posmoderna”, como la de todos los otros países. Esto es, que mezcla liberalismo, comunitarismo y socialismo en una sola bolsa. El MAS está alineado con el gran objetivo del nacionalismo boliviano, que siempre fue impulsar el desarrollo del país por medio del Estado. Pero al mismo tiempo reniega del espíritu homogeneizador del nacionalismo y es multiculturalista. Se proclama “anticapitalista”, pero por capitalismo sólo entiende “neoliberalismo”. Es decir, debilidad del Estado y no propiedad privada o libre mercado. Usa la democracia representativa en un sentido constructivista, para remodelar la sociedad de acuerdo a una fe política determinada, lo que es contradictorio con las bases liberales de esta democracia. Pero al mismo tiempo renuncia a la violencia para ejecutar su construcción social. Se dice indianista y en simultáneo, modernizador. En fin, es muy difícil de clasificar con esquemas previos a la disolución de la URSS. Pero es de izquierda, porque tiene un sentido claramente antielitista y el valor en torno al que se mueve es la libertad.

SAH-¿Cuáles considera que han sido los logros más significativos del Gobierno?

FM-La economía ha vivido un gran momento porque contó con los ingresos extraordinarios de los altos precios internacionales del gas y otras materias primas y al mismo tiempo el Gobierno se las arregló para que no hubiera inflación, por lo que las actividades industriales internas se han beneficiado con el boom, hay dólares en las arcas y la economía está estable. La política de transferencias en efectivo a algunos sectores vulnerables constituye una política social objetiva y efectiva.

SAH-¿Y  los despropósitos y asignaturas pendientes del presidente -elegido en las urnas- que habrá estado más tiempo en el poder cuando culmine su mandato en 2020?

Es un despropósito despilfarrar la bonanza por motivos políticos. Por ejemplo, organizando una reunión del G-77 al costo de 70 millones de dólares, o gastando millones en una inviable “industrialización del litio”… O ahora en un supuesto desarrollo de la energía nuclear. Cada vez que el Gobierno antecede sus necesidades políticas y simbólicas, e incluso los caprichos del Presidente, a las necesidades de la gente, comete un despropósito.

SAH-¿Existe alguna posibilidad de que en esta nueva gestión trate de recomponerse el equilibrio de poderes y en especial lo relacionado con la Justicia?

FM-No, aunque se intentará hacer una reforma de la justicia, seguramente no tendrá la intención de recomponer los equilibrios, ya que el Gobierno cree en la democracia de mayorías, corporativa, y no en la democracia de contención del poder.

SAH-Usted plantea el triunfo de Morales como el fin de la polarización debido a la tranquilidad alcanzada por diferentes sectores que antes sentían temor y rechazo como clases medias, altas y empresarios ¿Puede Evo Morales llegar a flexibilizar su posición, buscar consensos o permitir mayor juego a la oposición?

FM-Lo hará con la oposición social, no con la política. Evo se asegura la estabilidad mediante concesiones económicas a los sectores, no mediante la cooperación con los adversarios.

SAH-Más allá de las dificultades que debe enfrentar la oposición por cuenta del oficialismo que puso a su disposición todos los recursos del Estado ¿Por qué la oposición no logró convertirse en una opción viable de alternancia en el poder que sea confiable para los electores y les garantice conservar lo alcanzado hasta ahora?

FM-Porque la mayoría de la población sigue confiando en Evo como el conductor del proceso inaugurado por él y porque es difícil que haya una oposición fuerte en un país que vive el mejor momento económico de su historia. La oposición también tiene problemas de línea ideológica; un sector cree que Evo es un impostor, se impone solamente por el abuso y no representa pulsiones reales y tradicionales del país. Este sector tiene una estrategia de superación mecánica del evismo, sueña con “borrar” el régimen del Estado Plurinacional y por eso perjudica a la mayoría opositora que reconoce la legitimidad de las aspiraciones y muchas ideas del movimiento social que representa el MAS y busca una “superación dialéctica” (conservando lo válido) de este régimen.

SAH- Se habla de cierta alineación de la prensa con Evo Morales. ¿Cuál es el panorama para los medios de comunicación en Bolivia?

FM-El constructivismo del MAS. Es decir, la imposición de una “verdad de Estado” sobre la sociedad no acabará. El alineamiento de los medios públicos y privados con el poder ya es enorme y la situación sólo empeorará en el futuro. Tanto este hecho como el acaparamiento de los órganos públicos por parte del MAS no han derrumbado la democracia porque el MAS sigue siendo la mayoría real, pero pueden hacerlo si el MAS los usa pese a haberse convertido en minoritario.

Por Clara RIVEROS, para SudAméricaHoy (SAH)

Miércoles 22 de octubre de 2014

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