España y el giro copernicano de Nicolás Maduro

Después de una semana de cargar peligrosamente las tintas contra prácticamente todo lo que oliera a España y español, el presidente venezolano Nicolás Maduro cambió radicalmente el hilo de su discurso. De las duras acusaciones de terrorista y cómplice de ladrones dirigidas a Mariano Rajoy y su gobierno pasó a ofrecer diálogo con respeto mutuo. ¿Por qué se produjo semejante cambio? ¿Qué llevó a Maduro a modificar su tono de forma sustancial?

La Cumbre de las Américas terminó de convencer al gobierno bolivariano de la inutilidad de su ofensiva antiimperialista contra Estados Unidos y Barack Obama. El fracaso de la campaña de recogida de 10 millones de firmas para frenar el decreto ejecutivo de Obama, tanto dentro como fuera de Venezuela, fue una señal de los nuevos vientos que empiezan a soplar en la región. Pese a su arremetida frontal contra el “imperio” y el argumento de que Venezuela no suponía ninguna amenaza tangible para Washington, Maduro fue incapaz de generar corrientes apreciables de solidaridad más allá del reducido círculo de amigos y aliados.

Incluso hubo entre ellos más reacciones tibias que furibundas, según muestran los discursos de los líderes caribeños. La retórica militante de Cristina Fernández, Evo Morales y Rafael Correa se presuponía y, como se afirma en los mentideros bursátiles, los mercados ya lo habían descontado. Tabaré Vázquez y Dilma Rousseff, entre otros, se destacaron más por su prudencia que por su tono incendiario. La ausencia de José Mujica restó para siempre el toque de originalidad transgresora pero ineficaz que solía aportar el político uruguayo.

Si algo dejó en evidencia la Cumbre de las Américas es que el aislamiento de la diplomacia bolivariana es creciente. Bajo ningún aspecto Maduro es capaz de reproducir los sentimientos de simpatía, deferencia o temor que generaba Hugo Chávez y que le permitieron hegemonizar con ideología y petrodólares la política regional durante casi una década. Ya nada es como antes y la cercanía de la Cumbre UE (Unión Europea) – CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) probablemente haya movido a la reflexión a Maduro o a alguno de sus asesores.

Pese a sus recientes afirmaciones dirigidas a Mariano Rajoy sobre el aislamiento español, la realidad es totalmente la contraria, como mostrarían las intervenciones del vicepresidente de Brasil y del ministro ecuatoriano de Relaciones Exteriores ante Maduro. Sin embargo, esto no le impidió decir durante un discurso dirigido a un auditorio de mujeres revolucionarias: “Pronto nos vamos a ver en la Cumbre América Latina-Europa, Rajoy. Espero no tener que llegar con las lanzas allá, a Europa, porque vas a ser derrotado, vas a quedar aislado frente a Venezuela, frente a América Latina y el Caribe.”

A diferencia de Panamá, donde Obama era prácticamente su único oponente real, en la Cumbre de Bruselas Maduro se deberá enfrentar no sólo con las autoridades comunitarias sino también con las de los 28 estados miembros. Todas ellas muy sensibilizadas por los derechos humanos y los presos políticos en Venezuela. La declaración del Parlamento Europeo fue bastante contundente. Tras lamentar que el gobierno de Nicolás Maduro no garantiza los derechos más elementales, lo insta a “acabar con la persecución política y la represión de la oposición democrática, la violación de la libertad de expresión y las manifestaciones” y urge a “acabar con la censura de los medios de comunicación”, recordando a las autoridades “que las voces de la oposición son imperativas para una sociedad democrática”.

El que una parte importante del Grupo de la Izquierda Europea no apoyara la resolución le permitió al gobierno de Maduro argumentar que se trataba de una trama impulsada por la derecha. Pero las cosas comenzaron a cambiar cuando Felipe González decidió sumarse a la defensa de los principales presos políticos venezolanos, Leopoldo López, Antonio Ledezma y Daniel Ceballos. La clara adscripción socialdemócrata de González y su excelente imagen en América Latina, incluida Venezuela, no eran buenas noticias para el régimen bolivariano. De ahí su nerviosismo ante el anuncio y la declaración de persona non grata por la Asamblea Nacional. La duda que persiste, ya que Maduro no ha aclarado nada, es si finalmente dejarán entrar a González y reunirse con los dirigentes encarcelados, aunque las noticias provenientes de la fiscalía general venezolana no son nada prometedoras.

Antes de lanzar su oferta de diálogo, Maduro continuó en su línea ya conocida de atacar y ofender, adoptando un papel victimista, cuando es él quien ataca y ofende. En los primeros párrafos destinados a España insistió en la idea de que se “irrespeta” a Venezuela: “¿Por qué tenemos que volver a épocas de irrespeto…? ¿Por qué la élite de España no hace una reflexión a fondo y rectifica? Nosotros no vamos aceptar que se metan en nuestra patria sagrada. Seríamos unos cobardes si dejáramos… si no nos respetan, somos los guerreros de Bolívar y Guaicaipuro”.

Al insistir en su lado más duro contra el gobierno español probablemente buscara no mostrarse débil con el enemigo. De todos modos, diversos altos cargos ya habían señalado que España no pretendía romper relaciones diplomáticas con Venezuela y que era partidaria de mantener abiertas las vías del diálogo. De ahí que no llamara la atención la respuesta del ministro español de Exteriores José Manuel García-Margallo insistiendo en el pronto retorno del embajador a Caracas. Ni que concluyera de forma tajante: “Una vez que Maduro ha dicho que vamos a conducir nuestras relaciones desde el respeto mutuo es obvio que estamos más que encantados de recoger ese guante”.

Por CARLOS MALAMUD

Infolatam, Madrid, 26 abril 2015

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