Es la gente

No pudo ser más claro el mensaje de Humberto de la Calle a las Farc cuando les dijo que su problema “es con la gente. No con los militares. No con la llamada oligarquía. No con los políticos. Es con la gente”. Es el desprecio por la gente lo que explica que las Farc hayan pensado que matando 11 soldados iban a lograr que la sociedad presionara por un cese bilateral.

Este desprecio no es nuevo. El ADN soviético de las Farc les impide considerar que los sentimientos y la opinión de la sociedad sean independientes del Estado, de las élites económicas y de los medios de comunicación. Para ellos, cualquier manifestación de la gente en su contra es el resultado de una manipulación de la conciencia de clase. Lo racional sería que la sociedad, por el predominio de las clases populares, se sintiera identificada con la insurgencia.

La realidad no es así. La gente es menos manipulable de lo que se cree, y la manipulación llega a un punto en que es insostenible ante la contundencia de los hechos. En una democracia, ni un presidente como Santos, quien proviene de las entrañas del poder económico y de los medios del país, puede evitar que lo abucheen precisamente por los excesos de las Farc durante los diálogos.

Hay muchas razones para que la gente desprecie a las Farc, por pura reciprocidad, por ejemplo. Pero las razones pueden resumirse en una lógica simple: las Farc demandan de la gente una serie de sacrificios extremos en el logro de sus objetivos políticos, al tiempo que no ofrecen ninguna recompensa creíble por estos sacrificios.

No es solo la muerte de los soldados. Es la muerte de miles de guerrilleros rasos que provienen de las peores formas de la miseria rural. Son los secuestros, las masacres, los desplazamientos. Es, en suma, una guerra que recae sobre los hombros y la sangre de la gente, que siente que todos los sacrificios son inútiles porque está convencida de que poco tiene que ganar, y sí mucho que perder, si las Farc llegan al poder.

A muy pocos se les ocurre que un gobierno de ‘Timochenko’ y ‘Márquez’ pueda mejorar la situación de los más pobres. Pero la gente hasta perdona que hayan traído tanto dolor, violencia y ruina solo para materializar sus aspiraciones de poder. Lo único que pide es generosidad para aceptar un tratamiento blando de la justicia transicional, dada la magnitud de sus crímenes, y poner fin de una vez por todas a cuatro décadas de guerra.

Gustavo Duncan

El Tiempo, (Bogotá). Abril 22, 2015

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