El simulacro de las militantas

Unos pocos militantes y una multitud de militantas correístas reaccionaron con indignación contra las declaraciones que el secretario jurídico de la presidencia, Alexis Mera, virtió en una entrevista con Santiago Estrella de El Comercio. Ojalá demostraran la misma resolución y parecida enjundia para oponerse a las políticas públicas que esas declaraciones expresan. Porque lo que dijo Mera recoge, si no con exactitud sí con bastante aproximación, el espíritu del Plan Familia tal y como ha sido explicado en varias ocasiones por el propio Presidente de la República, a saber: el Estado proveerá a los adolescentes de una educación sexual fundada en valores morales (y no centrada en un enfoque de derechos, como prescribe el artículo 347-4 de la Constitución), y privilegiará el método de la abstinencia por sobre los de la anticoncepción para evitar los embarazos precoces. Claro que el funcionario añadió a todo eso el color que brotó con naturalidad de su paleta. Dijo cosas que otros se cuidarían de decir, por ejemplo aquello de que “El Estado debe enseñar a las mujeres que es preferible que retrasen su vida sexual” (las mujeres, no los hombres), o que “Las mujeres no se valoran adecuadamente porque se dejan violentar”, entre otras barbaridades muy propias del curuchupismo sincero y del machismo espontáneo y básico de un tinterillo del siglo pasado. Pero ¿qué esperaban? ¿No debía Alexis Mera defender el Plan Familia? ¿Hay otra manera de hacerlo que no sea desde una perspectiva curuchupa y machista?

Está visto que los militantes y las militantas correístas que el martes se volcaron a las redes sociales para escarmentar a Mera pueden convivir más o menos tranquilamente (sólo hace falta mirar para otro lado) con un cuerpo de políticas públicas reaccionario y machista. No hay problema. Ahí siguen. Lo que no pueden soportar, lo que subleva sus ánimos y reclama su acción inmediata es que un funcionario haga declaraciones reaccionarias y machistas. Eso sí que no. Hay que rechazarlo con determinación y energía. Es lo que llaman tener una posición frontal y valiente. Y se felicitan por ello.

Posición frontal y valiente la de Betty Tola. Ella tuiteó: “La violencia jamás es culpa de la mujer, es un problema de salud pública: seis de cada diez mujeres la sufren. Por eso tenemos Plan para erradicarla”. Lo tienen, en efecto: un plan que prescribe enseñar a las mujeres a que se valoren porque considera la violencia machista como un problema moral, no como un problema de seguridad o salud pública. ¿No es así? Un plan del que Alexandra Ocles parece no haberse enterado: “Total rechazo –escribió ella– a las declaraciones de Alexis Mera, retrógradas y atentatorias contra la política pública con enfoque de género. ¡¡Qué indignación!!”. Perdón, pero ¿de qué políticas públicas con enfoque de género está hablando? ¿No fue el mismo Presidente quien dejó claramente establecido aquello de que con-mis-políticas-públicas-nada-de-enfoque-de-género? ¡Lo dijo casi literalmente! ¿Por qué no se indigna con él? ¿Por qué no le tuitea su total rechazo y añade todos los signos de admiración que le dicte la cólera?

Finalmente, espoleado por un tuitero, el propio Rafael Correa salió a zanjar este remedo de debate por la misma vía. Dijo que las declaraciones de Mera son “Opiniones personales que además no tienen nada que ver con sus funciones”. Y concluyó: “No las comparto y la política la decide el Presidente”. Menos mal. Tema resuelto. Ahora Gabriela Rivadeneira, Rosana Alvarado, Linda Machuca, Paola Pabón, Gina Godoy y el resto pueden cantar victoria y celebrar el hecho de haber puesto en su sitio al secretario jurídico de la Presidencia. Nada de eso cambiará lo fundamental. Y lo fundamental es que las políticas públicas vigentes son las que él describió en esa entrevista y sus opiniones personales, aunque el Presidente no coincida con ellas (¿será?), no desentonan para nada con el Plan Familia. Eso lo saben perfectamente las militantas, no importa si deciden jugar al juego de las apariencias, practicar la política de los simulacros o hacerse las giles frente a los hechos consumados.

Hecho consumado: cuando ellas defendieron en la Asamblea la legalización del aborto en caso de violación las mandaron a callar. Y ellas callaron, claro, y votaron contra su conciencia por una ley que contradice lo que creen. El país no ha olvidado cómo por esos días el mismísimo Alexis Mera, en un memorándum interno cuya autenticidad nunca fue desmentida y dirigiéndose al Presidente con la complicidad que sólo crea la costumbre, les endilgó un mote grotesco e infamante: “las mal culeadas”. ¿Así las llaman en Carondelet, en el mero despacho donde se cocina el Plan Familia? ¿A quién fue que pusieron en su sitio, a quién sometieron? ¿Quién, en últimas, perdió definitivamente y hace rato esa batalla que hoy simulan reeditar?

Chistosa indignación la de militantes y militantas. El rizo lo rizó Gina Godoy: ella puso el ingrediente que faltaba para completar la receta de la sopa correísta. No bastaba con desconocer la realidad, montar un simulacro de debate y dar por resuelto el lío que ellos mismos crearon. Había además que culpar a los otros. Y en este caso, ¿quién mejor que el periodista? Godoy se preguntó con cuánto de esa entrevista El Comercio “contribuye a reproducir lo que reprochamos”. Y expresó su reproche y su rechazo a ambos: a Alexis Mera y al diario. Porque quien reproduce el machismo y las ideas reaccionaras, claro, no es el Presidente que dicta políticas machistas y reaccionarias ni menos, mucho menos, las asambleístas que callan cuando se lo mandan. Quien reproduce el machismo y las ideas reaccionarias es el periodista que hace preguntas al respecto y, por si fuera poco, ¡se atreve a publicar las respuestas! Lo que había que hacer, claro, era censurar la entrevista, abstenerse de publicarla. ¿No está claro que con la abstención se soluciona todo?

Roberto Aguilar, Ecuador.

Estado de propaganda, marzo 19, 2015

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