El Senado, nuevo campo de batalla de Uribe y Santos

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El gran ganador de las elecciones pasadas, sin duda alguna, fue Álvaro Uribe Vélez y su recién creada colectividad que más que un partido político, en la estricta definición del término, responde a las características de un movimiento de culto al líder o caudillo, de vuelta al pastor para salvar el rebaño, esta vez, desde el legislativo. Uribe sigue despertando pasiones y agitando a las masas. Si dependiera únicamente del favor de los electores tendría para gobernar un tanto más. Es buen momento para recordar, reconocer y aplaudir a la Corte Constitucional cuando en 2010 impidió que el entonces presidente Álvaro Uribe, pudiera postularse y aspirar a un tercer mandato. Pese al descrédito, algunas instituciones funcionan en Colombia. Habría que preguntarse, dejando a un lado la esperanza y el deseo, si es realista sorprenderse con los resultados de las urnas ¿Por qué esperar más de lo que define a nuestra cultura política? La decepción viene por las altas expectativas de algunos sectores de la sociedad, especialmente de quienes se inclinan por el voto de opinión. Sin embargo, al observar la composición y el número de curules obtenidas por los candidatos y sus partidos, se observa que la correspondencia entre los electores y las personas elegidas como representantes y senadores, son una muestra clara de lo que somos y de lo que nos define como sociedad.

Colombia es un país con una marcada tendencia hacia la derecha y esta vez no fue la excepción. ¿Por qué disimularlo? ¿Para qué negarlo? Se lleva casi que en la sangre y esta vez simplemente se reafirmó, ya sea hacia la centro-derecha con el Santismo y la coalición de Gobierno o hacia una versión más extrema de la derecha con el Uribismo y su Centro Democrático y con algunos de los miembros del partido Conservador. Otra inquietud que surge de estas elecciones se da respecto a la cantidad de votos que logró el Uribismo como segunda fuerza política del país, 2.045.564 para el Senado ¿Cuántos de estos votos fueron depositados para otros candidatos que no fueran el ex-presidente Álvaro Uribe? ¿La gente votó pensando en los otros candidatos de esa colectividad, conocían a los demás candidatos, se sienten representados por estos?

Es evidente el desprestigio y el agotamiento de los partidos políticos tradicionales y del Congreso como institución. Imperan otros factores e intereses, incluso, el carisma de sus representantes más allá de las ideas y proyectos. Entre los candidatos con mayores votaciones, a saber: Álvaro Uribe que llegó a través de voto no preferente y en lista cerrada; Jorge Robledo fue el más votado; Horacio Serpa con reconocida trayectoria política y vinculado al escándalo del Proceso 8.000; y Roberto Gerlein que lleva 40 años como Senador y antes de eso fue Representante a la Cámara durante una legislatura entre 1968 y 1973. De sus intervenciones notables, se encuentra una muy reciente: en mayo de 2013 cuando hundieron el proyecto del matrimonio igualitario. El senador Gerlein resumió la posición de quienes se oponían y sus argumentos, incluso, fueron más allá, justificó que la Constitución no puede primar sobre la Biblia a la hora de legislar: “La Biblia es la luz de la civilización occidental, la Biblia no se puede marginar, es la gran iluminadora de nuestras instituciones, es la gran formadora de la civilización occidental”.

¿Dónde está la renovación? ¿No son acaso estos recién electos y re-electos senadores los que lograron las mayores votaciones del país? Son el reflejo de la política tradicional con todos sus vicios incluidos. El senador Robledo, por supuesto, es una excepción. Ha realizado una importante labor de denuncia y control político al interior del Congreso, lo que lo convirtió en el más férreo detractor de la Unidad Nacional y del presidente Santos. Sin embargo y pese al enorme potencial de Robledo, su posición y su discurso radical y combativo resulta muy extremo y en ocasiones poco edificante. Es un discurso ubicado a la izquierda pero no por ello menos excesivo que el de aquellos que encarnan y representan a la derecha en su máxima expresión. El senador, incluso, no descartó alianzas y puntos de encuentro con otros sectores aun cuando sea el Centro Democrático en tanto existan coincidencias en lo que a su juicio sea “la base de lo que más le sirva a la nación colombiana”. No le vendría nada mal al Polo ser más democrático, constructivo y menos populista. Habría que ver si el desencanto ciudadano sumado a las malas gestiones de ese partido, -en el segundo cargo más importante del país, la alcaldía de Bogotá-, no tuvo incidencia en los modestos resultados.

Quizás también, su posición sobre los hechos que ocurren en Venezuela. Por supuesto, en la línea complaciente de la izquierda latinoamericana: obsecuente, de respaldo al presidente Maduro, descalificando las movilizaciones, denunciando que lo que allí ocurre son intentos de la “derecha fascista” para desestabilizar el Gobierno democrático de Nicolás Maduro.

En la otra orilla ideológica y en contraste con lo anterior pero que no deja de ser cínico y oportunista, se encuentra Álvaro Uribe. El ex presidente tomó la vocería como adalid de la democracia y reclamó por los incidentes acaecidos en Venezuela, exigiendo y solidarizándose en favor de las voces disidentes del régimen de Nicolás Maduro. Pescando en río revuelto, advirtió la amenaza Castro-Chavista, a la que, según Uribe, ha encaminado el presidente Santos al país. El fanatismo y la ignorancia han hecho su tarea en muchos de los seguidores que hoy repiten tal discurso, desconociendo deliberadamente los procesos que se llevan a cabo en Colombia. En todo caso, no deja de ser paradójico que Uribe tomara las banderas de la democracia, la institucionalidad, el derecho a la protesta y la defensa de los derechos humanos cuando, justamente, fueron estos temas los que se vieron vulnerados, al igual que la lucha contra la corrupción, durante su gestión. Su Gobierno tuvo características autoritarias y hasta se calificó de mafioso, debido a los numerosos episodios de corrupción y a la infiltración del paramilitarismo en el Estado. Lo anterior permite apreciar que los conceptos de democracia y derechos humanos además de banderas que se agitan para movilizar electores, se reducen y se instrumentalizan tanto en la izquierda como en la derecha, en sus versiones más extremas. Es decir, son recursos necesarios para alcanzar un fin, pero luego se los puede desconocer sin reparo alguno, amparándose en la legitimidad de origen y en el favor de las mayorías.

Por su parte, el presidente Juan Manuel Santos se mostró moderado, los resultados no alcanzaban para una euforia mayor, obtuvo 21 senadores, pero perdió 7 en relación a las elecciones legislativas de 2010 y además, el Partido Conservador se desmarcó de la Unidad Nacional. Eso también lo evidenció el primer mandatario. La coalición de cara a la carrera por la reelección quedó conformada por el Partido de La U, por Cambio Radical y por el Partido Liberal, sumando 47 curules con lo que no alcanzan a ser mayoría absoluta. Los partidos perdieron, no tuvieron los resultados esperados, a excepción de Cambio Radical que obtuvo una curul más respecto a 2010 y al Centro Democrático de Uribe, el gran vencedor de la jornada, como ya se ha dicho.

En su corta alocución desde la sede del partido, Juan Manuel Santos se dirigió a Álvaro Uribe para felicitarlo por el “decoroso segundo lugar” y lo invitó a dejar atrás los odios para trabajar por el país. Los demás partidos perdieron respecto al número de escaños al Senado que habían logrado en 2010, aunque todos se dijeron ganadores. El Polo Democrático perdió 3, el Partido Conservador perdió 4, pese a esto es la tercera fuerza política del país a la que buscará seducir tanto el oficialismo, como el uribismo. La posición del conservatismo no será homogénea, se infiere. El Partido Liberal perdió en términos de expectativas, mantuvo el número de escaños en el Senado pero aspiraba a más. MIRA no logró los votos necesarios para obtener representación y sin embargo, una de sus insignes representantes indicó que “contra todo pronóstico se puede dar un parte de victoria”, esto para decir que no perdieron la personería jurídica. Los demás partidos y movimientos, ni suenan, ni truenan.

Contrario a lo que expresó el presidente Santos, “una señal importante para el país y para el mundo entero, que la inmensa mayoría queremos la paz”, el camino para Juan Manuel Santos en la búsqueda de la reelección no será fácil y en caso de lograr avanzar hacia una segunda gestión la gobernabilidad tampoco será sencilla. No sólo tiene al uribismo que buscará hacerle zancadilla, también deberá enfrentar a la izquierda y a los conservadores que respalden a Uribe. Es claro que la Unidad Nacional tendrá que establecer alianzas y seguir haciendo concesiones para avanzar, principalmente, en lo que respecta al proceso de paz. La designación de Germán Vargas Lleras como fórmula vicepresidencial le imprime carácter a la aspiración de Juan Manuel Santos y puede llegar a sumar y a generar confianza en los sectores más críticos del proceso de paz que consideran que se ha cedido mucho en términos de seguridad. Antonio Navarro Wolf, Jorge Robledo, Iván Cepeda, Juan Manuel Galán, Claudia López, (quien llega con la más alta votación por el Partido Verde, investigadora y analista política que denunció la parapolítica en los gobiernos de Uribe) y otros más, representan una ventana que se abre permitiendo la entrada de aire fresco en tan contaminada institución.

Uribe tampoco la tendrá tan fácil. La nueva composición del Congreso de la República promete intensidad para los próximos 4 años, pese al desencanto de un significativo número de electores y abstencionistas, la conformación del poder legislativo no resultó del todo negativa, tratando de ver el vaso medio lleno, permitirá un mayor control político tanto para el Ejecutivo como al interior del Legislativo en comparación a lo que hay hoy, no sólo al oficialismo, también para la derecha opositora representada en el uribismo, no sólo desde la izquierda, también desde la derecha. En particular, el Senado será todo un campo de lucha, de antagonismos y de confluencia de capitales, un escenario para medir fuerzas y relaciones de poder, para imponerse, para dominar y también para resistir.

Por Clara RIVEROS, para SudAméricaHoy (SAH)

Viernes 14 de marzo de 2014

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