El secuestro de Manuela Picq no ha tenido lugar

Terminó la sabatina número 437, transmitida desde Pimampiro (ánimo, sólo faltan 91), y el presidente de la República no dijo ni media palabra sobre Manuela Picq. ¡Cómo será de miserable y descarado el montaje que la Cancillería ecuatoriana y el ministerio del Interior han urdido en torno a la periodista franco-brasileña para que ni siquiera Rafael Correa quiera involucrarse! ¡Él, que en estas inmoralidades de mentir con desparpajo nos lleva la delantera a todos y ha sido capaz de hacerlo hasta por un dirigente universitario de sospechosas calificaciones! Pues en esta ocasión, ni pío. Se explica. Porque lo de Manuela Picq es una vergüenza. Lo sabemos porque su detención (violenta, ilegal, arbitraria) quedó registrada en un video de diario El Comercio. Júzguense los hechos:

  1. Manuela Picq es inocente. No hizo nada. La detuvieron a patadas en la placita de La Merced durante las protestas del jueves 13 de agosto, en las que participaba legítimamente junto con su pareja, el dirigente indígena Carlos Pérez, de Ecuarunari. Verdad es que, en el lugar donde se encontraba, un grupo de manifestantes causaba desmanes. Personas armadas con largos troncos habían improvisado un ariete y arremetían contra el cinturón de policías que, en la esquina de las calles Cuenca y Chile, impedía el paso en dirección hacia la Plaza Grande. Pero ella no participaba en estas acciones violentas, como se ve en la versión completa del video de El Comercio. Se mantenía al margen. No estaba armada. No agredía a nadie. 48 horas después de su detención, el Estado ecuatoriano no ha podido acusarla de nada. Sin embargo la van a deportar. ¿Por qué la van a deportar? Porque no tiene visa. ¿Por qué no tiene visa? Porque se la revocaron. ¿Por qué se la revocaron? Al parecer, porque fue detenida. ¿Por qué fue detenida? Obvio: ¡para deportarla! La lógica de la Cancillería y el ministerio del Interior es impecable.
  1. La Policía actuó con dedicatoria. El video muestra cómo los antimotines arremeten de pronto contra los manifestantes y estos huyen atropelladamente. Manuela Picq no tiene tiempo: no menos de diez uniformados van directamente tras ella y la reducen en cuestión de segundos. Diez policías contra una mujer desarmada. La botan al suelo, golpean su cara a toletazos, la patean, la arrastran por la calzada. Mientras tanto, dos antimotines, usando sus escudos como parapetos, en lugar de correr tras los violentos permanecen en el sitio, cubriendo el atropello. Como matones de barrio. ¿Por qué la eligieron a ella entre todos los manifestantes? ¿Por su relación con Carlos Pérez? ¿Por su apoyo al movimiento indígena, que es público? ¿Porque es extranjera? Sabemos, por anteriores jornadas de protesta, que la tenían filmada e identificada. ¿Querían darle un escarmiento y echarla del país? ¿Es eso una actuación policial legítima? ¿Así procede el ministerio de Relaciones Exteriores cuando quiere deshacerse de alguien?
  1. La visa le fue retirada sin razón. Manuela Picq llevaba más de doce horas secuestrada (¿hay otra manera de decirlo?) sin que nadie pudiera exponerle, como manda la Constitución, “en forma clara y con un lenguaje sencillo, las razones de su detención”, cuando llegó un comunicado de la Cancillería en el que se informaba que su visa había sido cancelada. No medió, como exige la ley en estos casos, una resolución motivada. Simplemente se le revocó la visa porque se le revocó la visa. Punto. Hablamos de una persona que reside en el país, aunque sea de forma intermitente, desde hace ocho años. Una profesional con permiso de trabajo y un empleo estable, con lugar de residencia, relaciones, pareja… ¿No va a explicar la cancillería el porqué de su resolución?
  1. La Policía falsificó los hechos. Es la parte más increíble de esta historia. El video de diario El Comercio ya se había difundido lo suficiente en las redes sociales cuando apareció, para sorpresa de todos quienes lo habíamos visto, el parte policial de la detención de Manuela Picq. Es un documento inaudito: pretende que todo lo que está registrado en el video es una mentira; que los policías que están prácticamente linchando a Manuela Picq en realidad la están socorriendo, que la están librando de la agresión que le propinaron otros sujetos, desconocidos, que aprovecharon el caos de las protestas para escabullirse. Y que luego, mientras la hacían atender por los médicos, Cancillería les comunicó que no tenía visa (obvio: se la acababan de quitar), así que la mantuvieron retenida para su deportación. Cosa inverosímil pues el parte, supuestamente, fue redactado el jueves, mientras que la visa no fue cancelada hasta el viernes. Esta versión es la que el ministerio del Interior ha difundido en su página Web bajo el título Ciudadana extranjera con permanencia irregular en el Ecuador recibió apoyo de la Policía Nacional. Utilizando incluso un video (cortado, editado y descontextualizado) en el que aparece Manuela Picq hablando de lo bien que la han tratado.

Estos son los hechos y son una vergüenza. Para el país, para las autoridades responsables e incluso para aquellas otras que, sin serlo, guardan silencio ante lo inaudito. ¿Qué tiene que decir, por ejemplo, Guillaume Long, el ministro de Cultura que no entiende una jota de su cartera? Académico extranjero como Manuela Picq, profesor universitario como ella, seducido también por este rincón del mundo, por sus luchas sociales, por sus movimientos populares… ¿No se reconoce en ella a sí mismo tal como era antes de su vertiginoso ascenso por la escala del poder? El jueves, mientras la Policía la pegaba él cantaba las canciones del trasnochado repertorio revolucionario a sólo dos cuadras de distancia, al otro lado de los cinturones policiales, más allá de las motos, de los caballos, de los escudos, de los perros guardianes. Hoy, Manuela Picq está bajo secuestro y él, en silencio. Tipo claro, valeroso, coherente este Guillaume.

¿Qué tiene que decir el canciller encargado, Xavier Lasso, sobre la deportación de Manuela Picq? Es su responsabilidad directa. ¿Está satisfecho con el proceso? ¿Le parece justo? ¿Sería capaz de explicar las razones legales por las cuales le fue revocada la visa? ¿Cree, de verdad cree en su corazón, que esta es la forma como se construye el Ecuador del buen vivir que nutre sus sueños? Maltratando personas, secuestrándolas, expulsándolas y luego tramando un montaje canalla para justificarlo todo, mintiendo con descaro, desconociendo evidencias, falsificando los hechos… ¿Es eso decente para Xavier Lasso? ¿Es moral? ¿Puede leer la nota titulada Ciudadana extranjera con permanencia irregular en el Ecuador recibió apoyo de la Policía Nacional sin descomponerse? ¿Haber votado en las Naciones Unidas a favor de Corea del Norte, la tiranía más delirante del planeta, le preparó espiritualmente para esto? ¿Tampoco piensa decir una palabra al respecto?

El caso de Manuela Picq es un escándalo. No sólo es el tamaño del atropello infligido contra ella. Es la capacidad de montar una realidad paralela en la que ese atropello, aunque nos conste a todos, no ha tenido lugar. Esa capacidad de negar la realidad aun contra evidencias públicas tan contundentes como un video, esa facilidad para mentir con desparpajo y sin ruborizarse siquiera, es directamente proporcional al desprecio que los funcionarios que así actúan sienten por nosotros. Por eso, el caso de Manuela Picq demuestra hasta qué punto los ecuatorianos nos hallamos en la indefensión. Hoy sabemos que cualquier rata con grado de sargento y unas ganas inmensas de anotarse un punto con el jefe puede venir e inventarse impunemente cualquier historia sobre nosotros. A pedido. Lo que sea. Y que siempre podremos contar con el sepulcral silencio de tantos a quienes alguna vez consideramos personas decentes y hoy el poder ha transformado en canallas. O quizás sólo en gallinas. Porque el correísmo está lleno de cómplices. El correísmo está lleno de cobardes.

logofundamedios

Roberto Aguilar, Ecuador.

Estado de propaganda, agosto 15, 2015

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