“El gobierno que traicionó a su pueblo”

HugoChávez

En días pasados, el Secretario de la OEA, Luis Almagro, envió un mensaje en duros términos a Nicolás Maduro, presidente de Venezuela. Almagro acusó a Maduro de traicionar a su pueblo y de ser responsable del sufrimiento que padecen los venezolanos, de la muerte de niños en los hospitales por falta de medicinas y de la miseria en que el chavismo sumió al país. Algunos consideraron que los términos empleados por Almagro fueron excesivos pero ¿Realmente lo fueron? Contrastar las palabras del Secretario de la OEA con algunos testimonios permite hacer algunas inferencias.

Vanessa Gutiérrez (31), venezolana, ingeniera en computación, se radicó en Buenos Aires hace seis años, ella como miles de venezolanos, no planea regresar a su país. “En aquel entonces la situación no era ni la sombra de lo que es hoy (…) trabajaba para una empresa petrolera mixta y daba clases de inglés en un instituto, durante el último año que viví allá sufrí dos asaltos -uno con cuchillo y otro con pistola- ambos tratando de hacer mi recorrido de vuelta a casa. Ese último año tuve la oportunidad de viajar al exterior, en tres semanas me di cuenta de que lo que se estaba viviendo en Venezuela no era normal, que había lugares donde se podía vivir mejor, estar mejor. Fue así como inicié mi mudanza y proceso de desarraigo”.

Días antes de que iniciaran las protestas de 2014 y de que se intensificara la represión gubernamental que dejó decenas de muertos, heridos y detenidos, Vanessa visitó a su familia y regresó a Argentina con la intención de no pisar Venezuela nuevamente. “La situación no hecho más que empeorar lo cual reafirma que mi decisión de dejar todo y comenzar una vida nueva en otro país fue lo mejor que hice (…) cuando me preguntan si extraño algo respondo que, aparte de mi familia no extraño nada, ni siquiera la comida porque donde vivo hasta harina para hacer arepas encuentro. Cuando me preguntan si volvería, en el caso que haya un cambio de gobierno, mi respuesta es no”.

Vanessa tiene una mirada muy crítica sobre su país, no solo hacia la élite gobernante. Para ella hay una cuestión más profunda, es un tema cultural arraigado en el comportamiento de la sociedad venezolana que ha permitido llegar a la actual degradación. “Venezuela tiene mucho potencial y en algún momento saldrá de toda esta situación, sus habitantes son su perdición y salvación al mismo tiempo y de ellos dependerá que tan rápido se levante el país. Pienso en el daño que sufrió el país, no solo en lo económico sino a nivel social. Venezuela sufrió una descomposición que en mi opinión tomará unas cuantas generaciones [superar]. Hoy en día la gente prefiere hacer negocios turbios y aprovecharse de los demás para así vivir mejor, hace uso de las dificultades y desdichas de los demás para generar ingresos o beneficiarse, agreden e incluso matan para poder sobrevivir. Son cosas que siempre estuvieron presentes pero que se acentuaron a un nivel sin precedentes. Y ni hablo de los niveles de corrupción, hoy en día ante tus narices pasan las cosas y uno solo puede ver u oír con impotencia las historias de los testigos”, concluye la ingeniera.

Colombianos-deportados-Venezuela-Foto-EFE_NACIMA20150828_0045_6

Teresa (60) es colombiana y lleva 38 años en Venezuela, más de la mitad de su vida. Se marchó a ese país con su esposo y tres hijas pequeñas, allí nacieron los otros dos. En ese país no solo vio crecer a sus hijos sino que se convirtió en abuela de cinco nietos. Dejaron Colombia buscando mejores posibilidades laborales y económicas para una familia de clase media que gracias a su decisión pudo dar educación y una vida estable a sus hijos. Hoy todos son profesionales y buscan la manera de dejar el país, todos formaron sus familias y tienen hijos, las decisiones no pueden tomarse a la ligera. “Fue en el gobierno de Herrera Campins que nos dieron la residencia venezolana (…) nos enamoramos de Venezuela”, pero pasaron los años y llegó Chávez. “Aunque el Gobierno de Chávez nos iba empobreciendo –nunca fuimos chavistas- nosotros pensábamos que mientras hubiese trabajo y libertad,  se podía seguir viviendo”.

Luego llegó Maduro y la vida ha sido muy dramática desde entonces. Durante las protestas de 2014 se refugiaban en casa mientras afuera pasaban bandas del gobierno en motocicletas disparando. Ellos, como todos los venezolanos sufren la escasez y viven tratando de darle la vuelta a la realidad. “¿Cómo conseguimos comida? Aparentemente, la vida aquí se nos convirtió en conseguir comida, solo pensamos cómo y dónde o con quién podemos encontrar lo que nos falta. Los chicos se valen de sus contactos en los supermercados, una vez al mes nos venden bajo cuerda y a escondidas un combo que contiene harina, arroz, pasta, a veces, papel, otras veces mantequilla o azúcar. En fin, como cinco o seis productos y máximo dos unidades que repartimos para toda la familia. También están los bachaqueros [revendedores] con los que se consigue, por ejemplo, el arroz, que al precio regulado está en 90 y ellos venden en 1500”.

Uno de los yernos de Teresa -de origen cubano que llegó a Venezuela años atrás en una de las misiones deportivas enviadas por el régimen de los Castro- emprendió su travesía el año pasado. Cruzó Centroamérica hasta llegar a Estados Unidos y ahora está en proceso de legalizar su situación, entre tanto, envía a su familia venezolana  los productos de aseo y limpieza. “Nunca pensamos que la situación llegaría a tanto, estamos esperanzados en que los muchachos puedan salir de aquí, todos, pero legalmente”. La familia tendrá que dividirse en las próximas semanas, algunos ya han obtenido la visa americana y dejarán el país. Teresa confía en que se celebre el referéndum y haya un cambio de gobierno. “Seguimos con fe y esperanza de que cambie la situación (…) uno se acuesta pensando que cuando amanezca va a encontrar esa noticia (…) sí hay un cambio de gobierno seguiremos aquí, de lo contrario, tendremos que salir”.

Rodolfo González
Rodolfo González y esposa

Lissette González (44) es Doctora en Sociología. Además de enfrentar las dificultades que suponen la escasez o la inseguridad, ella y su familia han sido víctimas directas del régimen autoritario que gobierna el país. Lissette es profesora de la Universidad Católica Andrés Bello, madre de dos hijos, bloguera y muy activa en redes sociales, ha ido narrando –“crónicas de escasez”– el día a día de Venezuela. En febrero de 2014 diferentes analistas pudieron conocer su pertinente opinión cuando afirmó que las marchas  que buscaban “La salida” no eran la vía más eficiente para lograr un cambio político en el país, además que “para ganar elecciones hay que ser mayoría y no lo somos”. Lissette apostaba al trabajo organizado para llegar a los sectores populares y así ganar las elecciones legislativas de 2015 que posibilitaran los cambios por vía institucional una vez se recompusiera cierto equilibrio en los poderes. Su rechazo a toda manifestación violenta fue y ha sido evidente.

Sin embargo, para ella y su familia lo peor ocurrió en los meses siguientes, finalizando el mes de abril, el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional –SEBIN- detuvo a su padre, un señor de 63 años. Lissette observó que: “sin pruebas e investigaciones, sin presunción de inocencia, solo por el testimonio anónimo de un patriota cooperante” se lo llevaron. “Después de los alegatos de la Fiscalía y de los defensores, durante el receso que tomó la juez para dictar sentencia, salió el Presidente Maduro en cadena nacional de radio y televisión hablando de “el aviador” [acusando a su padre de ser el], supuesto cerebro de las guarimbas [las protestas callejeras que se centraban en el cierre de calles]. El poder judicial acababa de recibir una orden directa por TV”.

La justicia ordenó una medida privativa de la libertad para Rodolfo González. Desde entonces, el padre de Lissette estuvo preso a pesar de sus condiciones de salud. El 13 de marzo del año pasado, Rodolfo González se suicidó en su celda luego de que le informaran que sería trasladado a un penal considerado de alta peligrosidad. A Josefa de González, madre de Lissette, se le impuso una medida cautelar por la que tuvo que presentarse a la justicia cada mes hasta el año pasado. Ahora espera a las audiencias del juicio que todavía no ha empezado, es decir, su situación legal sigue sin resolverse.

Lissette llegó a considerar salir del país, principalmente por razones económicas. “Cada vez se hace más difícil mantener los gastos de comida, la casa, el colegio de los niños”. Aunque, “el último año he estado un poco más tranquila -si acaso es eso posible en esta coyuntura- porque después de la muerte de mi papá me mudé a la casa de mis padres y eso me ha dado una mayor estabilidad al no tener que pagar alquiler”. Su hijo mayor irá dentro de poco a la universidad. “Veo difícil migrar en este momento: aun teniendo trabajo, no es tan sencillo asegurar que podría costear su educación universitaria con los costos de otros países. Así que por ahora el plan es quedarse, a menos que la situación cambie para mucho peor y termine no pudiendo asumir los gastos mínimos de vida”.

La profesora de la UCAB no tiene certeza respecto a la celebración del referéndum revocatorio, al menos en una fecha que permita convocar a nuevas elecciones presidenciales. “El gobierno quiere evitarlo a toda costa, igual que las elecciones regionales porque ir a cualquier elección en este contexto significa perder, y no están dispuestos. Sí se logra que haya elecciones es por la presión de la MUD y por las protestas ciudadanas. La evidencia hasta ahora es que el gobierno cuenta con todos los recursos para impedir el referéndum, el resto del país casi no tiene forma de impedirlo, aunque la solicitud es legal y legítima”.

Para los Estados miembros de la OEA pareciera que Venezuela tiene todo el tiempo del mundo, pero se olvidan o desconocen el país real y a millones de venezolanos con dramáticas historias que nada tienen que ver con el imperio, las amenazas externas y los delirios chavistas. Los que pudieron dejaron el país, otros quisieran dejarlo pero no han podido y algunos, aunque quisieran, no pueden hacerlo.

Clara Riveros, CPLATAM

Bogotá, junio 10, 2016

Dejar un comentario