El caso Nisman y los derechos humanos

El fiscal Nisman fue una víctima del terrorismo clandestino de Estado, como los miles de muertos durante la dictadura. Las dos referentes más conocidas de las organizaciones de derechos humanos, Hebe de Bonafini y Estela de Carlotto, no juzgaron importante señalarlo. Más allá de la convencional condolencia de Carlotto, ambas se preocuparon solamente del daño que el crimen podía hacer a la presidente.

No es sorprendente pero revela, una vez más, la curiosa parábola de la parte más notoria, y a la vez más degradada, de lo que supo ser el movimiento insignia de la democracia argentina.

La reivindicación de los derechos humanos durante la dictadura fue lo mejor que produjo la sociedad argentina en todo el siglo XX. Se redescubrió algo propio de una tradición liberal, largamente denostada por el nacionalismo, el catolicismo integral, el populismo y las vanguardias revolucionarias.

Fue una epopeya, porque los derechos humanos se esgrimieron heroicamente contra un régimen político terrorista. Fue la obra de un pequeño grupo de militantes, muy valientes y a la vez muy eficaces para desnudar el punto débil en el discurso del Estado terrorista. En 1983, el movimiento le dio a la democracia en construcción su mejor argumento: respaldar en una ética civil la construcción de una institucionalidad democrática y de un Estado de derecho.

Era un proyecto de destino incierto entonces, pero de seguro fracaso si no hubiera tenido este respaldo, que anclaba en un sector muy grande de la sociedad, más allá de sus diferencias políticas.

A la luz de la historia posterior hoy podemos apreciar que se trataba de un movimiento heterogéneo. La misma heterogeneidad existió en la reacción contra los militares luego de la derrota de Malvinas; entonces coincidieron quienes culpaban a los militares por haber ido a la guerra y aquellos que le reprochaban simplemente el haberla perdido.

En materia de derechos humanos, durante la dictadura no era tiempo de preguntas sino de sumar gente al escaso número de los luchadores. Las preguntas comenzaron a aparecer en los años finales de la dictadura y en los primeros de la democracia, cuando se sumaron muchos activistas; entonces surgieron matices, diferencias y orientaciones divergentes.

Muchos de los nuevos activistas provenían de una militancia cercana a las organizaciones armadas, que en el exilio se vincularon con las organizaciones internacionales de derechos humanos. Fue como el baño bautismal, que les permitió ingresar en la democracia purificados, sin tener que dar testimonio de algún cambio en sus ideas. Este grupo reforzó al sector más intransigente del movimiento, que comenzó a reivindicar la lucha de las víctimas, y luego la lucha armada y la violencia. Hebe de Bonafini expresa desde entonces la versión extrema de esta línea.

Por otro lado, aparecieron los profesionales de los derechos humanos. Ya en democracia, las organizaciones comenzaron a recibir apoyo financiero de fundaciones internacionales y, posteriormente, se agregó el que venía del Estado. Desde 1999 funciona en la provincia de Buenos Aires la Comisión Provincial por la Memoria, generosamente dotada por la Legislatura, cuyas actividades se han extendido y diversificado de manera notable.

La iniciativa fue replicada por otros gobiernos provinciales, por universidades y otras instituciones. Los derechos humanos y la memoria dieron lugar a una profesión de la que muchos viven; la defensa de la llamada “política de derechos humanos” tiene, entre otras, una dimensión corporativa, similar a la de muchos otros grupos.

Esta versión de los derechos humanos está en la base de lo que recientemente se llamó el “setentismo”: la reivindicación de la “juventud maravillosa”, su proyecto y su heroico combate. A reencarnarlo los convocó Néstor Kirchner en 2003. La suya fue una decisión política importante y meditada: incluir en el frente que organizaba a las organizaciones de derechos humanos más radicalizadas, como Madres y también Abuelas de Plaza de Mayo, y captar a todos los profesionales, militantes y gente bien pensante que giran en este mundo.

La oferta incluía el reconocimiento público, la visibilidad y el ingreso al Presupuesto del Estado, notablemente incrementado, como se advierte en la ex Esma, donde cada quien tiene su propio quiosco.

A cambio, debían apoyar militantemente al gobierno. Fue un pacto fáustico, pues al aceptarlo las organizaciones perdieron el alma, es decir su condición de vigilantes de los derechos humanos, con independencia de los gobiernos y en nombre del conjunto de la sociedad.

Faltaba un paso: entrar en el gran juego del kirchnerismo. La reivindicación de los derechos humanos era sólo una parte dentro del relato. En el meollo de este régimen se encuentra un formidable mecanismo de acumulación privada realizada desde el Estado por políticos, en el que la obra pública y sus contratos ocupan un lugar central. Gobernar es contratar, podrían decir, aunque no necesariamente realizar.

Madres de Plaza de Mayo fue incorporada a este circuito a través de los “sueños compartidos” que montó Sergio Schoklender, personaje un poco extraño en una organización surgida del amor de madres por sus hijos muertos. Pero Kirchner lo hizo, Bonafini lo aprobó, y la organización emblemática de los derechos humanos terminó de corromperse, manchando en su caída a la más noble causa de la Argentina en el siglo XX.

Hace poco Mauricio Macri habló del “curro de los derechos humanos”. La expresión apenas refleja la realidad de este mundo donde, en una mezcla discepoleana, conviven gente de buena voluntad, aventureros, carreristas y corruptos. Si se piensa en las heroicas madres que hacían su ronda en la Plaza de Mayo en 1977, cabe preguntarse cómo se llegó a esto. Cómo comenzó.

Cuándo puso su huevo la serpiente, símbolo bíblico del demonio. También habrá que preguntarse cómo desarmar este curro, sin arrojar por el desagüe, junto con el agua sucia, al bebé inocente de los derechos humanos, que todavía necesita ser protegido y criado, por madres más auténticas.

Luis Alberto Romero, Socio del CPA

Los Andes, 1-2-15

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