El antisemitismo, ¿protegido en la cadena nacional?

Desde los primeros tiempos inmigratorios, en nuestro país los extranjeros fueron mal vistos y mal tratados por los criollos y los terratenientes exportadores.

A los judíos se los atacó por el lado de la falta de criterio patrio y la sevicia máxima solía ser el servicio militar o los profesores maliciosos en la Universidad.

El viejo coro nacionalista y fascista que se arrastra poderosamente desde antes de 1930 se deleitó con la pregunta: “¿Vos qué sos, judío oargentino?”. Y también con esta otra: “Si hay una guerra contra Israel, ¿vos contra quién peleás?”

Ya Hitler y otros utilizaron en demasía el dilema del cosmopolitismo, el internacionalismo y la presunta falta de arraigo del judío.

No es difícil explicarle al prejuicioso que cualquiera de nosotros, ya de segunda o tercera o cuarta generación en el país, somos por sobre todas las cosas argentinos, en todo el sentido amplio de la palabra. Después somos judíos. Y lo somos por religión, por descendencia, por participación, por emoción, por respeto a los antepasados, y esto seamos tanto devotos como laicos.

La Presidenta de la Nación viene cometiendo tropelías que resultan antisemitas. Que se pronuncian en un momento internacional delicado, donde la profunda crisis económica europea, por ejemplo, y la locura mística guerrillera de algunos, han promovido un nuevo y peligroso antisemitismo.

Esas muestras de antisemitismo también se concretaron en Venezuela por las confusiones del chavismo de igualar la realidad de Israel con la vida judía en resto del mundo.

La Jefa de nuestro Estado habla de los fondos buitres, y a eso lo asemeja al “Mercader de Venecia”, una obra maestra de Shakespeare en la cual el personaje principal es Shylock, un judío veneciano, que busca cobrarse una deuda. El drama transcurre en el siglo XVI. En sus tiempos, Shakespeare no conocía judíos porque Inglaterra los había expulsado.

Es decir, todos los dichos que se están pronunciando son el producto de una imaginación febril. Y antisemita.

Desde la Casa Rosada, también dijo que la dirigencia de la comunidad judía servía a los designios de los “fondos buitres”, que eran la “antipatria”.

Y ella agregó que primero “se es argentino y no judío y que ella es católica pero primero es argentina“.

Y nos quedan interrogantes importantes y graves, como los siguientes:

¿Todo este conjunto de pronunciamientos es el resultado de la torpeza o se trata de una acción alevosa de la Presidenta de la Nación?

¿Repetir consignas fascistas está protegido por las leyes argentinas?

Daniel Muchnik, Socio del CPA

Clarín, 20-7-15

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