EE. UU., Cuba y Venezuela

Los acercamientos de países enfrentados merecen el aplauso general. Es el caso de EE.UU. y Cuba. Pero esto, a la vez, ha creado otras expectativas: ¿El acercamiento influirá en las alianzas integradas por países afectados por el derrumbe de la cotización internacional del petróleo? Hay evidencias de que esto ya aflige gravemente a Venezuela, cuyo gobierno es muy activo en la agresiva entente anti yanqui de la ALBA. El presidente Nicolás Maduro está ante una nueva y peligrosa situación, diferente a la de los tiempos de Hugo Chávez, cuando éste podía darse el lujo de “vender” petróleo a precios preferenciales para captar amigos y aliados. Cuba aún se favorece con alrededor de cien mil barriles diarios de petróleo venezolano, que paga principalmente con los servicios de miles de cooperantes cubanos en Venezuela.

No es probable que Venezuela pueda seguir con esas dádivas a cambio de apoyos sectarios. El gobierno cubano seguramente lo supo y, para evitar lo que sufrió con el derrumbe de la Unión Soviética, tomó otra opción: un arreglo con Washington que podría hacer fluir inversiones a Cuba. Por supuesto, EE.UU. también ganaría, dejando de ser el acusado cuando se trata el caso cubano, pues se atribuyen todos los males de la isla al embargo impuesto por el presidente Kennedy en 1961 y ratificado por la ley Helms – Burton en 1992.

Ya se dio el primer paso. Pero la información disponible aún es insuficiente para percibir los alcances de este proceso. Se ha conocido un documento de la Secretaría de la Casa Blanca con trece puntos, entre ellos, la decisión de levantar ciertas restricciones,  y otros de mayor trascendencia, como la democratización de la isla. Pero no se sabe si Cuba ha manifestado un principio de aceptación para los cambios exigidos. Quizá haya cautela por la oposición de legisladores republicanos estadounidenses que exigen que se garantice que en Cuba habrá una efectiva apertura política democrática, el cese de las persecuciones, la liberación de los presos políticos, y la convocatoria a “elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal”, asegurando un “régimen plural de partidos”, según la Carta Democrática Interamericana, citada en el documento de la Casa Blanca.

Superar más de medio siglo de diferencias no será fácil. Tomará tiempo y, sobre todo, lealtad y buena fe.  Mientras tanto, quedan las incógnitas que seguramente se irán despejando paulatinamente, pues se trata de un proceso más largo y complicado de lo que se piensa. Y sólo se está en el comienzo.

Marcelo Ostria Trigo

El Deber, (Bolivia). Diciembre 24, 2014.

 

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