Ecuador abandona el Sistema Panamericano de Defensa

El pasado 4 de febrero el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, firmó un decreto denunciando elTratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), el equivalente panamericano de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte). De este modo, y según lo recogido en el Tratado, Ecuador está en condiciones de abandonar la organización en febrero de 2017.

Con el fin de dejar clara su postura, el 5 de marzo pasado se anunció oficialmente la salida de Ecuador de la Junta Interamericana de Defensa (JID), el otro pilar del sistema interamericano. De este modo, la ruptura ecuatoriana con las instancias hemisféricas de defensa es total.

El principal objetivo del gobierno de Correa es reforzar el proceso de integración suramericano (o latinoamericano) y de ahí que proclame “su vocación por el desarrollo de una nueva seguridad, donde primen los intereses regionales a través de organismos como el Consejo Sudamericano de Defensa (CSD), que forma parte del sistema Unasur”. Sin embargo, pese a las grandes expectativas suscitadas por la creación del CSD, éste no ha terminado de consolidarse como una instancia adecuada para gestionar la seguridad y defensa regionales.

Machala ( El Oro), 12 feb 2015.- El presidente de la República, Rafael Correa realizó un sobrevuelo por La Río Siete, en la frontera sur del país;

La iniciativa ecuatoriana contra el TIAR se inscribe en el contexto de una actitud similar de los principales países del ALBA (Alianza Bolivariana de las Américas). Durante la 42 Asamblea General de la OEA (Organización de Estados Americanos), celebrada en junio de 2012, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela anunciaron la denuncia formal del TIAR.Así lo hizo Nicaragua en septiembre de ese año, seguida al mes siguiente por Bolivia y en mayo de 2013 por Venezuela.

Pese a la retórica antiimperialista de estas declaraciones, la primera iniciativa seria de acabar con el TIAR fue de México. En septiembre de 2001, muy pocas horas antes de los atentados terroristas del 11-S, Vicente Fox anunció en Washington la determinación de su país de denunciar el Tratado, lo que finalmente hizo un año después: “Desde la perspectiva de México, el Tratado de Río no sólo representa un grave caso de obsolescencia e inutilidad, sino que ha impedido, en contra de sus propósitos, la generación de una idea de seguridad adecuada a sus alcances y necesidades”.

Cuando México adoptó esta actitud, el TIAR era una institución languideciente, incapaz de dar respuestas adecuadas a la coyuntura regional. Si bien el TIAR fue creado en 1947, dos años antes que la OTAN, su desarrollo no pudo ser más dispar. Mientras el último fue una pieza clave de EEUU en su enfrentamiento con la URSS durante la Guerra Fría, el primero apenas pudo despegar. Es más, mientras el TIAR subsiste a duras penas, la OTAN, pese a sus dificultades, sigue cumpliendo una misión.

Los permanentes obstáculos y reparos puestos por los distintos gobiernos latinoamericanos, con independencia de su origen y naturaleza (democracias o dictaduras, militares o civiles, de izquierdas o de derechas), tornaron estériles los esfuerzos de EEUU por dotarlo de contenido. Inclusive en el momento de su nacimiento la difícil relación del gobierno de Washington con la Argentina de Perón dificultó mucho las cosas.

A lo largo de su historia el TIAR tuvo una actuación relativamente marginal, vinculado con algunos acontecimientos de alcance regional en los cuales hubo una destacada participación de EEUU, como las invasiones de Panamá y Grenada. Hasta 1982, Guerra de las Malvinas, el Tratado se invocó oficialmente 13 veces. Sin embargo, en aquella ocasión, Washington se negó a aplicarlo aduciendo su pertenencia a la OTAN. Si el TIAR ya estaba tocado, a partir de entonces recibió su golpe de gracia.

La reciente iniciativa ecuatoriana ha tenido escasas repercusiones mediáticas. Algo similar ocurrió en 2012 con el anuncio del ALBA y los países renunciantes. ¿Por qué Ecuador hace esto ahora? Probablemente el deseo de Correa de ejercer el liderazgo latinoamericano, vacante por la muerte de Chávez, sea un elemento a considerar. Su activismo en Unasur, tras conseguir para su país la sede de la organización, así lo atestigua.

Las negociaciones entre Cuba y EEUU no deberían olvidarse. Para el relato de la llamada “revolución ciudadana”, el antiimperialismo resulta funcional y su posible postergación sería contraproducente. En este contexto, la proximidad de la Cumbre de las Américas, donde por primera vez participará Raúl Castro, agrega nuevas preguntas. Quizá la más importante, desde la óptica de los intereses cubanos, sea: ¿que convendrá más a La Habana, una reunión en paz y con un diálogo fructífero con Obama u otra donde los reclamos por su actitud con Venezuela sea la tónica dominante?

Una de las obsesiones recientes de Correa en relación con la OEA ha sido desmantelar el sistema de derechos humanos, comenzando por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y la relatoría de libertad de expresión. A fines de enero, Correa propuso crear una Corte Latinoamericana de Derechos Humanos, a partir de la Corte Interamericana con sede en Costa Rica: “No tengo por qué ocultar nuestra ideas. Creemos que ese sistema en decadencia de la OEA, ese sistema interamericano dominado por EEUU, es mucho más difícil corregirlo que reemplazarlo por algo nuevo, además que lo conveniente es tener nuestro propio sistema, un sistema latinoamericano”.

Hasta ahora Correa no ha tenido éxito en sus intentos de acabar con la OEA. Ya sin Chávez su posición se debilitó aún más. De ahí la duda sobre el mayor o menor éxito de sus futuras iniciativas. Es obvio que intentará rentabilizar la situación creada por la escalada del conflicto entre Venezuela y EEUU. Sin embargo, sus posibilidades de éxito en el marco de la CELAC son más reducidas que en Unasur.

Por CARLOS MALAMUD

Infolatam, Madrid, 15 Marzo, 2015

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