Desalentador panorama para Montevideo

Publicado en: Análisis, Populismos, Uruguay | 0

Blancos y colorados desde hace tiempo perciben la insatisfacción creciente que generan las sucesivas malas gestiones municipales. Ante esa realidad, llegaron a una conclusión simple: si suman sus votos, tal vez ganen. Así fundaron el Partido de la Concertación, un grupo político conformado por ambos y que solo tendrá presencia en Montevideo.

Creyeron que bastaba con sumar los votos de unos y otros y todo se reducía a una suma aritmética para recuperar la Intendencia que en 1989 perdió el Partido Colorado. Sin embargo, no les está resultando fácil.

No pueden, como están haciendo, sacar candidatos de la galera. Dejan en evidencia que aquello que debieron empezar a hacer en febrero de 1990, cuando Tabaré Vázquez asumió la Intendencia, no se hizo. El proceso debió empezar aquel día para ganarla hoy. Ni desde ese lejano día, ni en todos los que vinieron después, los dos partidos se han propuesto como prioridad diseñar estrategias claras y específicas. No hubo propuestas visionarias que permitieran a la gente saber qué querían hacer con Montevideo, no hubo un equipo de políticos y técnicos siguiendo momento a momento lo que ocurría en el departamento y fortaleciendo un eventual programa. Tampoco hubo candidatos en serio.

En esas condiciones, es difícil ganar. El Frente Amplio se fue preparando desde 1971 hasta lograr su objetivo en 1989. Lleva ya cinco períodos gobernando Montevideo y no puede decirse que lo haya hecho bien. Sin embargo, los partidos opositores ni siquiera aprovecharon esa ventaja. En la elección pasada, un 10 por ciento de gente que en otra circunstancia hubiera votado al Frente, lo hizo en blanco. Fue una clara protesta contra la gestión frentista y los procedimientos para designar sus candidatos.

Pero para blancos y colorados fue aún más bochornoso. Un número nada despreciable de votantes marcó su fastidio pero no se vio seducido por las otras ofertas y prefirió votar a nadie.

O los dos partidos no saben cómo ganar Montevideo o no quieren hacerlo. Terminada la elección municipal de mayo de 2010, la única preocupación que surgió en estos cinco años fue la de cumplir con la formalidad de fundar el Partido de la Concertación, en medio de enormes dudas y con fuertes reparos. No todos estaban convencidos.

El Partido Independiente no entró en esa coalición y ahora presenta su propio candidato, bajo el mismo síndrome que lo afecta en lo nacional: así como les alcanzaba con lograr un escaño en el Senado, ahora Pablo Mieres está preocupado porque se pueda votar cruzado por el inocuo cargo de alcalde, pero no apuesta a la Intendencia misma.

Mientras tanto, pese a cinco pésimas gestiones (la última de ellas, la menos mala), el Frente Amplio tiene claro dos cosas.

Por un lado, la incondicionalidad de muchos votantes montevideanos. Ya no sirve la tesis de que si el candidato fuera una heladera igual sería votado, pero el Frente sabe que tiene un piso sólido. Por otro lado, apuesta a una oferta controvertida que al descartarse unos a otros, cada uno sumará al lema.

Lucía Topolansky atraerá votos. Pero no todo el Frente Amplio la quiere (ni todo el país la quiere) y es probable que haya un voto contra ella, mediante el apoyo a Daniel Martínez. Por la misma razón es posible que haya “votos útiles” extrapartidarios de gente que, desencantada de la oferta blanca y colorada, busque frenar a la actual primera dama.

La inactividad blanca y colorada no fue total, aunque sí escasa. Jorge Gandini había mostrado cierto interés en tener presencia en Montevideo (pero no le fue tan bien en la elección nacional) y desde las redes sociales, Miguel Manzi, viejo dirigente del grupo de Enrique Tarigo, reiteraba su interés en ser candidato colorado. Los ediles sí se movían, aunque nadie les presta atención.

Eso no fue suficiente para mostrarles a los montevideanos que ambos partidos, por su cuenta o aliados en la Concertación, estaban dispuestos a seducirlos con propuestas de una recuperación a fondo del departamento.

La comprobación de ese desinterés se ve en los candidatos presentados. Los colorados quisieron promover otra vez a Luis Alberto “Ney” Castillo, pero al final su nominación quedó trancada. Castillo se retiró y declaró que él no se hacía problema, por cuanto mantendría su fecunda actividad médica. Esa explicación alcanza para mostrar el error. Se trata de una persona de gran prestigio, reconocimiento y querida por mucha gente. Pero carece de ambición política, en el mejor sentido de la palabra. Si le da lo mismo no ser nominado, es porque sus ambiciones están en otro lado, donde sí tiene relevancia. Pero carece de esa fuerza que da el deseo de ser intendente para lograr cambios.

Encontrar un sustituto dio trabajo. Algunas figuras conocidas fueron tentadas, pero ninguna quiso aceptar. Al final el partido se decidió por Ricardo Rachetti, sobrino de Oscar Rachetti (tal vez el intendente más activo que tuvo Montevideo en los últimos 50 años), abogado, dirigente de Peñarol, pero poco conocido para el gran público. Parece una candidatura de resignación. Quizás sea una buena solución para un partido en crisis, necesitado de gestos esperanzadores para una militancia muy enfrentada entre sí. No queda claro que le sirva a Montevideo.

Menos dramática (pero con similar lógica) fue la selección del candidato blanco, un profesional experto en temas carcelarios que se acercó a la campaña que lideró Luis Lacalle Pou y sonó como posible ministro del Interior en caso de que ganaran los blancos.

Al no lograrlo, Álvaro Garcé emerge como la opción blanca para el Partido de la Concertación. Hace un año estaba preocupado por la situación de las cárceles, no por el estado de la ciudad, su limpieza, el alumbrado, las avenidas a ensanchar, las plazas a construir y qué medidas tomar para que la ciudad sea eficiente y también hermosa.

El tercer candidato del Partido de la Concertación será Edgardo Novick, como independiente. Conocido en ciertos círculos pero no masivamente, es un empresario exitoso que viene de muy abajo, eficiente, no alineado con los partidos y, por tanto, tal vez no contaminado por sus contramarchas. Se sabe poco de él, pero ha sido certero respecto a una adversaria difícil, como la primera dama, a quien no ataca agresivamente pero descalifica con puntería. Tan solo dice que a Topolansky no le interesa ser intendenta, por lo tanto se pregunta para qué votarla. Y es verdad: lo que ella busca es juntar votos que fortalezcan a su sector dentro del Frente y le permitan ser esa operadora política tenaz y complicada que es; dificilmente le interese ser intendenta y menos aún sepa cómo hacerlo.

En este contexto, las elecciones municipales prometen resultados similares a las anteriores y otros cinco años de una gestión desgastada e ineficiente que nunca mostró cariño por Montevideo. ¿Puede haber sorpresas? Siempre existe esa posibilidad.

Habrá que ver cómo se desempeñan Garcé, Rachetti o Novick. Si son capaces de sacar un as de la manga, de sorprender el electorado, de patear el tablero.

Nada indica que así ocurrirá. Pero para estar seguros, hay que esperar y verlos jugar en la cancha.

 

Por Tomás Linn

AÑO 2015 Nº 1802 – MONTEVIDEO, 5 AL 11 DE FEBRERO DE 2015, SEMANARIO BÚSQUEDA.

 

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