Declaraciones poco diplomáticas del jefe de la diplomacia argelina

AlgeriaMaroc

Por Jamal Mechbal*

Resulta revelador que las declaraciones provocadoras del jefe de la diplomacia argelina, carentes de mínima diplomacia, coincidan de manera intencional con la llegada del nuevo Enviado Personal del Secretario General para el Sahara, señor Horst Köhler, quien intenta crear un nuevo ambiente para encontrar una solución negociada al diferendo del Sahara con un espíritu realista como rezan las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Declaraciones, además, que tienen lugar y son paralelas a la nueva posición asumida por el Frente Polisario. Según fuentes de esa estructura, Brahim Ghali, secretario general del Polisario, “recuerda al enviado de la ONU que el referéndum es innegociable”, expresando la disposición del Polisario a colaborar en la solución del conflicto con Marruecos, “siempre que sea a través de la celebración del referéndum de autodeterminación”.

Con ello se pretende el retorno al punto de partida, al Plan de Arreglo de 1991 que fue abandonado por Naciones Unidas hace 17 años en favor de una solución política negociada sin lugar a ganadores ni perdedores. Incluso, el Polisario había abandonado el Plan de Arreglo cuando el propio Abdelaziz Buteflika, siendo Presidente de Argelia, se desplazó a los despachos de James Baker en Houston (Texas) para presentar la propuesta de reparto del territorio del Sahara con la que el Polisario se mostraba de acuerdo. Lo anterior significa que Argelia y el Polisario no están dispuestos a facilitar las cosas para el nuevo Enviado Personal ni tampoco al nuevo Secretario General de la ONU, el ex primer ministro portugués, António Guterres.

La gravedad de la crisis económica y la lucha interna por el poder anima a sectores ultra en Argel a crear cortinas de humo y conflictos externos, principalmente con su histórico rival Marruecos, para distraer y desorientar el malestar político y social y generar cohesión y “unidad contra el enemigo”. Los resultados, no obstante, han sido adversos al propósito del ministro argelino de Asuntos Exteriores, Abdelkader Messahel. Opositores al régimen han cuestionado la demagogia de la dirigencia argelina y han observado que: “cada vez que el país atraviesa una crisis, sus desprestigiados dirigentes se ven en la obligación de buscar un enemigo exterior”. No les falta razón, toda vez que, previa a la reciente crisis de Gargarat, el general jefe de la zona militar argelina sur-oeste, durante un encuentro con elementos militares del Polisario, calificaba a su vecino Marruecos como el “enemigo común” y, poco después, el Polisario empezó a violar el acuerdo militar entrando en la zona de separación. Marruecos, como pudo evidenciarse, no cayó en la trampa de la provocación.

Por último, no puede olvidarse que, la muy activa entrada del sector privado marroquí encabezado por la Banca en África, sitúa a Marruecos como el primer país inversor en el África francófona y, el segundo, en todo el continente, desplazando por completo a Argelia, un país tan rico como mal administrado e incapaz de superar la economía planificada y controlada por el sector público. Cabe recordar que el régimen argelino, a mediados de los setenta, auguraba que para el siglo XXI Argelia sería una potencia del Mediterráneo. El deseo, una vez más, fue a contramarcha de la realidad. El problema de fondo no reside en que Argelia y Marruecos compitan por posicionarse en el África subsahariana, la cuestión es que Argelia, en cabeza de su ministro de Exteriores y, ante las evidentes limitaciones de su país, pretenda minimizar y desprestigiar el alcance y la expansión logradas por Marruecos en el continente africano.

 

*Jamal Mechbal es jurista, ex diplomático marroquí y columnista en medios de España y Marruecos.

Artículo para CPLATAM -Análisis Político en América Latina-

Octubre, 2017

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