Cuba y los becarios de la Isla de la Juventud: ¿emancipación o explotación de menores?

Por Clara Riveros

Hubo un tiempo, no tan remoto, en que un dictador caribeño —producto de su megalomanía— ideó la «Escuela al Campo». Ese experimento llevó a la posterior creación de las Escuelas Secundarias Básicas en el Campo —ESBEC—, donde los becarios debieron combinar sus estudios con arduas jornadas de trabajo. Niños y adolescentes fueron separados de sus padres y sometidos al control del Estado que aspiraba a formar al «hombre nuevo». Con ese propósito, se construyeron 535 «escuelas de nuevo tipo» que albergaron a nacionales y a extranjeros. En las ESBEC, no solo se impartió educación revolucionaria, hubo corrupción de menores, promiscuidad sexual, violaciones sexuales, violencia, crímenes, embarazo temprano de adolescentes, entre otros eventos. El proyecto decayó cuando cesaron los subsidios de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. En 2012, las autoridades de la isla optaron por cerrar definitivamente las ESBEC que aún funcionaban. Este no es un cuento breve, los hechos descritos acaecieron en la Cuba de Fidel Castro.

La afinidad del régimen cubano con otros gobiernos fue decisiva a la hora de otorgar becas y llevar a Cuba a millares de niños y jóvenes de diferentes países. Por ejemplo, en septiembre y diciembre de 1977, llegaron a la Isla de Pinos, renombrada Isla de la Juventud, centenares de estudiantes procedentes de Mozambique y de Angola. En 1978, se incorporaron cientos de estudiantes de África, Asia y América Latina. Para el curso 1987-1988, se reportaron 13.520 estudiantes de 22 países africanos en los cursos de primaria, media y politécnica. De Asia, fue Yemen el país que más alumnos envío. Corea del Norte reportó la menor cantidad (350) de ese continente y en ese periodo. En términos globales, para el mismo periodo, América Latina envío la menor cantidad de estudiantes (1.510). De estos, la mayoría eran nicaragüenses. «El año 1982 fue el período con más estudiantes extranjeros al computar 22.197, de los cuales 12.430 eran varones y 9.767 hembras […] En el curso 1987-1988 […] En total ascendían a 15.370, aunque en 1988 se produjo un nuevo incremento a 18.600, procedentes de 37 nacionalidades», según las cifras oficiales.

Los becarios saharauis**

En ese clima de afinidades políticas e ideológicas, ha sido notable la cercanía de Cuba con Argelia y, por añadidura, con el Frente Polisario. Lo anterior explica que uno de los grupos beneficiarios o receptores de las becas cubanas haya sido, durante décadas, el de saharauis controlados por el Polisario en Tinduf (Argelia). Sin embargo, «de los becarios saharauis no se sabe realmente nada». «El régimen cubano maneja el tema con mucha discreción. Por razones políticas y para «protegerlos» aunque no sé sabe exactamente de quién», observa el periodista cubano Roberto Álvarez, quien sostiene que: «Es como un secreto de Estado. Uno se entera que los hay si se tropieza con uno de ellos por casualidad». Álvarez puntualiza que la mayoría de las becas concedidas a este grupo han sido para cursar carreras universitarias. Los becarios saharauis que cursaron la primaria, la secundaria y el bachillerato fueron a la Isla de la Juventud: «si había saharauis estudiando bachillerato podrían haber estudiado en Escuelas en el Campo, cuando existían». Juan Antonio Blanco, ex diplomático cubano, nota que a Cuba se enviaron becarios saharauis y también sugiere la posibilidad que desde Argelia se hayan enviado médicos cubanos a los campamentos del Polisario.

Saharauis en la Isla de la Juventud,  1979

Además de los cuadros políticos del Polisario que se formaron en Cuba, hubo otros integrantes de ese movimiento que recibieron instrucción cubana en Tinduf, gracias a una misión itinerante de la Universidad de La Habana. Bachir Edkhil, uno de los fundadores y ex integrante del Frente Polisario, se desempeñó como Director de Inspección y Programación de Enseñanza en los campamentos durante la década de 1980. Edkhil destaca que recibió formación en Pedagogía —un programa acelerado— de la Universidad «ambulante» de La Habana (1981-1983). El grupo de cubanos, relata Edkhil, capacitó en el centro «Nueve de junio» a siete personas, incluido él, para ejercer la docencia en las escuelas-cuarteles de los campamentos. Parte del proceso formativo incluyó que Edkhil y sus compañeros impartieran clases junto a los cubanos. La cúpula del Polisario confiscó los títulos y diplomas de Edkhil y de sus demás compañeros. La retención de diplomas ha sido una medida utilizada ampliamente por la dirigencia de esa agrupación para obligar a la población a permanecer en Tinduf[2].

Bachir Edkhil, al extremo superior derecho; y, Brahim Ghali, al extremo inferior izquierdo. Es la ficha de búsqueda y captura a los fundadores del Frente Polisario, emitida por las autoridades españolas en 1973

El Baihi Hammada tenía cuatro años cuando lo llevaron a Tinduf (1978), ese mismo año fue enviado a Libia [Muamar el Gadafi fue uno de los promotores del Frente Polisario], aunque él y los otros niños fueron devueltos a los campamentos. «Llorábamos todo el tiempo. Éramos muy pequeños y las autoridades libias consideraron que no debían separarnos de nuestros padres así que fuimos devueltos a Tinduf». Permaneció en los campamentos hasta 1986. «Las demostraciones de afecto no están permitidas por el Polisario. Los hijos no son hijos de sus padres sino del Frente Polisario». En 1986, fue enviado a Cuba con un grupo de niños de entre 9 y 12 años. Hammada no guarda los mejores recuerdos de esa experiencia.

«Yo fui con mi hermano. Cuba ha sido la peor etapa de mi vida, no culpo a Cuba, los responsables son quienes nos enviaron allá. Dejé unos campamentos oscuros en una tienda en el desierto para ir a una de las dictaduras más cerradas del mundo. Es un país en condiciones muy precarias. En 12 años que estuve en Cuba, puedo contar las veces que comí carne. Nunca al desayuno tuve un pedazo de pan, nos daban una infusión, una tisana con azúcar. No solo fui yo, era todo el grupo e incluso los cubanos sufren hambre en su país. En 12 años, recibí dos cartas sin sobre. No había manera de tener contacto con las familias. Un niño que estaba con nosotros falleció y probablemente su familia nunca lo supo».

Saharauis en la Isla de la Juventud, 1979

Hammada fue a la Isla de la Juventud, ahí finalizó la primaria y cursó la secundaria y el preuniversitario. Estuvo en las Escuelas: «Batalla de Yaguajay», «Vladimir Komarov» y «Vietnam heroico». «Siendo niños tuvimos que realizar trabajos en Cuba. Cuando un niño va de unos campamentos de refugiados a ser un trabajador en el país de otro, eso duele un poco. Estar lejos de la familia, lejos de la madre, del calor familiar. Fue mucho el trabajo, el dolor, el sufrimiento y el sudor que nosotros —los niños saharauis— le dimos a Cuba. Mucho más de lo que Cuba nos dio en educación y aprendizaje. Me siento agradecido al Estado de Cuba por la enseñanza que me ha dado, pero yo también he ayudado a la economía de Cuba en los momentos más difíciles de su historia. Cuando Cuba vivía un periodo especial, fuimos nosotros, los niños saharauis, los niños sudaneses, los niños palestinos, los niños de Corea, los niños de muchos lugares pobres del mundo, los que trabajamos para que Cuba siguiera existiendo. Los niños saharauis —como los otros niños africanos— trabajábamos en los campos de cítricos y en las plantaciones de caña de azúcar. Eran jornadas de siete, ocho y hasta nueve horas. Cuando no estábamos estudiando, estábamos trabajando. Los fines de semana íbamos a clases de formación militar: cómo se utiliza un fusil, cómo se carga y se descarga, cómo se tira, a qué distancia…»

Bachir Edkhil, delegado del Polisario en Mozambique 1977-1978

Estudió Derecho en la Universidad de Camagüey y finalizó los estudios en 1997. «Fui de ese grupo de saharauis a los que no nos entregaron los diplomas de estudios. Los títulos fueron directamente del ministerio de Educación de Cuba a la embajada del Frente Polisario en La Habana y, desde allí, el delegado del Polisario se los hacía llegar a las autoridades del Polisario en Tinduf». Hammada debió regresar a los campamentos de Tinduf donde trabajó en la Dirección de Protocolo. Años después, tras el ascenso de Hugo Chávez, fue a Venezuela con un grupo de saharauis. Eran becarios del Estado venezolano pero el proceso de formación no culminó de manera exitosa. De su hermano —con el que fue a Cuba— cuenta que estudió Medicina y que ahora vive en España. «Después de dos años de estar en ese país obtuvo documentación de apátrida. Mi hermana mayor vive en Argelia». Su padre y otros miembros de su tribu siguen en territorio argelino.

Edkhil calcula que en Europa puede haber cerca de 500 médicos saharauis formados en Cuba que abandonaron Tinduf[3]. Hammada apunta que los saharauis que logran dejar esos campamentos van a Europa, a Mauritania y también a Marruecos. «Son muchos los jóvenes que han estudiado en Cuba. Desde finales de los setenta hasta hoy pueden ser casi 50 mil saharauis que fueron a Cuba. A Marruecos han retornado más de dos mil jóvenes que fueron a Cuba, ahora están en las ciudades del sur [Laâyoune, Dakhla, Smara]».

Sadani Moulainine, 8° grado, Isla de la Juventud

El padre de Sadani Moulainine dejó a su hija recién nacida y a su familia —en el Sahara Occidental— para unirse al Frente Polisario en Argelia. «Dos años después, mi madre, al verse sola, decidió ir a Tinduf. Dejó a mi hermano y a toda la familia para ir en busca de mi padre. Me llevó con ella. Las dos nos fuimos a los campamentos en 1978. Yo tenía dos años». En 1982, Sadani debió presenciar —y padecer— el primer juicio público hecho por el Polisario. El juicio se le hizo a su padre acusado de traición. «Mis padres y yo fuimos torturados y lesionados física, psicológica y moralmente por el Frente Polisario. A mi padre lo sometieron a un juicio público, fue torturado y convertido en prisionero […] El Polisario desde su proclamación ha cometido crímenes y ha asesinado a todos aquellos que pueden representar un peligro para sus fines, ha encarcelado, torturado y detenido, ha hecho purgas, tiene cárceles y fosas comunes […] Después del juicio a mi padre, empezó la desgracia de mi vida. Fui llevada a diferentes provincias o wilayas —en los campamentos de Tinduf— donde siempre me acusaron y maltrataron por ser la hija del «traidor»».

Sadani sostiene que el Polisario le robó la infancia y una parte de su vida. Ella también fue enviada a Cuba, afectada por el sufrimiento de esos primeros años, la experiencia no le resultó tan dramática, dentro de lo que cabe. «La gran diferencia para mí, al estudiar en Cuba, es que allá no tuve el rechazo de los otros niños, ni de los maestros como lo sufrí en Tinduf». «En 1988, todavía no había cumplido 12 años y fui deportada a Cuba. Nos enviaron con un «salvoconducto» del Polisario que fue autorizado por Argelia. Era una nota colectiva para todos los contingentes de niños enviados a Cuba y servía como documento para identificar que éramos saharauis refugiados en Tinduf. Fui en un contingente de 1700 niños de los cuales 300 éramos niñas. Nos enviaron en el marco de un programa de «educación» pero en realidad era «deportación»».

Sadani Moulainine, durante el pre-universitario, Isla de la Juventud

Sadani explica que desde 1982, el Polisario envió a Cuba contingentes con centenares de niños. «Las cifras oscilaban entre 1.000, 1.300 y 1.700 niños. El récord histórico tuvo lugar en 1985, cuando se enviaron unos 1.900 niños. La mayor cantidad de niñas, enviadas por contingente, estuvo alrededor de las 500. Hay que tener en cuenta que siempre se enviaron menos niñas y más varones. De esos contingentes de más de 1.000 niños, entre 250 y 300 eran niñas y el resto varones. Así fue desde 1982 hasta 1989. Después de esa fecha y hasta 2003, los grupos que se enviaron fueron mucho más pequeños entre 100, 200, 300 y 500. Entre 2003 y 2005, se enviaron grupos de 50 a 100 niños. En 2005, cesó la deportación de niños entre 8 y 12 años. Los que envían ahora son parte de un programa diferente, ya no son niños, envían jóvenes más grandes». «La consulta que se hace a los padres para enviar a los niños a Cuba es superficial pues la potestad de los niños y de todas las personas en los campamentos es controlada, ordenada y decidida por el Polisario». En los 15 años que Sadani Moulainine estuvo en Cuba, no recibió noticias de su mamá, ni de su familia. «En 15 años nunca recibí una carta».

Sadani Moulainine en sus primeros años de universidad en Cuba

En la Isla de la Juventud concluyó la primaria y cursó sus estudios de secundaria, bachillerato y preuniversitario, en las Escuelas: «Vietnam heroico» y «Vladimir Komarov». «En Cuba hay una parte formativa pero también hay adoctrinamiento como en Tinduf. El odio es un elemento de lucha y tiene un lugar importante en el adoctrinamiento que recibimos. Esos años estuvimos acompañados por un matutino, un programa de adoctrinamiento político sobre los enemigos de Cuba, del Polisario, en el que se hablaba del imperialismo y de todos los enemigos y amenazas […] Los niños y las niñas estudiábamos, pero también recibíamos preparación y formación militar. Además, teníamos que cumplir con jornadas de trabajo. Utilizábamos un uniforme para asistir a las clases del colegio, otro para la formación militar y otro para realizar los trabajos. Desde el sexto grado, éramos vinculados al trabajo en el campo con la intención de que no tuviéramos mucho tiempo libre para pensar ni extrañar a nuestras familias […] Eran campos de cítricos, nos daban machetes y nos asignaban unas plantas…». Sadani recuerda que no cumplir con el trabajo asignado acarreaba castigo y más trabajo. Trabajaban en las tardes, tenían un sábado laboral y un sábado de descanso. «El domingo era el «Domingo rojo» y estaba destinado a las actividades de formación militar».

Sadani Moulainine durante el segundo año de universidad en Cuba, Festival de la Juventud

El ingreso de Sadani a la Universidad de Pinar del Río (1995-1996), coincidió con el levantamiento de muchos jóvenes saharauis contra el representante del Polisario en Cuba. «Los títulos universitarios eran confiscados por el Polisario. Así que a las primeras generaciones de saharauis formados en Cuba les retuvieron sus diplomas […] Después de que un joven saharaui se fajó a golpes con el representante de la RASD y le exigió que entregara los diplomas de estudios, la situación empezó a cambiar. Yo recibí mis diplomas. Me gradué como Licenciada en Pedagogía de Ciencias Naturales y Geografía. Fui la mejor estudiante y me becaron para realizar una maestría en Didáctica de la Geografía y la Psicología en la Universidad Enrique José Varona de La Habana».

Bandeja de comida de los becarios. Isla de la Juventud, Cuba. Fotografía de Mohamed Lamin Yahia

Para los jóvenes saharauis, resignarse y readaptarse a las condiciones de vida en Tinduf, luego de sus largas estancias en Cuba, es muy difícil. Sadani volvió a Tinduf (2003), cuando terminó sus estudios de maestría, pero su estancia en los campamentos fue corta. «Choqué con la realidad de los campamentos. Me enteré que mi padre había muerto. Él había recobrado la libertad, pero quedó vigilado y supervisado luego de la prisión y del juicio público […] Años más tarde, enfermó de cólera y murió. Mi madre había dejado Tinduf y retornó a Marruecos en 1998. La gente que encontré en los campamentos estaba harta y desesperada de vivir en esas condiciones, aunque todavía hay muchos que siguen engañados por el adoctrinamiento y el miedo que les infunde el Polisario». Hammada también abandonó Tinduf. «El 19 de abril de 2014, entré a Marruecos y mi esposa y mis tres hijos nacidos en Tinduf, llegaron a Marruecos el 1° de julio de 2015».

Aunque la información cubana destaca que las ESBEC fueron diseñadas cuidadosamente para «preservar la cultura e identidad particular» de los becarios extranjeros, los testimonios de algunos becarios saharauis sugieren lo contrario. Al pasar tanto tiempo incomunicados y alejados de sus familias, perdieron su cultura (hassanía), tradición religiosa (islam) y, lengua (árabe y dialecto saharaui). Sadani tuvo que dejar Tinduf y volver a Marruecos para recuperar a su familia y reaprenderlo todo. La huida de cientos de saharauis desde territorio argelino, da cuenta, por un lado, de su agotamiento con el régimen del Polisario y, por el otro, de la existencia de una frontera porosa entre Argelia y Mauritania, ya que muchos han elegido esa ruta para radicarse en Mauritania o para ir a Marruecos. Edkhil resalta que ya son 12 mil los saharauis que han regresado a Marruecos procedentes de esos campamentos[4].

Última promoción de saharauis con estudios preuniversitarios en la Isla de la Juventud. Julio, 2012.

 

Un proceso de transculturación

A mediados de 2012, el columnista de un medio oficialista cubano, señaló que las autoridades daban por terminado el programa de enseñanza que funcionó en la Isla de la Juventud. El articulista referenció que el último grupo de graduados en 2012, con formación preuniversitaria, fue de saharauis. «Este último grupo, que salió por la TV, era más bien pequeño. La mayoría de los chicos y las chicas vestían trajes típicos del Sahara árabe, aunque algunos preferían la etiqueta a lo occidental: elaboradas corbatas encima del uniforme clásico escolar».

Beatriz Muñoz Mallén, cooperante española, desconoce las experiencias o testimonios de los saharauis que han retornado a Marruecos. Conoció, en cambio, la experiencia de los saharauis que están en Tinduf[5]. El aspecto humanitario de la cuestión del Sahara ha ocupado su atención e interés. Estudió la situación de los saharauis que están en Tinduf y la identidad de los saharauis que han sido enviados a Cuba[6]. Para realizar su investigación, contactó al delegado del Polisario en Cuba, quien consintió y aprobó su estancia —durante tres meses— con los saharauis que residían en la isla (2013). «Cuba ha brindado la posibilidad a los saharauis de Tinduf para que cursen estudios universitarios. Es verdad que las autoridades cubanas han mantenido esta política con regímenes afines ideológicamente. Quizá para otros, Cuba no constituye una oferta atractiva pero, entre estar en Tinduf y en Cuba, Cuba representa una oportunidad. El Frente Polisario elige a quienes envía y qué carreras deben cursar de acuerdo con las necesidades que tienen en los campamentos de refugiados. Medicina es una de las carreras más cursadas en Cuba. Allí hay carencia de recursos y, como en Tinduf, no disponen de muchas tecnologías e implementos modernos, eso ha permitido una correspondencia y que los saharauis puedan aplicar en Tinduf, los conocimientos que adquieren en Cuba, a partir de los escasos medios de que disponen».

Muñoz observó durante su estancia en Cuba que: «ya no envían niños, ahora van jóvenes, principalmente varones, a cursar estudios universitarios». Encontró dos grupos de saharauis: uno minoritario que mantiene las tradiciones musulmanas, hacen el ayuno durante el mes del Ramadán y, el otro, lo constituye la mayoría de saharauis, se trata de una población adaptada, integrada y asimilada al entorno cubano. «Es difícil llevar un ritmo de vida como musulmán en un país que no solo no es musulmán, sino que además es caribeño, con vida nocturna y ambiente festivo». Tuvo la posibilidad de conocer algunos saharauis que fueron cuando eran niños y para ese momento estaban culminando sus estudios universitarios. «Han crecido allí y más que saharauis son cubanos: «cubarawi»»[7]. Según explicó, absorbieron la cultura cubana en un proceso de transculturación que incide en sus hábitos, prácticas y preferencias individuales. Allí vivieron la adolescencia, se hicieron adultos y definieron sus rasgos de carácter. Cuba también marca el inicio de su vida sexual y de sus primeras experiencias afectivas, relaciones que luego se ven truncadas cuando deben retornar a Tinduf.

«No hay manera de que puedan mantener los vínculos afectivos en esas condiciones. Y para las mujeres es todavía más fuerte, deben volver a un sistema de vida musulmán que implica una ruptura con el estilo de vida que han llevado en Cuba. Al volver a Tinduf deben cambiar su vestuario y sus prácticas cotidianas. El cambio es muy fuerte: su despertar a la vida, al amor, a la sexualidad, todo eso ha tenido lugar en Cuba. Se trata de un cambio radical en cuanto a forma de vida, identidad y costumbres. Una de las razones por las que ya no envían niñas sino mujeres adultas, que cursan una carrera universitaria y regresan a Tinduf, tiene que ver con eso. Al ir a Cuba siendo adultas, no abandonan su pertenencia identitaria como saharauis. Ahora van pocas mujeres y muchos hombres».

A este respecto, resulta ilustrativa la entrevista realizada por Maykel González Vivero, periodista independiente cubano, quien presenta el caso de una mujer cubana que se convirtió al islam por amor a un saharaui. Leila cambió su vida, su nombre y sus hábitos a partir de la relación que estableció con un joven saharaui que debió regresar a Tinduf pero le dijo que regresará para radicarse en la isla. Leila aguarda pacientemente el regreso de Mohamed. «El amor fue el detonante, gracias a él conocí la religión, y luego todo fue obra de Dios», explica la entrevistada. «Alá quería que yo encontrara el amor para llegar a Él. Por el amor a un hombre llegué al amor a Dios. No somos una pareja cualquiera. Somos una pareja musulmana y eso es completamente diferente a una pareja cubana».

Beatriz Muñoz también observó, durante su estancia en Cuba, que: «Para un saharaui profesional sus inquietudes son diferentes de las de aquellos que crecen en Tinduf. Se forman en Cuba y tienen deseo de volver a Tinduf para ver a su familia, pero muchos también aspiran a su realización individual. Hay saharauis que buscan ir a España una vez que dejan Cuba. Parte del acuerdo entre Cuba y el Frente Polisario es la obligación de retornar a Tinduf». «En un modelo como el cubano que pretendió eliminar las clases se exacerbó la división social. Es algo que se aprecia también en los saharauis que vuelven a Tinduf tras su estancia en Cuba. Los saharauis, durante su permanencia en Cuba —como los cubanos—, se han hecho individualistas y piensan exclusivamente en su lucha por la supervivencia. En Cuba hay jerarquías socio-económicas e incluso de índole racial: el blanco, el turista, el árabe. Como perciben que ser refugiados les da un estatus menor a ojos de los cubanos, los saharauis optan por presentarse como árabes».

La ciudadana española también pudo percibir que los jóvenes saharauis «Tienen un discurso fuerte pero pacífico, son pocos los que consideran válida la lucha armada para lograr fines. Muchos mantienen el discurso y la defensa de la «causa saharaui», pero otros se permiten cuestionar el futuro de la misma y su deseo de tener una vida libre e individual en otro lugar».

Pese a la censura, la represión, el acceso restringido a internet y el bloqueo informativo, la emergencia de nuevas tecnologías y de redes sociales ha posibilitado que muchos cubanos hoy puedan acceder al mundo, parecería que en Tinduf está sucediendo lo mismo. ¿Hay un despertar del individuo y del deseo de libertad individual? «En los campamentos muchos tienen móviles, internet, redes sociales y, por consiguiente, tienen una ventana al mundo, pueden ver lo que hay afuera y empiezan a pensar en sus deseos e intereses personales e individuales. La tecnología ha permitido el cambio de intereses, así como romper el aislamiento. Los jóvenes saharauis de los campos de refugiados se enfrentan a una compleja situación emocional, por un lado, el querer a su familia y, por el otro, querer su individualidad», zanja Muñoz.

Un pacto entre regímenes totalitarios

Solicitud del Frente Polisario a las autoridades cubanas

 

El Frente Polisario no renuncia al control de la población para obligarla a permanecer en Tinduf. Es probable que la retención de los diplomas y títulos profesionales de los saharauis no sea un asunto del pasado. En 2017, se filtró la carta, con fecha del 27 de junio (2017), en la que el Frente Polisario le pedía al ministerio de Salud Pública de Cuba no otorgar becas de postgrado a los saharauis graduados en Medicina. La misiva formalizaba el pedido de Brahim Ghali, Secretario General del Frente Polisario, en la que solicitó a Roberto Morales Ojeda, ministro de Salud Pública, que «no se le otorguen matrículas de MGI a ninguno de nuestros graduados, debiendo los mismos trabajar en nuestro país». Ghali también le solicitaba considerar la posibilidad de «enviar algunos médicos profesores en apoyo a la Brigada Médica Cubana, que puedan atraer a los recién graduados para hacer la especialidad de MGI en nuestros Campamentos de Refugiados».

Bachir Edkhil, El Baihi Hammada y Sadani Moulainine, cuestionan que los saharauis de Tinduf sean, efectivamente, refugiados. Para ellos, se trata de una población cautiva e instrumentalizada por el Polisario. Sostienen que a los saharauis de Tinduf se les han conculcado sus derechos y libertades fundamentales y que la población ha sido organizada por el Polisario en células políticas siguiendo un modelo comunista. Aunque a la población se le denomina, genéricamente, «refugiada» y depende de la asistencia humanitaria externa, según observan los citados, no posee documentación que acredite o corrobore dicho estatus. Cabe recordar que, en septiembre de 2009, António Guterres, en ese momento Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados y ahora Secretario General de las Naciones Unidas, visitó los campamentos de Tinduf y señaló, tras la visita, que Argelia y el Polisario se niegan a que la ONU contabilice a esta población. Censarla dejaría en evidencia, por un lado, que no existe la cantidad de personas que afirma el Polisario y, por el otro que, al día de hoy, quedan pocos saharauis procedentes del territorio en disputa, según se extrae de los testimonios de Edkhil, Hammada y Moulainine.

Las experiencias y memorias de los becarios saharauis permiten aproximarse a la dimensión humana del conflicto del Sahara. La población de Tinduf vive en condiciones difíciles, prisionera de la causa revolucionaria, inmersa en el tribalismo y bajo el régimen de partido único que instauró el Frente Polisario. Las libertades fundamentales y el desarrollo individual son imposibles bajo un sistema totalitario. «Nadie instaura una dictadura para salvaguardar una revolución, sino que la revolución se hace para instaurar una dictadura». En Cuba y en Tinduf, tras décadas de padecerlas, lo saben de sobra.

En su última resolución [2351 de 2017], el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas decide continuar ocupándose de la cuestión del Sahara y reafirma su compromiso de ayudar a las partes para que alcancen una solución política justa, duradera y mutuamente aceptable. En ningún apartado del documento se afirma que el Frente Polisario sea el único y/o legítimo representante de los saharauis, tampoco se califica a Marruecos como «ocupante» del Sahara Occidental. De hecho, la resolución acoge «con beneplácito los serios y creíbles esfuerzos de Marruecos por hacer avanzar el proceso hacia una solución». El Consejo de Seguridad exhorta a las partes a que reanuden las negociaciones bajo los auspicios del Secretario General, sin condiciones previas y de buena fe.

CPLATAM -Análisis Político en América Latina-

Marzo, 2018

Notas

Isla de la Juventud, Cuba. Mohamed Lamin Yahia y Jira Bulahe, actual delegada del Polisario en España.
* El primer vídeo puede ser de 1979, observa Mohamed Lamin Yahia, el joven saharaui que ahí aparece. Lamin Yahia nació en El Aaiún en 1962 y se incorporó al Frente Polisario en 1975. En 1977, fue enviado a Cuba donde culminó sus estudios de bachillerato y cursó la carrera de Periodismo en la Universidad de Oriente, en Santiago de Cuba. No llegó a finalizar su formación universitaria, regresó a Tinduf en 1986. En los campamentos se desempeñó como locutor de radio y Director de la Programación en Español. En 1988, hizo parte de las revueltas y del levantamiento en las filas del Polisario. Lamin, así le llamaban en Cuba, asegura que esas revueltas marcaron un punto de inflexión para el movimiento. En 1990, se desempeñó como Director de la Radio «Sahara Libre» que emitía para España y para América Latina desde Argel. En 1992, manifestó públicamente su desacuerdo con el Polisario y se marchó a Mauritania con un grupo de amigos. En 1993, regresó a El Aaiún o Laâyoune donde reside actualmente.
** Los comentarios de los saharauis que se citan en el reportaje son extractos de los testimonios registrados entre noviembre de 2017, en Marruecos; y, febrero de 2018, por vía telefónica. Los testimonios hacen parte de un libro en proceso de edición que saldrá en el primer semestre de 2018.
[2]  En 1992, cuando se desempeñaba como delegado del Frente Polisario en Cataluña, Bachir Edkhil abandonó esa entidad para ir a Marruecos donde reside actualmente.
[3] Bachir Edkhil afirma que: «De esas 42 mil personas que había en Tinduf en 1976, solo 18 mil eran del territorio disputado y 12 mil ya han regresado a Marruecos. Los otros saharauis que fueron a Tinduf […] han ido retornando a su tierra de origen (Argelia y Mauritania). Hubo otros que se fueron a España por tener la nacionalidad española».
[4] A partir de esas cifras, Edkhil sostiene que los saharauis, en su mayoría, no están encuadrados en el Polisario y, por consiguiente, la pretensión de representatividad que se arroga esa entidad, carece de fundamento. Edkhil observa que los saharauis no solo residen mayoritariamente en el Sahara Occidental administrado por Marruecos, sino que eligen y son elegidos en procesos electorales —libres y periódicos— en los territorios disputados donde, a diferencia de Tinduf, existe la competencia partidista.
[5] Beatriz Muñoz Mallén (33), aclara que no es activista, aunque simpatiza con la «causa saharaui» que se arroga el Frente Polisario. Beatriz evitó convertirse en activista de la causa por considerar que puede limitar su trabajo profesional en cooperación y ayuda humanitaria. Había visto algunas cosas relacionadas con la cuestión del Sahara en medios españoles, después, a través de una organización española de activismo pro-saharaui —que tiene un programa para visitar los campamentos de refugiados—, pudo trasladarse a Tinduf (Argelia), en compañía de su padre, para conocer más en detalle a esa población y su situación. Afirma haber quedado muy impactada con la experiencia. De su paso por los campamentos argelinos, percibe que: «la mujer saharaui es muy fuerte y tiene poder». La ciudadana española admite que «ciertas situaciones pueden impactar en el observador y llevarlo a tomar una posición pese a su esfuerzo por mantener la imparcialidad». Beatriz Muñoz es Bachelor en Antropología Social por la Universidad de Bergen (Noruega) y Máster en Antropología del Desarrollo por la misma universidad. Se desempeña como Manager de Promoción de Salud para ONGs internacionales. Ha trabajado en: Pakistán y Sudán del Sur (Médicos Sin Fronteras); y, en el Líbano (Solidarités International). Las entrevistas se realizaron vía Skype el 13 de diciembre de 2017 y el 6 de febrero de 2018. Desde marzo (2018), Beatriz se encuentra en el Medio Oriente, trabajando como Project Manager Health para Humanity & lnclusion.
[6] Beatriz Muñoz registró los hallazgos de su observación y trabajo de campo en su tesis de Máster: «Becoming a returnee Cubarawi: politics, personhood and memory in ‘Africa’s last colony’».
[7] «Cubarawi» es el término que utiliza Beatriz Muñoz —en su tesis— para referir a los saharauis —formados en Cuba— que han experimentado un proceso de transculturación.
Álbum personal, Isla de la Juventud, Cuba (1977-1986) – Mohamed Lamin Yahia

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