Ciudadanos-políticos para poner un freno

Ayer, detrás de los fiscales que homenajeaban a su colega muerto, una buena parte de la sociedad argentina realizó una manifestación netamente política. Por suerte fue así. Sólo la ignorancia y la mala fe explican que alguien descalifique una acción ciudadana como “política” cuando desde Aristóteles sabemos que ser político es lo que diferencia al hombre de los demás animales. Retomando una distinción que popularizó Pierre Rosanvallon, la marcha no se refirió a “la” política, sino a “lo” político. No fue la competencia entre partidos y candidatos que luchan por el poder. Ellos estaban, pero vestidos de ciudadanos y mezclados con el resto.

Para ser políticos, para desenvolverse en la ciudad política y construir un destino común, los hombres necesitan el Estado de Derecho y las instituciones, y entre ellas, la Justicia. La muerte de Nisman reveló, de una manera imposible de ocultar, que hoy en la Argentina la justicia soporta un impiadoso ataque desinstitucionalizador y destituyente, proveniente de un gobierno que, si no lo impedimos, proseguirá su marcha hacia la dictadura.

Ayer, los ciudadanos marcharon para defender la justicia y por la posibilidad de realizarse como seres políticos. Más allá de ese propósito convocante, cada uno estuvo allí con sus ideas. A diferencia de otras manifestaciones, nadie los explicitó, pues ése era el pacto de la convocatoria. Pero estaban allí, de manera tácita, y nadie se engañó. La presencia masiva mostró que una buena parte de la sociedad acuerda sobre una serie de cuestiones, básicas, los problemas institucionales.

Luis Alberto Romero, Socio del CPA

La Nación, 19-2-15

Dejar un comentario