Cine, democracia y derechos humanos en Marruecos

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IMG_20150917_154120El cine marroquí aterrizó en Colombia con el ciclo “Después de Tánger. Marruecos, hoy”. Lo hizo  de la mano de El Arbi El Harti, presidente de APAIUC (Asociación para la Acción Cultural Universitaria Ciudadana), profesor de la Universidad Mohamed V de Rabat, quien llegó acompañado de un gran equipo compuesto por realizadores, productores, actores, académicos y activistas de derechos humanos que visitaron Bogotá y Medellín. El Arbi asumió un compromiso de activismo con la promoción de derechos y la defensa del proceso democrático marroquí desde el cine, junto a Amina Bouyach, activista y defensora de derechos humanos, Secretaria General de la ONG FIDH (Federación Internacional por los Derechos Humanos), hicieron importantes referencias sobre cómo el cine genera integración, inclusión, participación y transformación social; reflexiones éticas y miradas estéticas a las prácticas cotidianas de la ciudadanía en su gran diversidad y complejidad. La propuesta cinematográfica estuvo acompañada de jornadas académicas y conversatorios en los que se abordaron las distintas temáticas de las muestras audiovisuales.

 

Mostrar lo que está pasando en Marruecos a través del cine ya fue posible en Madrid (2014) y luego en Barcelona (2015). Ahora en Bogotá y en Medellín, luego de meses de arduo trabajo. En el futuro cercano esperan llegar a Chile, Brasil y México. ¿Por qué América Latina? “Porque somos socios naturales, es el Sur-Sur”. ¿Por qué Colombia? “Porque con Colombia tenemos muchas cosas en común, a nivel histórico, social, de construcción de identidad política y de la misma gestión de la historia del presente (…) nos miramos de reojo”. “Hoy estamos aquí, somos un país del sur, un país emergente, queremos estar en el marco internacional como un país libre y lo luchamos (…) tenemos una historia parecida (…) hablemos y trabajemos juntos sin intervención de terceros. Es el momento en que el sur debe mirarse a los ojos y construir sus propios paradigmas, porque el porvenir está aquí”, observó el escritor y activista marroquí.

 

Sobre el desarrollo del cine en Marruecos, El Arbi anota que, desde finales de los noventa y con el advenimiento del Rey Mohamed VI, hubo importantes cambios. De hecho, nunca hubo tanta inversión en cultura como hoy, el buen momento económico también se percibe en el apoyo para este sector. Las películas están financiadas por el Estado, no es cine comercial, las salas de cine han venido cerrando, el cine se ve de otra manera, llega a las casas, se ve en DVD.

“Este cine recoge todas las inquietudes de la sociedad marroquí y todo lo que está pasando a nivel social y político. Temas de género, derechos humanos, defensa de las libertades, diversidad cultural”. Para El Arbi no resulta apropiado hablar de industria cultural en Marruecos, “la cultura debe mantenerse desde un paradigma de militancia y de trabajo de la ciudadanía (…) no hemos llegado al concepto de industrialización y en el momento de entrar en esa dinámica habríamos entrado en un proceso de liberalismo, que de momento no lo quiero para mi país a nivel de cultura porque no estamos en eso. Sí queremos que la cultura intervenga y participe en la formación y en la educación de la sociedad, debe mantenerse la militancia y la acción ciudadana”.

El ciclo se ha presentado en la Cinemateca Distrital en Bogotá y en la Universidad de Antioquia en Medellín. En Bogotá, gracias a la gestión de la Cinemateca se prolongará la difusión, en las salas asociadas en diferentes localidades, durante todo el mes de septiembre, con una amplia muestra que abarca largometrajes (9), documentales (3) y cortometrajes (8), permitiendo el acercamiento al trabajo de distintos directores.

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Algunas de las realizaciones que podrán observarse: “Tarjeta postal”, un cortometraje que muestra costumbres y tradiciones pero también momentos de ruptura con el pasado, desafiando el destino y marcando la resistencia en el presente, al que parece un futuro inevitable. Largometrajes que recorren la cotidianidad, las desavenencias de la vida urbana y la rural, las grandes expectativas sobre el futuro, la devastadora realidad, la esperanza, el amor y los sueños rotos, así ocurre “En Casablanca no vuelan los ángeles”.

El cine marroquí sitúa problemáticas actuales que no son ajenas a Latinoamérica, las chabolas a las afueras de Casablanca y los jóvenes que nunca han conocido la ciudad señalan un panorama familiar a las favelas de Rio de Janeiro, a las villas miseria de Buenos Aires o a las comunas de Medellín, a las que también se han referido los directores latinos. Todos con un lenguaje común: exclusión, miseria, pobreza, desigualdad, falta de oportunidades y cultura de la ilegalidad, alicientes para la emergencia de pandillas, delincuencia y microtráfico de drogas. En “Los caballos de Dios” se ofrece una mirada al extremismo religioso encubado en esas circunstancias y que degenera en la conformación de las células terroristas que llevaron a los atentados de 2003 en Casablanca con un trágico desenlace.

 

Marruecos habla de las dificultades y los desafíos del presente a través del cine, pero también enfrenta el pasado con toda la carga que conlleva, lo hace a través de la puesta documental con el apoyo del Consejo Nacional de Derechos Humanos y las recomendaciones de la Instancia de Equidad y Reconciliación. En “Los pioneros de lo desconocido” se recogen testimonios de militantes provenientes de las regiones del sur que fueron encarcelados y sometidos a prácticas degradantes durante los “años de plomo”. En “Nuestros lugares prohibidos” se da cuenta del trabajo realizado por la Instancia de Equidad y Reconciliación que puso en marcha el Rey Mohamed VI en 2004 para investigar la violencia de Estado durante esos años. El documental revela testimonios de militantes, rebeldes, ciudadanos y familiares de desaparecidos que tratan de reconstruir los hechos, rompiendo el silencio y develando la angustia contenida en esos años. Luego de las investigaciones pertinentes, se asumió la responsabilidad del Estado en esas desapariciones procediendo a las acciones de reparación de las víctimas, a la garantía de no repetición y a la recuperación de la memoria histórica, pasos esenciales para lograr la reconciliación nacional. El Rey expresó en su momento: “el pueblo marroquí no huye de su pasado (…) pero no se queda encadenado a éste”, así lo recoge el documental.

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Es por todo esto que “este ciclo de cine es una estética que convierte todas las asimetrías en temas de reflexión ética y en una reivindicación sin fisuras de la democracia y los derechos humanos”. La sociedad se moviliza, reivindica sus derechos, diferentes luchas tienen lugar. Algunos se resisten al cambio, otros lo impulsan. Acaban de pasar las elecciones regionales en Marruecos y los islamistas conservadores de Justicia y Desarrollo han ganado en las principales ciudades. “Es la democracia, nosotros los marroquíes hemos elegido. Ahora los progresistas tenemos que trabajar”. “Marruecos es un país vivo (…) una sociedad dinámica”.  El Arbi habla del momento actual, de pluralismo y las libertades reflejadas en el cine.

Los retos y desafíos para el cine marroquí pueden verse en dos direcciones, en primer lugar, la necesidad de la renovación generacional y la emergencia de nuevos artistas, directores y realizadores. “Necesitamos sangre nueva, la hay, esa sangre nueva depende de una política cultural del Estado”. En segunda instancia, la cultura necesita recursos y medios, hoy no hay censura. La cuestión de las libertades está ahí, hay un debate, pero no se va perder lo alcanzado. “Es un país abierto, es un país libre”. Todo esto demanda la cabal comprensión del partido de gobierno. La censura que podría llegar a darse es a nivel económico y ahí está el desafío, se espera que los islamistas en el poder sepan responder y respetar el pluralismo del país, porque el apoyo que recibe la cultura desde el Estado es decisivo para su continuidad.

 

Amina Bouyach abundó en como el activismo y la militancia constantes rinden frutos en la promoción y protección de los derechos humanos a través del cine, permitiendo la transformación social desde el arte. Ese intercambio, el acercamiento primero con Europa y ahora con América Latina, ofrece la oportunidad de comprender lo que ocurre en otros lugares, por ejemplo con el cine en Colombia y las problemáticas que ahí se revelan. El trabajo de los activistas a través de acciones concretas no se limitan a un país, lo que se busca es avanzar en la universalidad de los derechos humanos.

 

El cine marroquí habla de derechos, de libertades, de un país que quiere y necesita la democracia, la tolerancia y el pluralismo, así le habla al mundo y en esta oportunidad lo hizo en Colombia. Potenciar la transformación social desde la cultura, tan justo como necesario.

Clara Riveros -CPLATAM

Bogotá, septiembre 17, 2015

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