Cambio en la OEA

La Organización de los Estados Americanos (OEA), el organismo internacional más antiguo del mundo, tuvo luces y sombras. Unas veces fue aplaudida por su eficacia en promover la cooperación y en la preservación de la paz, y otras criticada acerbamente; Fidel Castro, la llamó “ministerio de colonias de Estados Unidos” y Hugo Chávez y sus aliados propusieron su disolución y reemplazo por un organismo que excluya a Estados Unidos y Canadá.

El secretario general, José Miguel Insulza, que concluirá dos períodos en el cargo (2005 – 2010 y 2010 – 2015), no contribuyó a la unidad ni a la democracia en circunstancias en que, como afirma Diego Moya Ocampo, analista de IHS Global Insight, “Latinoamérica ha experimentado un marcado retroceso en términos de democracia, libertad de prensa, independencia del poder judicial y respeto a los derechos humanos”. Superar esta etapa deplorable hay que remarcarlo, no fue parte de las preocupaciones de Insulza; permitió, con su inacción, que se incumpla la Carta Democrática Interamericana, quedando sin sanciones las ostensibles violaciones de los derechos humanos y la desnaturalización de la democracia. Ahora, en las postrimerías de su mandato, procura quedar bien y, con tardanza culpable, exige la liberación del líder opositor venezolano Leopoldo López.

La secretaría general de la OEA fue ocupada por destacados estadistas como los ex presidentes de Colombia, Alberto Lleras Camargo y César Gaviria y de Ecuador, Galo Plaza. Ahora, maltrecha o no, la secretaría general de la OEA sigue siendo una posición que los gobiernos anhelan para un connacional.

A poco más de tres meses de la elección del nuevo secretario general, hay un candidato que preocupa: el canciller uruguayo Luis Almagro que, por sus antecedentes y alineamiento, no parece que pueda desempeñarse con independencia de consignas que no son, precisamente, las que alientan el fortalecimiento del organismo continental. Es más: en su país crecen las críticas a su desempeño en la Cancillería. El periodista uruguayo Gabriel Pereyra, que se refirió a la complaciente actitud de Almagro frente a un diplomático iraní en Montevideo que supuestamente fue parte de un fallido atentado, asegura que el ministro ya le mintió una vez. Esto no lo hace confiable para ninguna posición que exija prescindencia de influencias de algunos de los miembros de la OEA y, menos aún, de otros países.

¿Será que, con esta candidatura, el neopopulismo y sus aliados, pretenden hundir más a la OEA y hacerla desaparecer? El tiempo lo dirá…

Marcelo Ostria Trigo

El Deber, (Bolivia). Febrero 18, 2015.

 

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