Cambio e inmovilismo

Publicado en: Análisis, Bolivia, Populismos | 0

La idea de una sociedad estática no tiene, por lo menos en esta etapa de la historia, ningún sentido. El mundo cambia. Hay una permanente movilidad que transforma, no solamente las estructuras políticas, sino que llega a la fase dinámica que impulsa el entorno social, ligado cada vez más a las innovaciones y los avances de la tecnología y de las ciencias. El concepto del cambio es atrayente; da lugar a la imaginación de nuevas formas de relacionamiento social y renovadas maneras de establecer, sin perder la esencia cultural, sociedades más abiertas y participativas. Hay, por supuesto, una natural evolución –el normal y espontáneo ‘aggiornamiento’ de la sociedad– frente al cambio revolucionario que generalmente se impone sin consenso ni participación.

¿Quién o quiénes pueden impulsar los cambios sociales? ¿Qué papel tienen los ideólogos o los dirigentes políticos? ¿Se trata sólo de un subyacente deseo de los ciudadanos que, persuadidos de que algo anda mal, abrazan la opción del cambio –muchas veces impreciso– con la esperanza de un futuro promisor? ¿Hay cambios que no se perciben? ¿Se trata siempre de una transformación radical? Son muchas las preguntas y hay una infinidad de respuestas.

Lo cierto es que del trasfondo del cambio –poco precisado por los que lo promueven o por los que sienten la necesidad de lo nuevo– nace de la percepción que surge de las elecciones o el clamor popular. Es que, de tiempo en tiempo, una sociedad se renueva cuando nacen nuevas demandas, nuevos paradigmas, y hay fatiga de lo que se considera aceptable.

La sola demanda de transformación inmediata, o la mera exigencia de que enmienden errores, que termina con cambios impuestos, ha conducido en Bolivia a una deformación de la democracia. Se olvidó la advertencia que lleva el título de una obra de Michel Crozier: “No se cambia la sociedad por decreto” (Ed. Instituto Nacional de Administración Pública, Madrid, España, 1984). Lo contrario equivale a forzar la adopción del cambio, cualquier cambio, con el solo apoyo de una mayoría circunstancial.

Imponer recetas –antiguas o nuevas– sin consulta popular, no corresponde a una sociedad libre. El cambio debe ser el resultado de la concertación con todos los sectores, sin exclusiones y sin discriminaciones que deforman lo que se pretende edificar. Las últimas elecciones regionales han marcado una nueva tendencia: La necesidad de tomar acciones renovadoras, si en verdad se quiere alcanzar una nueva forma de Estado, producto del consenso nacional y no del actual capricho populista.

Marcelo Ostria Trigo

El Deber, (Bolivia). Abril 8, 2015

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