Arrancó con paso veloz, certero y deliberado

Publicado en: Análisis, Destacados, Uruguay | 0

Tabaré Vázquez ya está trabajando a pleno de presidente y en apenas tres días presentó su gabinete completo. No se dio pausa y no dejó pasar un minuto pese a que aún no pasó una semana desde las elecciones. Es que el ganador quiere dar mensajes claros y para ello fue veloz, certero y deliberado.

Bastó verlo el domingo 30 correctamente vestido como presidente. No es que luciera nada sofisticado (un saco azul, camisa y corbata), pero el solo hecho de mostrarse así marcó un contraste que sin duda fue deliberado. Al terminar su sobrio y concreto mensaje en el estrado se subió a un vehículo que rápidamente lo sacó de allí antecedido de dos motos que abrían la marcha. Ningún otro presidente se movilizó de ese modo. No ya José Mujica, sino ninguno de los demás.

Su victoria fue clara. Es el presidente que, en segunda vuelta, sacó el porcentaje más alto de apoyo. Ya era el presidente que más votos había obtenido en primera vuelta, cuando en las elecciones de 2004 superó la barrera del 50 por ciento y evitó la necesidad de ir al balotaje. En todo caso, ese es el récord que importa porque refleja el esfuerzo propio realizado por el candidato y su sector político. La segunda vuelta suma restos ajenos que en origen no iban en esa dirección.

Se ha dicho que hay que ir hasta 1942 para encontrar alguien que superó ese porcentaje. Fue en la elección en que Juan José de Amézaga ganó la Presidencia. Pero entonces el 57 por ciento de votos obtenidos eran del Partido Colorado como tal; Amézaga emergió como presidente por haber sido el más votado entre cuatro candidatos de su partido. Corrían tiempos, por fortuna ya superados, de ley de lemas.

El Frente Amplio, un protagonista decisivo en la política uruguaya desde 1971, logró así su tercer período consecutivo. Podrá decirse, y con razón, que es buena la alternancia de partidos en el gobierno, pero el soberano decidió que no la quería, no al menos por ahora, y así se pronunció.

Asimismo, Tabaré Vázquez es el tercer presidente uruguayo que obtiene un segundo mandato. Antes lo hicieron José Batlle y Ordóñez, por elección indirecta de la Asamblea General, y Julio María Sanguinetti, votado en forma directa.

No hay duda de que el recién electo presidente es un político ducho y un hábil operador. Lo demostró en esta campaña, pero también antes siendo presidente y apoyado por un complicado grupo político como es el Frente Amplio. Su manera de liderar fue la da laudar, inclinando la balanza hacia unos u otros, según las presiones y los temas involucrados. Ahora parece optar por presentar los hechos consumados. La designación de su gabinete no dio lugar a discusión y sobre ella no habrá marcha atrás.

Aquel estilo le permitió gobernar con cierto equilibrio aunque con problemas. Le costó establecer una clara política exterior. Era notoria la dirección que él quería darle, pero su entonces ministro tenía una idea totalmente diferente. Ahora designa en la Cancillería a dos personas muy allegadas y bien probadas. El titular con perfil político y el subsecretario con trayectoria profesional. También presionado por esa compleja realidad interna del Frente, aprobó una pésima ley de Educación que no hizo más que agravar en forma aguda un área llena de problemas.

No enfrentará en su segundo período una mejor situación. El resultado electoral le corrió la bancada frentista más a la izquierda de lo que hubiera deseado y ciertamente más allá de lo que fue su discurso de campaña. Pero Vázquez tiene hoy mejor experiencia que antes y es de esperar que sepa navegar en ese resbaladizo terreno que siempre fue la interna frentista.

Para dejar claro cómo se moverá, designó con celeridad a su gabinete y de ese modo evitó los resquemores que generaría un proceso más lento. Como diría una vieja frase bíblica, lo armó “a su imagen y semejanza”. Quiere trabajar con gente con la que se siente a gusto.

A diferencia de su primera Presidencia, la situación económica no será la misma. En 2004 asumió con un país que no solo había atravesado su peor crisis económica, sino que empezaba a revertirla y encaminarse hacia un prolongado período de bonanza.

Esa etapa llega a su fin y como bien dijo la revista “The Economist”, “fue buena mientras duró”. Según el breve informe publicado a fines de noviembre, el principal factor de la eventual desaceleración es “el fin del boom de los commodities”.

Por cierto, Uruguay no vive la misma situación que Argentina o Venezuela, que estando en su gran momento crearon en forma artificial y deliberada condiciones para entrar de lleno en una crisis imposible. Pero algunas debilidades en cómo se manejó acá la bonanza económica permiten sacar la misma conclusión que la revista británica: “El boom enmascaró profundos problemas estructurales” que subyacían y subsistían en América Latina. A su manera, también en Uruguay.

La posibilidad de que las cosas comiencen a complicarse será una prueba para el liderazgo de Vázquez. Si resuelve los desafíos con habilidad, habrá demostrado su genuino talante para gobernar.

El futuro presidente deberá convivir con un personaje de enorme peso político operando desde el Senado. Es difícil imaginar que José Mujica se llame a silencio, aunque por cierto ya no ocupará un lugar tan destacado y sus opiniones tendrán una relatividad que hoy no tienen; pero Mujica es Mujica.

Tras terminar su primera Presidencia, Batlle y Ordóñez hizo un largo viaje a Europa con su familia, para alejarse del ruido político y no ensombrecer la tarea de su sucesor, Claudio Williman. Desde entonces ha sido habitual que los presidentes salientes se alejen. No es que hagan viajes a lugares distantes, pero virtualmente se retiran del escenario y casi no hablan, al menos en el primer año. El propio Vázquez lo ha hecho aplicando su conocida fórmula del PPS: un “Profundo y Prolongado Silencio”.

Es difícil imaginar que Mujica haga lo mismo y, por lo que ha venido anunciando, no parece dispuesto a correrse a un costado. Su actividad política en el período que viene puede presentar aristas positivas y negativas. Las negativas son que quiera influir demasiado en una gestión donde no es el protagonista central e interfiera con el trabajo de Vázquez. La positiva es que tras cinco años de gobierno y al haber asimilado experiencia y entendido qué es posible hacer y qué no, Mujica podría calmar las ansiedades de aquellos frentistas más radicales, ansiosos e irrealistas.

Mujica seguirá hablando, sin duda, pero no es lo mismo hacerlo como senador que como un presidente que habla por el país todo. Por lo tanto, la gran bendición que traerá el 1º de marzo será ese cambio de lugar. Por fin, el continuo e incesante farfullar, cansador y no siempre conducente a algo, llegará a su fin.

Por Tomás Linn
AÑO 2014 Nº 1793 – MONTEVIDEO, 4 AL 10 DE DICIEMBRE DE 2014, SEMANARIO BÚSQUEDA.

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