Argentina frente a las PASO

El domingo 9 de agosto se celebraron las PASO (Primarias abiertas simultáneas y obligatorias) en Argentina. Se trata de uno de los últimos inventos gubernamentales en la búsqueda de la tan deseada democracia participativa, aunque en esta ocasión se saldó con una asistencia del electorado menor que en otras oportunidades. Como justificativo se podría decir que las inclemencias climáticas dificultaron la afluencia a las urnas, pero eso sólo no explica una participación inferior al 70%. El próximo gobierno debería, por tanto, repensar la continuidad de una norma cada vez más ineficaz así como el mantenimiento de un vetusto sistema electoral que favorece prácticas fraudulentas en algunas provincias.

Se suele presentar a las PASO como la gran encuesta, a tamaño real, de la opinión del electorado antes de la elección definitiva. También como un mecanismo para ir precisando las decisiones definitivas de los votantes en función de las opciones de los distintos candidatos. Sin embargo, en esta ocasión, las primarias apenas sirvieron para aclarar algunas cuestiones, pocas, y para instalar nuevas incertidumbres sobre el futuro político del país. Quizá la más importante sea, a día de hoy, revalidar la ya intuida certeza de que será necesaria una segunda vuelta para resolver la identidad del próximo presidente de los argentinos.

En este sentido, pese a que Daniel Scioli, el gobernador de la provincia de Buenos Aires obtuvo casi el 38,5% de los votos y se sitúa en una posición óptima para ganar en octubre, no pudo alcanzar la mítica cifra del 40% ni una diferencia con Mauricio Macri, el candidato de la segunda lista más votada, superior al 10%. De este modo, el argumento utilizado por el oficialismo kirchnerista de que la elección ya estaba ganada terminó desmoronándose. Pese a ello su principal rival, Mauricio Macri, no las tiene todas consigo. Mientras su candidatura dentro de la coalición Cambiemos obtuvo el 24,3%, su alianza apenas superó el 30%, lo que supone una cantidad exigua para apostar por la polarización del electorado en torno a la antinomia kirchnerismo – macrismo, la estrategia que cree lo llevará a la victoria.

Sergio Massa, con su honroso tercer puesto, ha mostrado una capacidad de resistencia mayor de la que podía intuirse un par de meses atrás. Y si bien con su 14,2% (20,6% si se le añaden los votos de José Manuel de la Sota) está a bastante distancia de los dos primeros, su caudal electoral será decisivo para resolver la ecuación presidencial, sin poder descartarse a priori cualquier otro resultado que lo incluya. Para que esto ocurra deberían pasar muchas cosas en la campaña, comenzando por determinar la forma en que la candidatura de Aníbal Fernández a la gobernación de la provincia de Buenos Aires y el fuerte rechazo que genera en una franja importante del electorado puedan afectar o no el proyecto sciolista. Como ya he señalado en otra oportunidad, la identidad de los dos candidatos que disputen el balotaje será muy importante para valorar las condiciones de triunfo de cada uno.

El resultado es tan abierto que se presta a múltiples interpretaciones, según sean las variables que se quiera incorporar. Entre ellas está el desempeño de los candidatos en las diferentes provincias, lo ocurrido en la provincia de Buenos Aires, que supone el 40% del censo nacional, el equilibrio dentro de las diferentes alianzas (por un lado Cambiemos de Macri, el radicalismo y Lilita Carrió y por el otro el Frente Unidos por una Nueva Argentina (UNA) de Massa y De la Sota), la capacidad de los grandes líderes de mantener sus apoyos y conquistar los más afines (inclusive aquellos algo más lejanos política o ideológicamente) y los supuestos pactos entre las diferentes fuerzas políticas respecto al futuro inmediato.

Con estos resultados todos los candidatos han podido cantar victoria aunque nadie haya ganado de forma contundente. A partir de ahora habrá que ver cómo Scioli, Macri y Massa rediseñan su estrategia para quedarse con el premio mayor. ¿Podrá Scioli diferenciarse lo suficiente de la pesada herencia kirchnerista como para ganar a los votantes más moderados? ¿Podrá Macri despojarse de su imagen de candidato conservador como para poder conquistar el apoyo de peronistas y otros votantes de la izquierda contrarios a la continuidad kirchnerista? ¿Será capaz Massa de convertirse en la gran opción del peronismo para mantenerse en el poder?

Lo que ocurra en las próximas semanas, junto a la evolución de la coyuntura económica serán claves para interpretar las posibilidades de cada uno y el futuro político de Argentina. De momento, con las mayores opciones de una segunda vuelta, los mercados han reaccionado de una forma optimista. El fin del kirchnerismo se atisba próximo, aunque entre las incertidumbres pendientes ésta sea una de las más importantes. Nadie sabe lo que pasará después de las elecciones presidenciales. Como se ha demostrado en la larga noche del escrutinio Argentina no es un país para políticos con prisa, aunque la realidad con la que se enfrentan corra a toda velocidad.

Por CARLOS MALAMUD

Infolatam, Madrid, 10 agosto 2015

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