Argentina: camino a la elección presidencial

Uno a uno se van agotando todos los plazos que conducen a la primera vuelta de la elección presidencial argentina, a celebrar el próximo 25 de octubre. El último episodio, ocurrido el pasado domingo 5 de julio, consistió en una serie de comicios en cinco circunscripciones del país, comenzando por la Ciudad de Buenos Aires y la provincia de Córdoba, e incluyendo también a las provincias de La Rioja, Corrientes y La Pampa.

De esta forma en los últimos tres meses se ha votado en 12 provincias, incluyendo la Capital Federal, con resultados muy distintos, como son los cuatro triunfos del kirchnerista Frente para la Victoria (FpV) (La Rioja, Tierra del Fuego, Chaco y Salta). Por su parte, los éxitos opositores se distribuyeron entre candidaturas locales (Neuquén y Río Negro), el peronismo disidente (Córdoba y La Pampa), el radicalismo con distintas alianzas (Mendoza y Corrientes), el socialismo (Santa Fe) o el PRO de Mauricio Macri (Ciudad de Buenos Aires).

Quizá el primer dato a registrar de las cinco elecciones del pasado domingo es que las candidaturas del oficialismo kirchnerista sólo se impusieron en La Rioja, donde el gobernador electo respondía a la estricta disciplina gubernamental. Sin embargo, y pese a la magnitud de la derrota recibida en las otras cuatro provincias, la principal alusión política de la presidente Cristina Fernández a la realidad electoral circundante se efectuó vía twitter y tuvo por objeto felicitar al pueblo griego y a Alexis Tsipras, algo bastante alejado de lo ocurrido en Argentina.

El segundo elemento destacado es la imposibilidad de generalizar ante la fragmentación de la estructura partidaria y el carácter mutable de las alianzas. Se podría decir que el oficialismo es el conglomerado más compacto, aunque no podría descartarse un aumento de las contradicciones entre “sciolistas” y “cristinistas”. De momento, la voluntad de mantenerse en el poder es el mejor cemento que mantiene prietas las filas, pero los puntos de desacuerdo, comenzando por el estilo de gobernar, son amplios.

Tampoco se puede dejar de mencionar al peronismo disidente, encabezado por el candidato Sergio Massa y su contrincante interno, el gobernador cordobés José Manuel de la Sota. Al compartir con el kirchnerismo el campo justicialista la gran incógnita es que pasaría en una eventual segunda vuelta de la que estuvieran ausentes. ¿Primaría su carácter renovador o su condición de peronistas? ¿Terminarían decantándose por Macri o apoyando a Scioli? El futuro político argentino podría depender, en buena medida, de cómo se resuelva esta ecuación, hoy por hoy irresoluble.

Finalmente tenemos al mundo no peronista, donde se bien se ha producido una alianza de macristas y radicales, más la participación de Lilita Carrió, hay otros grupos y liderazgos que han quedado fuera, como los socialistas de Santa Fe. Tampoco Macri fue capaz de fraguar una coalición o alianza electoral con el peronismo disidente de Massa, lo que lo hubiera situado en mejor situación para la elección presidencial. La derrota del candidato deMacri en Santa Fe se ha intentado explicar por la mala gestión de las alianzas.

Para complicar las cosas, tanto Macri como Massa carecen de sólidas estructuras partidarias en el interior del país y sin ellas es prácticamente imposible imponerse en la gran contienda. Esto explica que unos y otros intentaran en su momento, con éxito desigual, acercarse a los radicales. Pero algunas de las alianzas provinciales ensayadas aún subsisten y así vemos como en algunos casos los radicales ganan junto al macrismo, o el massismo, o a los dos juntos.

De ahí la dificultad de generalizar a partir de los datos fragmentados de las elecciones provinciales celebradas hasta la fecha. Retomando su clásica manera de hacer política y en el recurso permanente a los hechos consumados, en las últimas dos semanas, especialmente tras la definición de la fórmula Daniel Scioli – Carlos Zannini, el kirchnerismo quiso instalar ante la opinión pública la idea de que ya había ganado la elección. No sólo eso, sino que se impondría cómodamente en la primera vuelta. La idea intentaba respaldarse en diversas encuestas que mostraban a un Scioli bastante crecido, aunque últimamente en las más diversas partes del mundo los sondeos electorales no se caracterizan por su capacidad predictiva ni por su fiabilidad.

Sin embargo, si algo demuestran las elecciones celebradas hasta ahora es que la lucha está sumamente pareja, que con bastante probabilidad habrá segunda vuelta y que de momento las incertidumbres superan a las certezas. Es verdad que todavía no se ha votado en la provincia de Buenos Aires, se hará el mismo día que las presidenciales, ya que su 37% del total de electores es determinante, pero en los siguientes cuatro distritos (Ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Mendoza), que suman otro 29,24%, triunfó la oposición y el kirchnerismo quedó a mucha distancia.

Las elecciones primarias del próximo 9 de agosto aclararán bastante las cosas, pero aún así todavía será pronto para la hora de la verdad. Sólo entonces sabremos si el cambio se impuso a la continuidad o, como apuntabaDaniel Zovatto en estas mismas páginas, si habrá continuidad con algo de cambio.

Por CARLOS MALAMUD

Infolatam, Madrid, 6 julio 2015

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